Hay dolores que se llevan en el alma y otros que quedan tatuados en la piel. María Julia Oliván sabe de ambos. Referente de la lucha por la visibilización del autismo y madre soldado de su pequeño Antonio, la periodista decidió romper el silencio estético de las redes sociales para mostrar su verdad más cruda.
Con el tema Confía en el proceso sonando de fondo, Julia compartió un video donde se anima a mostrar las marcas que el fuego dejó en sus piernas y su abdomen.
«Todas tenemos cicatrices debajo del jean. Que no se vean no quiere decir que no duelan. A veces trabajamos mucho solamente para olvidar el dolor», escribió Oliván en un posteo que rápidamente se convirtió en un abrazo colectivo.
La noche que lo cambió todo
El origen de esas marcas se remonta a una noche que pudo ser tragedia. María Julia estaba en Border Periodismo, su canal de YouTube al lado de su casa, grabando un informe. Antonio ya dormía después de haber despertado a las 4 de la mañana; se habían despedido con besos, sin saber que el reencuentro sería en condiciones críticas.

Al sentir frío, Julia intentó encender una chimenea de etanol, de esas modernas que suelen verse cool y cancheras. Pero un error en el encendido provocó una llamarada que la envolvió por completo. En medio del shock, la presencia de Valentina, la hija de Gonzalo Bonadeo, fue su salvación. «Sacate la ropa», le gritó con lucidez.
Entre el fuego y el miedo, la periodista logró subir al primer piso y tirarse bajo una ducha de agua fría, un acto que terminó salvándole la vida.
El dolor en el cuerpo y el refugio en el hijo
El diagnóstico fue durísimo: el 25 por ciento de su cuerpo se había quemado. Siguieron días de internación en terapia intermedia en el Hospital Alemán, el mismo lugar donde nació su hijo.
En esas horas eternas, entre cirugías para sacar ampollas y el efecto de las drogas para calmar el dolor, María Julia se acordaba de Jorge Lanata y de su entereza para salir de las anestesias, ese limbo donde no se sabe si es de día o de noche.

«Zafé de la cara gracias a Dios», relató en su momento, aunque el mentón y el pelo sufrieron las consecuencias. Pero su mayor preocupación siempre fue Antonio. Con la valentía que le inculcó desde el primer día, le explicó a su hijo con autismo que mamá tenía que ponerse pomadas para las quemaduras. Junto a Ariel Straccia, su ex pareja, formaron un equipo de contención para que el pequeño pudiera afrontar el estrés de ver a su mamá herida pero de pie.
Caer y levantar
El video que subió hoy es la prueba final de esa resiliencia que viene practicando hace años. Para María Julia, mostrar sus cicatrices es una forma de aceptar que el cuerpo también tiene memoria y que el Lado B de la vida es lo que nos hace reales.
Sus marcas no son motivo de vergüenza, sino medallas de una batalla que ganó de milagro. 2Es otra prueba más de caer y levantarse», concluyó. Hoy, debajo del jean, María Julia Oliván no solo lleva cicatrices: lleva la fuerza de una mujer que aprendió a confiar en el proceso, incluso cuando duele.

