Desde Raúl Alfonsín hasta Javier Milei en las próximas semanas, los presidentes argentinos participaron en encuentros hemisféricos bajo contextos muy distintos: contención de la influencia soviética, impulso al libre comercio, rechazo al ALCA, normalización de las relaciones con Cuba y competencia estratégica con China. Las declaraciones públicas de cada uno permiten reconstruir cómo fue variando esa relación.
Alfonsín ante Reagan: democracia en plena contención soviética
En los años ochenta, la política hemisférica de Ronald Reagan estuvo atravesada por la lógica de la Guerra Fría. Estados Unidos apoyaba a gobiernos y fuerzas que consideraba estratégicas para frenar la expansión del comunismo en Centroamérica, particularmente las situaciones dentro de Nicaragua y El Salvador.
En 1983, Reagan declaró que Estados Unidos “no permanecerá impasible mientras la libertad sea subvertida en este hemisferio”, en referencia directa a la influencia soviética y cubana. Para la Casa Blanca, América Latina era un frente activo de la disputa global. Es por ello que el mandatario norteamericano promovió múltiples encuentros con líderes de la región, aunque nunca bajo una cumbre formal.
Raúl Alfonsín asumió en diciembre de 1983 tras la dictadura militar y con una agenda centrada en la consolidación democrática. En su visita oficial a Washington en 1985 sostuvo ante el Congreso estadounidense que “la democracia en América Latina no puede consolidarse sin desarrollo y justicia social”. Argentina buscaba reconstruir credibilidad externa, renegociar deuda y recuperar inserción internacional, mientras Estados Unidos priorizaba la estabilidad ideológica del hemisferio frente a Moscú.
image

Menem en Miami: alineamiento pleno y el impulso del ALCA
En los años noventa, la política hemisférica de Bill Clinton estuvo marcada por el fin de la Guerra Fría y la consolidación del libre comercio como herramienta estratégica. Con la Unión Soviética disuelta, el eje ya no era la contención militar sino la expansión de un orden económico liberal bajo liderazgo estadounidense. En diciembre de 1994, Clinton convocó en Miami la primera Cumbre de las Américas con el objetivo de lanzar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
image

En la apertura de la cumbre, Clinton afirmó que “el libre comercio y los mercados abiertos son el mejor motor para el crecimiento”, planteando la integración económica como garantía de prosperidad y estabilidad democrática. El proyecto buscaba integrar a 34 países del continente en un mercado común que extendiera la lógica del NAFTA hacia el sur.
Carlos Menem llegó a Miami en plena etapa de reformas estructurales, privatizaciones y convertibilidad. Argentina buscaba consolidar inversiones y respaldo financiero internacional. En ese contexto sostuvo que “la integración es el camino para el crecimiento de nuestros pueblos”, alineándose con la agenda estadounidense. El país atravesaba su momento de mayor sintonía política con Washington desde el retorno democrático.
De la Rúa en Quebec: integración hemisférica en el umbral del colapso argentino
A comienzos de los 2000, la política hemisférica de George W. Bush mantuvo el impulso del ALCA, aunque en un escenario internacional más tensionado. Las protestas antiglobalización ya habían emergido en Seattle en 1999 y el consenso liberal comenzaba a mostrar fisuras. En abril de 2001, la Cumbre de Quebec buscó avanzar en la hoja de ruta para concretar el acuerdo antes de 2005.
image

Bush sostuvo durante el encuentro que “el comercio trae mejores empleos y más oportunidades para nuestros ciudadanos”, insistiendo en que la integración económica era un instrumento de desarrollo hemisférico. Sin embargo, las calles de Quebec estuvieron marcadas por fuertes manifestaciones que cuestionaban la falta de salvaguardas sociales en el acuerdo.
Fernando de la Rúa participó en un contexto interno extremadamente frágil. Argentina acumulaba tres años de recesión, desempleo elevado y creciente endeudamiento. En la cumbre afirmó que “la integración hemisférica es una oportunidad histórica para nuestros países”, manteniendo formalmente el respaldo al ALCA. Meses después, el estallido de diciembre de 2001 alteraría completamente el panorama político y económico argentino, debilitando la viabilidad del modelo que sustentaba esa integración.
Néstor Kirchner en Mar del Plata: el rechazo al ALCA y el giro sudamericano
En 2005, el escenario regional era distinto. Varios países sudamericanos atravesaban un ciclo de crecimiento impulsado por el boom de las commodities y gobiernos que cuestionaban el esquema de liberalización de los noventa. La Cumbre de Mar del Plata fue convocada nuevamente bajo la presidencia de George W. Bush, quien buscaba retomar el impulso del ALCA.
image

En su intervención, Bush reiteró que “la expansión del comercio y la reducción de barreras mejorarán el nivel de vida en todo el hemisferio”. Sin embargo, el consenso de la década anterior ya no existía.
Néstor Kirchner, anfitrión del encuentro, afirmó que “no podemos aceptar imposiciones que no tengan en cuenta las asimetrías entre nuestras economías”. La postura argentina, acompañada por Brasil y Venezuela, impidió avanzar en el acuerdo. El ALCA quedó políticamente desactivado y el liderazgo económico estadounidense en Sudamérica entró en una etapa de cuestionamiento. En paralelo, China comenzaba a consolidarse como comprador estratégico de materias primas sudamericanas.
Cristina Fernández en Panamá: Cuba en el eje de la discusión
En 2015, la política hemisférica de Barack Obama estuvo marcada por la decisión de normalizar relaciones diplomáticas con Cuba. Desde 1962, la isla había estado excluida de la OEA y de los principales foros regionales. La Cumbre de Panamá fue la primera en la que Cuba participó oficialmente. Obama afirmó en ese marco que “la Guerra Fría terminó hace mucho tiempo”, defendiendo el giro diplomático hacia La Habana. La inclusión cubana cerraba simbólicamente un conflicto que había atravesado todas las cumbres previas.
image

Cristina Fernández de Kirchner sostuvo que “no se puede seguir excluyendo a países del continente”, respaldando la incorporación cubana. Para entonces, el eje estratégico ya no estaba definido por la confrontación con Moscú, sino por nuevas dinámicas económicas globales. China había ampliado su presencia comercial en América Latina y comenzaba a consolidarse como socio clave en infraestructura y financiamiento.
Alberto Fernández en Los Ángeles: exclusiones y nuevo desafío estratégico
En 2022, la Cumbre de Los Ángeles se desarrolló bajo la presidencia de Joe Biden, en un contexto de creciente rivalidad con China. Beijing se había convertido en el principal socio comercial de varios países sudamericanos y en un actor financiero relevante en la región.
image

En la apertura, Biden sostuvo que “el futuro del hemisferio occidental está en nuestras manos”, enfatizando la necesidad de cooperación regional frente a los desafíos económicos y democráticos. La competencia tecnológica y comercial con China ya formaba parte explícita de la agenda estratégica estadounidense.
Alberto Fernández, quien ejercía la presidencia pro tempore de la CELAC, afirmó que “hubiera querido otra Cumbre de las Américas, sin exclusiones”, cuestionando la decisión de no invitar a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Argentina mantenía vínculos económicos tanto con Estados Unidos como con China, que era su segundo socio comercial y un actor central en financiamiento e inversiones estratégicas.

