El sindicato de comercio ha vuelto a poner sobre la mesa una demanda que, lejos de ser una novedad, se ha convertido en un eco recurrente de años anteriores: la prohibición de apertura de supermercados durante los días domingos. Sin embargo, lo que en otro momento pudo haber tenido algún grado de tracción, hoy se percibe como una batalla perdida y una clara muestra de la pérdida de influencia gremial en el sector.
Bajo el argumento de «recuperar el día familiar», el gremio busca instaurar por ley el cierre dominical. No obstante, la realidad del mercado y las necesidades de consumo actuales parecen haberle dado la espalda a una iniciativa que no logra adaptarse a los tiempos modernos.
Lo que antes era una resistencia liderada únicamente por los supermercados chinos —quienes históricamente se han negado a adherir a este tipo de medidas por su dinámica de proximidad—, hoy se ha transformado en un frente unido de rechazo que incluye a los eslabones más fuertes de la cadena de comercialización.

Gigantes que dicen «No»
La noticia que termina de sepultar las aspiraciones sindicales es la firme postura de grandes cadenas como La Anónima y mayoristas de peso como Maxiconsumo. Ambas firmas han dejado claro que no acompañarán la medida, priorizando la libertad de operación y el servicio al cliente en uno de los días de mayor facturación de la semana.
Esta falta de acompañamiento patronal evidencia que el sindicato no ha logrado construir el consenso necesario para transformar un deseo en una realidad legislativa. La ausencia de apoyo de estos jugadores clave deja al gremio en una posición de extrema debilidad, exponiendo que sus demandas están desconectadas de la estructura económica actual.
El peso de la historia
No es la primera vez que se intenta avanzar con esta regulación, pero el escenario actual es el más adverso para la cúpula sindical. Analistas del sector sugieren que el sindicato «ha perdido la brújula» al insistir con una fórmula que ha fracasado sistemáticamente durante años.
Mientras el gremio intenta forzar un cierre que el sector privado rechaza de plano, la sensación generalizada es la de un organismo que pierde poder de fuego y cuya capacidad de presión se desvanece ante la necesidad de reactivación económica y la libre competencia. Por ahora, el domingo seguirá siendo un día de persianas altas, a pesar de los esfuerzos —cada vez más aislados— de un sindicato que no logra torcer el brazo del mercado.



