Siete macacos continúan viviendo desde hace años en pequeñas jaulas ubicadas en un subsuelo del barrio porteño de Saavedra, en medio de una disputa judicial y ambiental que mantiene en suspenso su futuro.
El caso involucra al último bioterio de primates que funcionó en Argentina, perteneciente al Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) junto al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
Aunque el establecimiento dejó de realizar experimentos con monos en 2021, los animales permanecen alojados en condiciones que organizaciones proteccionistas consideran inadecuadas.
Además, la situación reabrió el debate sobre el uso de primates en investigaciones científicas y sobre el destino de los ejemplares una vez finalizados esos programas. Actualmente, los macacos continúan aislados mientras se evalúan posibles alternativas de traslado hacia santuarios o centros especializados.

Un conflicto judicial que todavía no encuentra resolución
El bioterio ubicado en Saavedra fue durante décadas el único habilitado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para investigaciones con primates. Sin embargo, tras el cese de las actividades científicas, comenzó una larga discusión sobre el futuro de los animales que permanecían en cautiverio.
En enero de 2025, un grupo de 41 monos caí logró ser trasladado hacia el Hidden Forest Sanctuary, en Sudáfrica, mediante financiamiento internacional y gestiones privadas.
No obstante, al menos quince ejemplares murieron previamente luego de años de espera en cautiverio. Mientras tanto, los siete macacos restantes continúan alojados en el subsuelo del edificio a la espera de una resolución administrativa y judicial definitiva.
Organizaciones ambientalistas y proteccionistas reclaman que los animales sean trasladados a espacios con mejores condiciones de vida y mayor contacto social.
El debate sobre las condiciones de cautiverio
Según denuncian entidades vinculadas al bienestar animal, los macacos viven en jaulas reducidas y separados entre sí, una situación especialmente delicada para una especie con fuerte comportamiento social.
Además, los animales permanecen sin acceso a luz solar directa y con escasas posibilidades de desplazamiento físico dentro de las instalaciones. La causa también involucra a la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (UFEMA), que analiza alternativas de traslado y condiciones legales del procedimiento.
Por otro lado, desde sectores judiciales sostienen que el propio CEMIC trabaja en encontrar un nuevo destino adecuado para los ejemplares restantes. Sin embargo, distintos factores internacionales, entre ellos conflictos geopolíticos y dificultades logísticas, demoraron las opciones de traslado previstas originalmente.
Mientras tanto, crecen los cuestionamientos sobre la permanencia prolongada de los animales en espacios diseñados para investigación y no para conservación.

Cómo es la especie y por qué su bienestar genera preocupación
Los macacos cangrejeros, también conocidos como macacos asiáticos, son primates originarios del sudeste asiático que habitan bosques tropicales, manglares y zonas costeras cercanas al agua.
Se caracterizan por su inteligencia, capacidad de adaptación y complejas relaciones sociales dentro de grupos numerosos. En estado silvestre, estos animales recorren grandes distancias diariamente, establecen jerarquías sociales y mantienen vínculos permanentes entre individuos.
Por esa razón, especialistas en comportamiento animal advierten que el aislamiento prolongado y la falta de estimulación ambiental pueden provocar altos niveles de estrés y deterioro físico.
Además, la especie fue históricamente utilizada en investigaciones biomédicas debido a sus características fisiológicas y cognitivas, una práctica que actualmente enfrenta crecientes cuestionamientos éticos en distintos países.
Mientras avanza el debate global sobre el uso de primates en laboratorios, el caso de los macacos de Saavedra volvió a instalar en Argentina la discusión sobre bienestar animal, conservación y responsabilidad ambiental.



