David Bowie murió un día como hoy, hace exactamente 10 años: el 10 de enero de 2016. Un artista popular que se cantaba en cualquier parte del planeta y un autor sofisticado que siempre iba unos pasos, espaciales, adelante. Hasta el final de Stranger Things lo eligió para despedirse, con el hit Heroes, como si Bowie siguiera teniendo la llave de ciertas emociones. Para todas las edades. Y en cualquier época.
Apenas dos días antes, con su enfermedad —cáncer de hígado— llevada en un silencio férreo, había publicado su último álbum, Blackstar: oscuro, misterioso, sobreanalizado (inevitable) y convertido, de golpe, en una despedida. El hombre que compuso su propio réquiem.
David Bowie en vivo durante el Freddie Mercury Tribute Concert en 1992. Foto: ReutersAntes de apagarse, Bowie fue una gigante roja. Esas estrellas, cuando se quedan sin combustible, se hinchan, cambian de color y en el tramo final pueden brillar más. No es astronomía de manual: es una imagen para decir lo obvio sin solemnidad. Bowie se fue, pero su luz siguió viajando.
Del Oh! You Pretty Things a la irresistible y furiosa The Pretty Things Are Going to Hell, Bowie fue una cosa hermosa que muta. Dejó discos de todo tono y color, como los períodos de Picasso: azules, rosas o negros. En su caso fueron glam, pre-punk, folk, vanguardia. El jazz filoso en Aladdin Sane, la trilogía de Berlín o la reinvención del disco ya instalado en Estados Unidos.
Y hoy, a 10 años de su muerte, Starman —como en su canción de Ziggy Stardust— sigue brillando y girando a velocidad de la luz alrededor del mundo.
Acá van 7 motivos de por qué uno de los músicos más importantes de la segunda mitad del siglo XX sigue habitando el presente —y lo va a seguir haciendo— los próximos 10, 100 o un millón de años. Mientras el fulgor de su estrella siga alumbrando desde su “odisea espacial”, más viva que nunca.
1 – El estilo tardío de David Bowie y un nuevo documental
Hay una idea útil —sin ponerse solemne— para mirar los últimos años de ciertos artistas: el “estilo tardío”. El escritor Edward Said la usó para explicar que, a veces, el final no es decadencia sino una manera de tensar el lenguaje cuando ya no hay nada que demostrar.
El afiche del documental «David Bowie: The final act».En ese mapa entran despedidas muy distintas pero emparentadas: Leonard Cohen con You Want It Darker; Nick Cave convirtiendo el duelo en discos posteriores a la muerte de su hijo Arthur; y, a su modo, David Bowie, que entre 2002 y 2016 fue reescribiendo su despedida en tiempo real.
Ese período —de Heathen a Blackstar— quedó ordenado en la caja I Can’t Give Everything Away (2002–2016) y deja una pregunta abierta: ¿fue un cierre o el comienzo de otra versión de sí mismo? Críticas de medios muy distintos coincidieron en algo poco habitual: ese último tramo no funcionó como epílogo, sino como reinvención. En plena madurez, lejos de la ansiedad por “estar al día”, Bowie volvió a empezar. Justo antes de irse.
Todo eso dialoga con el nuevo documental David Bowie: The Last Act, que se mete en los años finales sin tono de bronce: ensayos, decisiones estéticas, el trabajo fino detrás del mito. Aparecen Tony Visconti, el guitarrista Reeves Gabrels (con el recuerdo de aquella primera charla telefónica hablando de Pixies y bandas independientes) y Rick Wakeman, que participó en varios de sus hits.
El documental también mira hacia el pasado y reconstruye, casi como una escena de taller, la grabación sorprendentemente sencilla de Space Oddity: un tema enorme hecho sin épica cara. Bowie puro.
2- Bowie en el espacio: odisea espacial, Major Tom, la rareza y la soledad
No es casualidad que Space Oddity sea un homenaje y respuesta a 2001: una odisea del espacio: con su humor característico, Bowie titula la canción “Oddity”, “rareza”. Y esa rareza cuenta una anomalía precisa: Major Tom, un astronauta que queda perdido después de una misión fallida. Aislamiento, soledad, desorientación. Flotar sin poder volver. En el corazón de la canción —y de Bowie— no está la épica tecnológica sino la distancia que nos separa del hogar.
Chris Hadfield, astronauta y músico que rindió homenaje a Bowie en el espacio. Foto: chrishadfield.caDespués de su muerte, esa idea volvió a hacerse literal de un modo que parece escrito por él: en 2013, el astronauta Chris Hadfield cantó Space Oddity desde la Estación Espacial Internacional, con la Tierra girando detrás. Bowie otra vez en órbita: la canción como cápsula, como brújula emocional, como recordatorio de que incluso allá arriba —o acá abajo— uno puede estar solo en el espacio.
3 – Variaciones de Bowie
Incluso antes de su muerte, los covers de Bowie ya venían ganando terreno.El brasileño Seu Jorge llevó el concepto de versión a otro lugar con sus Bowie en portugués para La vida acuática de Wes Anderson: canciones conocidas pero reinventadas al portugués, traducidas al pulso de la samba y a una tristeza carioca para su voz de sótano. Cover sin calco. Como si acá Edmundo Rivero se pusiera a cantar blues de Willie Dixon o Robert Johnson sin pedir permiso.
