La moda rápida, la de usar y tirar, no admite una segunda vida por su mala calidad. La fundación Formació i Treball (FiT), entre cuyas actividades destaca la recuperación textil en su planta de Sabadell con personal de inserción, sufre esta tendencia de consumo. En los últimos años ha constatado el aumento de la ropa no apta para ser reutilizada que los ciudadanos depositan en sus contenedores. Esto se ha traducido en que en el 2025 solo el 48,5% de las prendas que clasificaron pudieron ser reutilizadas, un 14,5% menos que en el año anterior.
La ropa que aporta más valor al proyecto social de FiT es la que reúne las condiciones para ser vendida en alguna de las 33 tiendas de la cooperativa moda-re, que en el 2025 fue el 14,4% de todo lo que llegó a su factoría de Sabadell. Un 34,1% también se reutiliza, pero se vende a kilos a comerciantes de Europa, África, Pakistán y Emiratos Árabes. El 39,5% se destina a reciclaje; el 7,6% va a la cogeneración energética (7,6%), y el restante 3,4% acaba en el vertedero.

Formació i Treball está a la espera de la nueva normativa de residuos textiles para aumentar su actividad
Para FiT “la mejor opción es la reutilización porque alarga la vida útil de los productos, reduce los residuos, evita el consumo de nuevos recursos y no contamina, además es la vía que genera más valor añadido social, ya que crea más puestos de trabajo para personas en situación de vulnerabilidad”. Actualmente, de los 197 trabajadores de Sabadell, 139 siguen algún itinerario encaminado a su integración sociolaboral. En todo el engranaje de este proceso participa personal de inserción: en la recogida en los contenedores, en la clasificación en el almacén y en las tiendas. El objetivo es que tras un año y medio o dos en FiT firmen un contrato con una empresa convencional. El porcentaje de los que lo consiguen es el 64%, según el seguimiento por un periodo de seis meses que hace FiT.
“Antes, el 63% de la ropa que recibíamos podía reutilizarse, pero ahora la gente consume moda muy barata y de mala calidad, por eso hemos invertido en I+D y maquinaria nueva para su reciclaje”, explica Marina Arnau, codirectora de FiT. A finales del año pasado pusieron en funcionamiento un nuevo sistema, Fibersort, que tiene capacidad para la clasificación automatizada por color, tipo de tejido y composición de las fibras de 1.000 kilos de artículos por hora, explica José María Faro, responsable de Circularidad y Reciclaje Textil de la fundación. Ahora solo producen una tercera parte de su capacidad, en función de la demanda y para no aumentar más el stock.

Ante la avalancha de ropa superbarata que acaba en los contenedores (FiT tiene 1.519 repartidos por Catalunya), la alternativa que ofrecen los avances tecnológicos es reciclarla y obtener materia prima textil.
FiT, así como otras empresas sociales que prestan los mismos servicios, están a la espera de que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) hago público el redactado final del real decreto de residuos textiles, que cambiará la gestión de la ropa y el calzado desechados. Los fabricantes deberán integrarse en los denominados sistemas colectivos de responsabilidad ampliada (SCRAP) para organizar y financiar la recogida, el transporte, la clasificación y la preparación para el reciclado o la reutilización de este tipo de residuos. El objetivo es poner orden, aplicar el principio de que quien contamina paga, aumentar la reutilización y reducir los residuos.
Tras una época difícil, FiT confía en que la nueva regulación se traduzca en un incremento significativo del volumen de selección y clasificación de prendas en sus instalaciones de Sabadell, lo que tendría “un impacto positivo en la mejora de la gestión de los residuos textiles, en la sostenibilidad económica del proyecto y en la generación de nuevos puestos de trabajo”.
El contexto actual, la sobreproducción del sector, la baja calidad de las prendas que llegan a Sabadell y la caída de la demanda han condicionado los ritmos de crecimiento previstos.

Licenciada en Ciencias de la Información por la UAB. Jefa de Sección de Tendencias y redactora del área de Cooperación y Desarrollo. Con anterioridad, jefa de sección de Vivir y delegada de la edición de Tarragona de La Vanguardia.



