Mirtha Legrand celebró sus 99 años como vive cada capítulo de su vida: rodeada de afecto, con una mesa impecable y convertida, una vez más, en el centro absoluto de la escena. En una noche íntima, junto a su familia y un selecto grupo de amigos, La Chiqui volvió a demostrar que su magnetismo no entiende de edades. A punto de convertirse en centenaria, se mostró lúcida, divertida y profundamente emocionada.
La celebración tuvo todos los condimentos de un cumpleaños inolvidable. Hubo brindis, abrazos largos y palabras sentidas. Pero si algo capturó todas las miradas fue la gran torta que dominaba la mesa dulce: elegante, imponente y a la altura de una figura que es parte viva de la historia argentina. Decorada especialmente para la ocasión, se transformó en la atracción de la noche y en el marco perfecto para el momento más esperado.
Cuando llegó la hora de soplar las velitas, la escena adquirió un tono aún más especial. Juana Viale, su nieta y heredera televisiva, tomó la posta con complicidad y le hizo un pedido tan simple como revelador: que dijera en voz alta sus tres deseos. Lejos de esquivar la propuesta, Mirtha aceptó el desafío.
Lo pensó apenas un segundo. Y, con esa pausa que domina como nadie —mezcla de timing televisivo y sabiduría—, miró a los presentes y habló con claridad.
“Que reine la paz en la Argentina, que gane Racing y que siga teniendo salud este conjunto de amigos que ha conseguido Marcela”, expresó.
La frase despertó una ovación espontánea. Hubo risas por el guiño futbolero —su histórico fanatismo por Racing—, gestos de aprobación ante su deseo para el país y aplausos emocionados cuando mencionó a su hija, Marcela Tinayre, anfitriona y pieza clave en la organización del encuentro. El reconocimiento a ese “conjunto de amigos” que la rodea sonó a declaración de gratitud y a celebración de los vínculos construidos a lo largo de casi un siglo.
A los 99, Mirtha no sólo conserva la memoria intacta y el humor afilado. Conserva, sobre todo, la capacidad de leer el pulso social y de conectar lo personal con lo colectivo. Su deseo de paz no fue una frase al pasar: tuvo el peso simbólico de alguien que atravesó guerras, crisis y transformaciones profundas del país. Su mención a la salud, en tanto, fue el reflejo de una mujer que entiende que el verdadero lujo es poder compartir.

La noche continuó entre anécdotas y confidencias, con una Mirtha radiante que agradeció cada saludo y cada gesto de cariño. Vestida con la elegancia que la distingue, posó para las fotos y disfrutó de cada instante como si supiera que estaba escribiendo otra página memorable de su historia.
Camino a los 100, Mirtha Legrand sigue marcando el ritmo. Su cumpleaños no fue sólo una celebración familiar: fue la confirmación de que su figura permanece vigente, querida y respetada. Y que, a días de convertirse en centenaria, su deseo más grande sigue siendo el mismo que la acompaña desde siempre: estar presente, lúcida y rodeada de amor.

