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Cuando hay gato encerrado

Javier Milei disfruta con la crisis estructural que atraviesa la oposición. En especial, el kirchnerismo. Se percibiría ahora en una geografía ilimitada de poder. Tal suposición estaría provocando la reiteración de dos fenómenos. Algunos actos de auto erosión de su gobierno ilustrados con la crisis en el Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) y la renuncia de Marco Lavagna. La búsqueda de contrincantes con los cuales confrontar. El líder libertario se inclinó de nuevo por elegir al periodismo para dicho menester. Un regreso a las fuentes.

Existe un vínculo estrecho entre una cosa y la otra. El zafarrancho oficial con el Indec y el mecanismo para determinar la inflación lo dejó expuesto a los medios de comunicación que aún respetan su sentido crítico. No es que muchos opositores no hayan hecho circular cuestionamientos. Pero el kirchnerismo enfrentó un par de obstáculos insuperables. Su falta de credibilidad popular sobre el tema. Referir a la inflación o al organismo de estadísticas significa para aquel segmento revivir los peores fantasmas de su larga gestión. Guillermo Moreno fue interventor del Indec entre 2007-2015. Sergio Massa, como ministro de Economía de Alberto y Cristina Fernández, se despidió en 2023 con un alza de precios anual del 211,4%.

El Gobierno desplegó ante el problema planteado en el Indec una estrategia equivocada. Decidió suspender un cambio en la metodología de la medición del alza de los precios sin calibrar las consecuencias que tendría. Exhibió una comunicación errática. Colocó a la cabeza a Luis “Toto” Caputo. El ministro de Economía es tan dúctil para las alquimias financieras como rústico para el manejo adecuado del lenguaje. Nunca sus palabras transmiten seguridad. Acopia en dos años una cantidad de frases insólitas que siempre estuvieron ligadas a circunstancias difíciles. Añadió varias en los últimos días.

Milei, tal vez, advirtió tardíamente la dificultad. Cuando Caputo inició su raid para explicar sin altisonancias la razón del alejamiento de Lavagna y la postergación del nuevo mecanismo para medir la inflación disparó un tuit que tituló “MASTERCLASS DE TOTO”. El exitismo dio paso varios días después al lanzamiento de una Oficina de Respuesta Oficial. Según el argumento de la Casa Rosada “para desenmascarar operaciones”. Fue la consecuencia de un debate interno que se hizo fragoroso.

El funcionario que alertó sobre los desatinos de “Toto” fue su propio sobrino, Santiago Caputo. El artífice de las comunicaciones libertarias. El joven venía en un segundo plano por dos motivos. La victoria en las legislativas de octubre empoderó en el entorno sobre todo a Karina, que lo quiere poco. Las Fuerzas del Cielo también se replegaron en parte por el achatamiento político del período estival. Sucede otra cosa. Los especialistas de las redes suelen ser duchos para las chicanas y el ataque a los adversarios. Divulgar sobre el Indec, la inflación y la economía representa una materia de otra envergadura. Requiere conocimiento. De allí el nacimiento de aquella exótica oficina que ocupará un tuitero libertario y fiscalizarán Caputo juniors, su tío (Toto) y las figuras principales de la mesa política oficial. La hermanísima y Manuel Adorni.

El ministro de Economía empezó abordando la crisis en el Indec como un asunto más de la gestión. La renuncia silenciosa de Lavagna lo forzó a ampliar explicaciones y contextos. Fue pisoteando demasiados callos y colocando en tela de juicio el valor real de la inflación. Se trata del ancla casi excluyente que posee Milei. Capaz de sostener por sí misma las expectativas a futuro de un sector amplio de la sociedad. Resultó determinante para su triunfo electoral. Combinado casi en la misma proporción con el rechazo al kirchnerismo.

Toto Caputo pretendió dejar entre nubes, como una cuestión intrascendente, la postergación del nuevo mecanismo para medir la inflación. Vale precisarlo: la medición del Indec se basa ahora en una fórmula elaborada bajo los hábitos de consumo de la sociedad en 2004. Hace más de dos décadas. Se la pretendía actualizar con un relevamiento concluido en 2017. Antes de la pandemia. Desde entonces muchas cosas quedaron patas arriba.

Los organismos internacionales, entre ellos el Fondo Monetario Internacional (FMI), aconsejan actualizar las mediciones cada 4 o 6 años. Tampoco la nueva receta cumpliría esa premisa. Pero había quedado acordado en el Gobierno que comenzaría a regir este año. Según el ex vice de Toto Caputo, Joaquín Cottani, el mecanismo estuvo listo para ser aplicado en 2024. El FMI admitió que regiría desde finales del 2025. El penúltimo día de enero de este año el Banco Central emitió un comunicado en el cual alertó sobre un posible crecimiento inflacionario en el primer trimestre. Lo atribuyó (sic) “a presiones estacionales, correcciones de tarifas y cambios metodológicos en el IPC”.