Seu Jorge en una escena de «La vida acuática» de Wes Anderson, donde cantó temas de Bowie. Foto de prensaNo fue el único. En el jazz aparecieron lecturas que no van por el hit y la pose, sino por el clima. El trompetista sardo Paolo Fresu armó un tributo directamente titulado Heroes (con edición “Expanded”), donde Bowie entra como repertorio serio y el tema deja de ser “himno” para convertirse en material de banda.
Y está el caso perfecto —por inesperado y por potente— de Lea DeLaria (sí, la de Orange Is the New Black), que grabó House of David: Bowie pasado por un filtro jazzero.
Y si querés seguir esa estela sin que sea “disco de versiones”, hay un camino directo a Blackstar: los álbumes posteriores de Donny McCaslin, el saxofonista central de la banda de jazz neoyorquina que Bowie convocó para su final. Se sienten como una continuación lateral: no imitan, pero respiran ese claroscuro.
Para cerrar la saga —y que no termine nunca— está el pianista Mike Garson, que acompañó a Bowie durante años y lo desarmó en clave propia en The Bowie Variations: Bowie tocado como si fueran piezas para piano.
4 – Bowie, Ziggy y la libertad de ser otro
Con Ziggy Stardust, Bowie hizo algo más que sacar un gran disco: inventó un personaje que habilitaba. Un alien hermoso, andrógino y sexualmente desprejuiciado, en una Inglaterra conservadora donde la homosexualidad recién había dejado de ser ilegal y, aun así, seguía empujada a la vida privada.
La tapa del famoso disco de David Bowie, «Ziggy Stardust».En 1972 lo dijo sin rodeos (“soy gay y siempre lo he sido”) y después lo mostró: maquillaje, pelo naranja mermelada, teatro glam. Y esa escena en Top of the Pops cantando Starman, coqueteando con Mick Ronson como si la televisión fuera, por un minuto, un lugar donde de pronto se podía.
Diez años después de su muerte, ese gesto sigue dejando marcas visibles. Hoy muchos jóvenes se autoperciben queer y se ven chicos y chicas. Con uñas pintadas de negro, el pelo naranja mermelada (o lila, o verde manzana), mezcla de géneros y bolsos o zapatillas con logos de Hello Kitty.
Bowie no “bajó línea”: dejó un lenguaje para animarse a ser distinto, sin pedir disculpas.
5 – Bowie: ambición, show y puesta en escena
En Sound and Vision canta como si dijera ““ambition”. Bowie siempre pensó la música con imagen incluida. Por eso su definición del glam tiene tanta precisión: “para mí el glam rock es la suma de Cabaret con Metrópolis”. Si Piazzolla pedía que el tango “se baile, pero también se escuche”, a Bowie le toca otra consigna: que se baile, se escuche y se maquille.
Los posters en el cuarto de Jungkook, de BTS, en el video de «Dynamite». Captura videoEsa ambición se ve clarísima en el pop de hoy: Lady Gaga como heredera evidente de la puesta en escena, y el K-pop como industria que diseña canción e imagen como una sola cosa. En un detalle mínimo aparece Bowie como referencia directa: una reseña de Pitchfork sobre Dynamite de BTS señala que, al comienzo del video, se ve un gran print/poster de David Bowie en el cuarto.
6 – El Bowie para leer
Desde su muerte aparecieron libros cada vez más audaces para acercarse a Bowie sin convertirlo en estampita. Bowie por Bowie, con entrevistas compiladas por Sean Egan, lo deja hablar en primera persona: ahí aparecen —como máscaras que discuten entre sí— Ziggy Stardust, el Delgado Duque Blanco, el Bowie que en los 90 ya miraba Internet con mezcla de fascinación y paranoia, y el que arma discos como Outside con clima de Matrix y cyberpunk.
Y después está El club de lectura de David Bowie, de John O’Connell, que funciona como una biografía lateral: los libros como educación sentimental y estética. Hitchens, Arthur Danto, Frank O’Hara, Art Spiegelman; y clásicos que no suenan a pose: Dante, La Ilíada, Madame Bovary, Mientras agonizo.
Bowie, lector voraz, cambiando una adicción por otra, viajando con una biblioteca encima y dejando pistas de cómo esa lectura se filtraba en su música.
7 – El Bowie del futuro
Es así que en este nuevo documental, Bowie: The Final Act, lo definen como “el viajero del tiempo definitivo”. Bowie como alguien que se adelantó, se escondió, volvió, cambió de piel, y en el último tramo —de los años ásperos de Tin machine a la resurrección— terminó de escribir su despedida con Blackstar.
Una de las últimas fotos de prensa oficiales de David Bowie, despidiéndose.Eso también explica por qué Bowie no se queda en una fecha. Pasa con el final de Stranger Things y Heroes; pasa con Major Tom flotando en Space Oddity; pasa con Ziggy como permiso para ser otro; pasa con el Bowie que decía “bailemos”.
Mientras cantaba como si viniera de otro planeta, dejaba señales para que acá —en este planeta— nadie se sintiera tan solo.
Bowie para no perderse
El documental Bowie: The Final Act puede verse en España en Movistar Plus+. En Argentina, por ahora, no aparece disponible. Se puede chequear este link para ir viendo su estreno streaming.
Los fans de David Bowie se dieron cita frente a un gran mural en Londres, a diez años de su muerte. Foto: EFE
David Bowie en portugués, hoy
Seu Jorge volvió al repertorio de The Life Aquatic y subió a su canal de YouTube un homenaje nuevo por los 10 años: cuenta cómo empezó a girar por el mundo con esas versiones y promete una nueva edición vivo.

