
El escenario de los deportes femeninos pinta prometedor en 2025. Deloitte proyectó que los ingresos romperían récords y alcanzarían $2,35 mil millones este año, triplicando el tamaño que tenían en 2022. El crecimiento viene con muchos aplausos, pero también deja al descubierto las diferencias que persisten.
Los gigantes dominan el juego
Baloncesto y fútbol encabezarán este auge. Según Deloitte, juntos representarán más del 75% de los ingresos globales.
- Baloncesto será el deporte más lucrativo, generando $1,03 mil millones, un 44% de los ingresos globales proyectados. Este crecimiento se debe a los contratos televisivos, la venta de mercancías y la popularidad de las nuevas estrellas que están transformando el juego.
- Fútbol, con $820 millones previstos (35% de participación), seguirá destacándose. A pesar de este crecimiento, el deporte enfrenta retos significativos más allá de los números.
En términos regionales, América del Norte será la gran dominadora, con $1,39 mil millones (59% de los ingresos globales), seguida de Europa con $420 millones (18%). En tanto, países como Marruecos y Japón comienzan a mostrar un desarrollo sostenido, reflejando que los límites geográficos ya no son una barrera para este fenómeno.
Los grandes números no cuentan todas las historias
El rápido crecimiento no necesariamente implica una mejor distribución de los recursos. El Informe Anual de Referencia del Fútbol Femenino de la FIFA también arrojó luces y sombras sobre la situación de las futbolistas profesionales.
El sueldo promedio anual será de $10,900, cifra que no representa la realidad de la mayoría de las jugadoras. Además, solo 16 clubes a nivel mundial pagarán más de $50,000 al año, mientras que muchas ganarán menos de $5,000, quedando fuera de beneficios como seguros de salud o apoyos habitacionales.
En ligas de niveles medios, el desbalance será más evidente. Las condiciones laborales seguirán siendo precarias, con contratos cortos y mínimas garantías, lo que impactará directamente en el desempeño de las atletas, según CNN.
Forbes destacó que, aunque en el ámbito mediático todavía predominan diferencias, las mujeres han encontrado en las redes sociales un espacio para demostrar su influencia. Durante los Juegos Olímpicos de París 2024, lograron el 50% de las interacciones en plataformas digitales, a pesar de que apenas el 43% de la cobertura mediática estuvo dirigida a ellas.
Ilona Maher, estrella de rugby, se convirtió en la jugadora más seguida y firmó acuerdos publicitarios con marcas como Paula’s Choice, abriendo puertas para más inversiones en deportes menos tradicionales.
Más deportes en la mira
El crecimiento de los deportes femeninos no se limitará al fútbol y al baloncesto. Nuevas disciplinas se posicionan con fuerza en el horizonte de 2025, mostrando que la diversificación es una clave para el éxito a largo plazo.
- Volleybal verá el debut de League One Volleyball en Estados Unidos, respaldado por una inversión inicial de $160 millones.
- Hockey femenino profesional proyecta superar el millón de asistentes en su segunda temporada.
- Rugby femenino romperá marcas con un Mundial en Inglaterra que ya cuenta con récords de venta anticipada de entradas.
Un negocio que redefine todo
Para Jennifer Haskel, de Deloitte, este es el momento para que las marcas, los inversores y las ligas enfoquen sus esfuerzos en construir infraestructuras sostenibles y replantear los modelos operativos. La estabilidad será clave para aprovechar el impulso de los próximos años.
Eventos como el Mundial Femenino de Fútbol de 2027 en Brasil ya prometen ampliar aún más este mercado, marcando la primera vez que Sudamérica organizará este certamen. En paralelo, la profesionalización de deportes menos mediáticos será vital para diversificar las opciones deportivas que consolidarán a las atletas femeninas como potencias globales.
Los deportes femeninos ya dejaron de ser una promesa para convertirse en una industria valorada en miles de millones. Sin embargo, es imperativo cerrar las brechas y construir un entorno más equitativo en el que todas las atletas puedan progresar. No bastará con celebrar el crecimiento, ahora el verdadero desafío será transformar el éxito económico en igualdad tangible dentro y fuera de la competición.
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