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Cinco lecturas para el verano: ficciones y ensayos que fluyen con humor e inteligencia

Los días largos y esa sensación de paréntesis que tienen los meses de verano son una invitación a leer. Al mismo tiempo –seamos sinceros–, el cansancio de todo el año muchas veces parece hacer piruetas en la cabeza y vuelve imposible la concentración. De ahí que la mejor alternativa para esta época sean esas historias frescas, llenas de humor, ternura y chispazos de sentido, que fluyen con la liviandad del agua y, sin esfuerzo, nos hacen entrar de lleno en las profundidades de la experiencia contemporánea.

Casa de alquiler, de Weike Wang (Chai Editora). Casa de alquiler, de Weike Wang (Chai Editora).

Es el caso de la novela Casa de alquiler, de la chino-estadounidense Weike Wang (Chai Editora). La historia se centra en dos vacaciones familiares de una pareja singular, y así ahonda en los vínculos, la identidad y la migración.

Nate y Keru viven en Nueva York; tienen un perro gigante llamado Mantou, que es más un hijo que una mascota. Son recién casados, quieren compartir con sus padres el tiempo de descanso y alquilan una casa en una playa. Los invitan por turnos: una semana a los de ella, una semana a los de él.

Las dos familias son diametralmente opuestas; los padres de ella migraron de China cuando ella tenía cinco años y nunca lograron integrarse a las costumbres norteamericanas: no hablan bien inglés, no tienen amigos ni vínculos en ese país y se refugian en su casa de Minnesota, aislados. Por su parte, Nate creció en una familia conservadora de clase trabajadora que oscila entre la ignorancia y el racismo. No hace falta decir mucho más para imaginar las vivencias, por momentos desopilantes y por momentos profundamente incómodas, que atraviesan en esas dos semanas de convivencia.

Años más tarde, cuando rondan los cuarenta, Nate y Keru no tienen hijos y cada uno se dedica casi enteramente a su trabajo. Se nota que están en uno de esos momentos de quiebre y deciden volver a tomarse vacaciones. Ella alquila un bungalow de lujo en una aldea cerca de un lago. Esta vez no invitan a sus padres, aunque reciben de sorpresa a otros familiares.

En un pulso ágil, lleno de chispazos de sentido, incorrecto y ácido, las peripecias que viven en ambas vacaciones llevan a ver de otro modo temas como la migración, la identidad multicultural y, más que ninguna otra cosa, la experiencia contemporánea de la monogamia, atravesada por las expectativas personales y una educación sentimental confusa, repleta de mandatos familiares y sociales.

Libertad, humor y lucidez

Más desfachatada, la escritora y cineasta Nora Ephron es una de esas autoras que escriben con una libertad, un humor y una lucidez que nos llevan a ver hasta qué punto la risa es esencial para atravesar los momentos más difíciles.

Por ejemplo, en No me gusta mi cuello (Libros del Asteroide, 2023) comparte recuerdos y reflexiona sobre diversos hitos de su vida con una destreza que la lleva a contar cuestiones cotidianas, como la ida a la peluquería, junto a experiencias sobre la maternidad, el amor después del divorcio, el síndrome del nido vacío o el costo que implica vivir en Nueva York.

No me gusta mi cuello, de Nora Ephron (Libros del Asteroide). No me gusta mi cuello, de Nora Ephron (Libros del Asteroide).

Más aún, en esta obra la escritora norteamericana se permite dar consejos prácticos como: “Cualquier cosa que no te guste de tu cuerpo a los treinta y cinco años te producirá nostalgia a los cuarenta y cinco”, o bien: “Cuando los hijos llegan a la adolescencia es importante tener un perro, para que alguien en casa se alegre de verte”. De algún modo, los textos llevan a leer uno tras otro en catarata; su humor obliga a frenar por la risa que despiertan momentos ridículos o caóticos.

