Hay dos niveles en las catástrofes naturales: las muertes y la destrucción como dato global, abarcador, y la experiencia de las víctimas -las que pueden contarlo- que sufren huellas perennes. Es lo macro junto a lo micro, la estadística frente a lo vivencial. En un punto, ambas líneas se amalgaman porque las cifras representan, finalmente, personas de carne y hueso. Mientras, la política suele dejar déficits enormes de eficacia en la prevención, pero, más grave, ausencia de honestidad.
La Comunidad Valenciana, donde ocurrió la tragedia, está gobernada por un partido de derecha. España en su conjunto, por uno de izquierda. Entre ambos se lanzaron responsabilidades hacia afuera queriendo poner la culpa en el ojo ajeno. El colmo quizás haya sido el propio Presidente de la Comunidad: nunca se supo dónde estuvo las horas previas al desastre. Pero hubo otras responsabilidades también. Si la alerta que se envió a los celulares cerca de las 20 horas se hubiera emitido antes y hubiera incluido más indicaciones, los muertos habrían sido muchos menos, no así los daños materiales (pero qué importan ante tanta desgracia). Eso queda claro en esta crónica: gente que no podía trepar a un poste o a un árbol fue arrasada por el agua. Si se hubieran subido a una terraza o refugiado en altura, hoy estarían con vida.
Los fenómenos extremos del clima pueden ser imposibles de evitar, pero no es lo mismo un tifón en un lugar pobre que en otro con buena infraestructura. Ni en uno que informa con tiempo sobre los cuidados imprescindibles.
¿Cómo puede mostrar la sociedad su tristeza, su bronca? Tiene que haber una forma de concientizar. No alcanza con los monumentos y con los nombres de los muertos. Necesario, pero no suficiente. Habría que recordar sus sueños, sus anhelos, sus futuros quebrados. Escuchar sus voces, verlos en movimiento, conocer sus trabajos. Esa es una manera de honrarlos y también de sentirlos en la piel, quizás la única estrategia para que la próxima vez -porque habrá otra vez- se pueda decir: supieron cuidarnos, gracias por estar cerca.
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