Hay marcas que son como la carta de presentación de un país. Transmiten una manera de hacer y un momento concreto de su historia. Duralex era una vajilla que hizo mucho ruido en los años sesenta y su ventaja diferencial era que estaba fabricada con vidrio temperado, muy difícil de romper. Después fue sinónimo de buen diseño y hoy es un producto vintage que sobrevive gracias al vínculo emocional con los consumidores franceses.
]]>