Es cierto que ella se hizo célebre como guionista y cineasta por escribir éxitos como Cuando Harry conoció a Sally. Sin embargo, esa chispa también se lee en sus ficciones y ensayos. De hecho, su singular mirada sobre los vínculos aparece muy especialmente en su única novela, Se acabó el pastel.

Rachel Samstat –su alter ego– es una mujer judía que escribe libros de cocina con más anécdotas que recetas. Está embarazada de su segundo hijo y se entera de que su esposo está enamorado de otra periodista. Las coincidencias no son casuales: la escritora ficcionaliza su historia personal; al igual que su personaje, ella estaba embarazada de su segundo hijo cuando descubrió que su esposo Carl Bernstein, el periodista conocido por haber investigado el caso Watergate, le era infiel con la también periodista Margaret Jay. Si el escenario es dramático, ella lo vuelve cómico ya que se ríe de sí misma y, de ese modo, convierte el dolor en literatura.

Ensayos reunidos

Algo de ese pasaje, crítico y divertido, puede verse en los ensayos reunidos en Instrucciones para las ruinas (Cerro Amarillo ediciones, 2025), de la periodista uruguaya Ana Fornaro.

Ella escribe con esa inteligencia irreverente que le permite ir a un recital de Coldplay y descubrir una orden detrás de cada frase de autoayuda new age que dice el cantante o escrita en el dispenser de jabón del baño; o bien, sigue al Hombre Araña uruguayo en su trabajo por los parques para encontrar el sentido de una salvación posible a través del disfraz.

Instrucciones para las ruinas, de Ana Fornaro  (Cerro Amarillo ediciones). Instrucciones para las ruinas, de Ana Fornaro (Cerro Amarillo ediciones).

Claro que en la mirada de Fornaro anida la posibilidad de ver un poco más allá de lo que se cuenta: entrar a las cosas del mundo que nos rodea por sus grietas, sus anomalías; las frases revelan eso que se subyace escondido.

Si se prefiere una lectura para entrar y salir, nada mejor que los cuentos de La familia de las cosas (Interzona, 2025), de la escritora argentina Elsa Drucaroff. Una idea recorre de múltiples maneras toda la antología: los objetos contienen lo más íntimo de los personajes.

Con esa premisa, las narraciones juegan con el humor y así se sumergen en temas difíciles; entre ellos, la separación de los padres del relato “Celular”, que muestra las ridículas manipulaciones de una madre que quiere ser la estrella de la familia. O bien, una cena de agradecimiento se convierte en “Chocolate” en el escenario perfecto para dejar en evidencia, con ironía, hasta dónde llegan los roles de género.

A decir verdad, cada uno de los cuentos explora registros distintos con la atención puesta en los mínimos detalles que parecen no decir mucho y, a la larga, contienen un mundo personal.

La familia de las cosas, de Elsa Drucaroff  (Interzona).La familia de las cosas, de Elsa Drucaroff (Interzona).

Y todavía queda otro tipo de liviandad: esa escritura que une el humor a la ternura y hace que la risa sea de todo el cuerpo, incluido el corazón. Eso es lo que pasa con la novela Ruth, de la escritora argentina Adriana Riva.

La historia es sencilla: una mujer mayor vive sola, hace un curso de arte, sale con amigas, tiene dos hijos que la visitan, una empleada doméstica que la ayuda y, más que ninguna otra cosa, una curiosidad irreverente que la impulsa a buscar otro sentido en los artistas que estudia, en las frases de sus amigas o en un libro de Pessoa. Ella encarna una voz adorable ya que permite ver de qué modo la experiencia de envejecer también puede ser liberadora.

Ruth, de la escritora argentina Adriana Riva (Seix Barral). Ruth, de la escritora argentina Adriana Riva (Seix Barral).

En el fondo, todas ellas son obras que hacen que la lectura se parezca a nadar: página a página una corriente impulsa hacia adelante, se avanza sin esfuerzo y con el placer de sentir que el caudal de una narración nos acerca a una orilla desconocida.

Redacción

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