Jacques Herzog, Norman Foster, Peter Eisenman (vestido con camiseta del Barça) y Daniel Libeskind impartieron el 4 de julio del 1996, frente al Macba, al aire libre, una clase magistral seguida por dos mil estudiantes. La foto de este encuentro arquitectónico multitudinario ilustró el éxito del congreso de la UIA celebrado aquel año en Barcelona. Un éxito que pudo ser fracaso ya que previamente parte de esos estudiantes se enfrentaron a la Guardia Urbana porque los teatros previstos para las conferencias de arquitectos estrella eran de aforo insuficiente. Hubo que habilitar a la carrera el Palau Sant Jordi o la plaza dels Àngels. Primera paradoja: el éxito rozó el fracaso.
La arquitectura icónica estaba en vísperas de su etapa gloriosa. La inauguración del Guggenheim en Bilbao, un hito en el advenimiento de los nuevos mesías de la arquitectura, se produciría un año después. Barcelona, en el foco global por su astuto uso de la cita olímpica para renovarse urbanísticamente, saludaba esos tiempos acogiendo su primer congreso de la UIA, reforzando su capitalidad arquitectónica y exhibiendo su talento. Segunda paradoja: gran parte de los 14.000 inscritos que vinieron a descubrir aquella transformación de autoría colectiva rindieron pleitesía a los astros del gremio.
Lee también
Los arquitectos de Barcelona se alían para sacarle partido a la capitalidad
Sara Sans

Barcelona sigue siendo hoy capital arquitectónica, motivo quizás por el que en el 2026 será la primera ciudad que repite como anfitriona del congreso de la UIA, la gran reunión global de esta disciplina. Si en 1996 el lema era “Presente y futuros. Arquitectura en las ciudades”, el de 2026 será “Arquitecturas para un planeta en transición”. Porque la inquietud de los arquitectos más necesarios no pasa ya por la forma llamativa o la firma vanidosa, sino por afrontar retos planetarios acuciantes. Tercera paradoja: la capitalidad ya no depende de unos oráculos irrefutables sino del ágora abierta.
¿Mantendrá o acrecentará su prestigio arquitectónico Barcelona gracias al congreso y la capitalidad del 2026? Esa es la intención, sobre todo la de la capitalidad, que a diferencia del congreso, resuelto en tres días, durará buena parte del año. Pero es pronto para afirmarlo: el programa y la lista de ponentes no se cerrarán hasta primavera, la venta de entradas está en fase preliminar… Dicho lo cual, acaso el protagonismo arquitectónico de Barcelona lo acapare en el 2026 la Sagrada Família, tras coronar la torre de Jesús, de 172,5 metros de altura. Cuarta paradoja: el remate de un edificio de Gaudí (1852-1926), cuyo diseño se ha terminado con programas informáticos carentes de su genio, puede convertirse en la gran vedette arquitectónica de Barcelona. Quien sabe si por encima del colectivo profesional que nos visitará y del que se espera una constelación de ideas para lograr un mundo mejor. Ese es, al menos, el propósito que les anima.