El sentido común indica que el retroceso comunicado tendría que ver con tal posibilidad. Aunque los especialistas de las consultoras privadas señalan que, en el índice previsto para enero, que se conocerá el martes, habría con la herramienta nueva y la anterior apenas unas décimas de diferencia. La fórmula postergada concedía en la medición un incremento del peso de los servicios. De 9 puntos se estiraba casi hasta 15. El Gobierno planea este año retirar todas las escalas de subsidios en tarifas salvo para aquellos sectores que lo justifiquen por sus bajos ingresos.

El Gobierno administró ese conflicto con mucha improvisación. Tanta que pretendieron disimularla con una fábula: presunto contubernio repentino de Lavagna con Massa. Una relación más vieja que el viento. El pleito sin dudas auto infligido jamás hubiera detonado si las cosas en el Indec seguían el curso original previsto.

Toto Caputo explicó primero que se aplicaría cuando concluyera el proceso de desinflación. Milei había dicho que en agosto próximo el índice deberá estar encabezado con un cero. ¿El nuevo mecanismo impediría cumplir tal propósito? Habría otros dos aspectos para ser considerados. El índice de costo de vida se ha instalado desde junio por encima del 2%. Con una tendencia ascendente que se mantuvo en diciembre. Finalmente, el ministro de Economía comunicó que tampoco se aplicará la fórmula del 2017. Comenzará a elaborarse una nueva. Procedimiento que los técnicos del Indec calculan que puede insumir 26 meses. Será para otro gobierno. O para el segundo mandato de Milei. Difícil no creer que hay gato encerrado. Los mercados inestables poseerían una percepción similar.

El derrape libertario no solo repuso el debate inflacionario como eje de la escena. También el elevado costo general que representa vivir en nuestro país. Toto hizo otra vez de las suyas, ahora en una confrontación con la industria textil. “Nunca en mi vida compré ropa en la Argentina porque es un robo”, confesó. Un periodista le preguntó sobre un saco que llevaba puesto. Era de una marca italiana “que compré hace 15 años”, dijo. Su valor promedio se estima en US$ 500. El ministro asegura que con la apertura de las importaciones todo tenderá a bajar. Puede que tenga razón. O no. ¿Pero no piensa en el sentido y el impacto de sus dichos sobre el ciudadano común que lo escucha?

¿Acaso sólo la ropa es cara en la Argentina?. ¿No ocurre lo mismo con los alimentos?. ¿Con el esparcimiento? Es cierto que la inflación ha tenido un freno muy fuerte. Pero los ingresos quedaron sumamente rezagados. El cambio de modelo que propone Milei, basado en tres o cuatro reglas, tiene inevitablemente secuelas. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, lo explicó en un alegato luego del lío que se armó con Techint, cuando la siderúrgica perdió una licitación a manos de una empresa india. El que puede competir lo hará ahora. De lo contrario desaparecerá.

El diagnóstico de Sturzenegger comienza a tener algunas evidencias. A pesar de una recuperación interanual de la actividad económica del 5,2% hacia principios de este año se perdieron 112.000 puestos de asalariados registrados. La Fundación Capital, que dirige el ex presidente del Banco Central Martín Redrado, señala que desde la asunción de Milei se destruyeron 177 mil puestos formales y otros 63 mil en el sector público. La pérdida total se elevaría a 240 mil empleos.

Ese paisaje interno debería ordenarse de alguna manera para que la aplicación a largo plazo del Acuerdo Comercial con Estados Unidos se pueda desarrollar con un módico equilibrio que ahora, por razones naturales, no lo posee. Existe un principio que nunca muere. Con economías abiertas o cerradas. Las capacidades de comercio de un país dependen de su fortaleza interna.

Lo positivo del acuerdo, entre otras cosas, es que quizás exceda al período de Donald Trump. Habrá que observar si tiene o no el aval del Congreso estadounidense. Está en debate. Quedaría consagrado como una política entre Estados. Exactamente a la inversa de lo que podría esperarse con la Oficina de Respuesta Nacional. Un calco del sitio que dispone la Casa Blanca para imponer “la verdad” ante las noticias periodísticas. Las últimas horas estuvo adornada con fotos de Barack y Michelle Obama convertidos en orangutanes.

Milei admira y se alinea con Trump aunque a veces sus puntos de vista sean divergentes. La nueva Oficina libertaria puede que termine siendo una anécdota. Veamos andanzas del líder republicano. Una demanda millonaria contra ABC News por informaciones sobre la su vida sexual. Otra contra CBS News por un reportaje a la ex candidata Kamala Harris que le desagradó. Varias contra la BBC, The New York Times y The Wall Street Journal. Su reciente presión para que The Washington Post despidiera, como está haciendo, a 300 empleados y periodistas sobre una planta de 800.

Vale conocerlo todo para no estar desprevenido.

Redacción

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