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viernes, agosto 29, 2025

Cincuenta años después, esperamos el mismo tren

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Hay derechos que no tendrían que ser discutidos ni cuestionados. El derecho a movernos. A vivir con dignidad. A no sufrir para llegar tarde o para ver cómo nuestra vida se rompe entre retrasos, cancelaciones y vagones sobrecargados. Pero eso es lo que sufrimos día tras día. No es solo un problema de trenes que no llegan o que llegan en mal estado. Es un ataque directo a nuestros derechos básicos, una muestra clara de cómo las políticas nos dejan en segundo plano mientras hablan de crecimiento y progreso.

Cuando nos sentamos en el andén, no pedimos nada extraordinario. Sólo queremos que se respete nuestro tiempo, nuestra vida, que no nos hagan pagar con frustración y estrés la indiferencia de quien tendría que garantizar un servicio público digno. 

Que no nos hagan pagar con frustración y estrés la indiferencia de quien tendría que garantizar un servicio público digno

Hace casi 50 años, Manolo Vital, un conductor de autobús, decidió secuestrar su propio vehículo para reclamar que la línea 47 llegara hasta su barrio. No fue un acto de locura, sino de dignidad. Una acción desesperada para exigir un derecho básico, una respuesta ante el olvido y la indiferencia institucional. Medio siglo después, seguimos aquí. Con las mismas demandas, con la misma rabia contenida. Reivindicamos un servicio de Rodalies digno, y en el fondo, lo que estamos gritando es lo mismo que gritaba Manolo: queremos vivir con dignidad.

¿Y ahora qué? ¿Nos toca hacer un acto tan drástico para cambiar algo? ¿Nos están diciendo que sólo sacudiendo el orden establecido nos escucharán? ¿Quieren que asumamos el riesgo real de acabar ante un juez, de entrar en prisión? ¿Debe estar la ciudadanía permanentemente en pie de guerra, defendiendo derechos básicos frente a quienes tendrían que protegerlos?

Caos estació Cunit Colapso en la estación de tren de Cunit por culpa de nuevos retrasos y cancelaciones de Renfe

Pasajeros en la estación de Cunit, un día de retrasos 

Redacción / Otras Fuentes

Este no es un clamor de individualidades perdidas, sino la voz colectiva de millones de personas que no pueden seguir aceptando la resignación como respuesta. El tren es un derecho básico, y cuando el tren falla, falla la justicia social. Basta de excusas, basta de indiferencia, basta de falta de inversión. Necesitamos compromisos reales, no discursos vacíos.

Defender un tren digno es defender la vida de la gente, la libertad de moverse, el acceso a los derechos más elementales. Es una lucha que toca el corazón de la sociedad y que reclama justicia. Y nosotros, los usuarios, no pararemos porque como cantaba Serrat, “que cante el pueblo, que no calle nunca”, porque queremos llegar, y porque gritamos dignidad en las vías.

Redacción

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