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Después de tres décadas, expertos de la Unsam restauraron una serie de murales de Seoane

Son 446 azulejos que permanecieron cuidadosamente atesorados en cajas de plástico en la sede de una institución social, cultural y deportiva del barrio de Once. Antes, hasta 1997, fueron una imponente sucesión de cuatro grandes murales y otra serie más pequeña, realizados por el artista galaicoargentino Luis Seoane para el Lar Gallego del Centro Luscense de Buenos Aires de la avenida Belgrano. Y tras la recuperación de los expertos del Centro Tarea de la Unsam, las piezas están listas ahora para volver a formar esas figuras trazadas por un hombre versátil, que fue un dibujante, pintor, grabador, escritor y editor. Una obra imponente, que hace casi treinta años que nadie ve.

Dos de las 446 baldosas pintadas por Luis Seoane provenientes del Centro Galicia restauradas por el Centro Tarea Unsam. Foto: Emmanuel Fernández.

«Yo no tenía registro de este mural; fue una revelación», dice a Clarín la experta Silvia Dolinko, decana de la Escuela de Arte y Patrimonio de esa universidad, pero además la mayor experta en la obra de Seoane. ¿Cómo es posible? «Seoane –explica– pintó muchísimo y las fotos que se conservan de ese espacio son parciales, se ven pequeños recortes de la obra. Con seguridad que me crucé con esas imágenes, pero no había otras referencias».

Por eso, tanto la restauración como la decisión del Centro Galicia, actual propietario de esta obra y de otras de Seoane, de exponerlo en el ingreso de su sede social de la calle Bartolomé Mitre y en el campo de deportes de Olivos se alinean con el ideario del propio artista: «Él sostuvo a lo largo de su carrera una particular voluntad de democratización del acceso al arte”, puntualiza Dolinko.

Dos patrias

Luis Seoane es un artista de dos patrias. No solo por las circunstancias de su biografía sino también por el modo en que se vinculó con sus pares y con los movimientos de su tiempo a ambos lados del Atlántico. Había nacido en la Argentina en 1910, en el centro de una familia de emigrantes gallegos que siempre percibieron su estancia en el sur de América como temporal. Por eso, enviaron al chico a estudiar a Galicia donde completó la primaria desde 1916 y luego también la carrera de Derecho, en la Universidad de Santiago de Compostela.

Desde arriba, los murales de Luis Seoane restaurados por el Centro TAREA UNSAM. Foto: Emmanuel Fernández.

El golpe de Estado contra la Segunda República en 1936 forzó su regreso a Buenos Aires. No volvería a España hasta los años 60, ya como un artista reconocido. Y son las imágenes de esas dos patrias las que pueblan su producción «de doble anclaje”, al decir de Dolinko: gauchos pampeanos y pescadores o marisqueras gallegos, los personajes de la Galicia medieval o los actores del circo decimonónico argentino, la heroína coruñesa María Pita o su par rioplatense Martina Céspedes.

Estos murales que vuelven al ruedo ahora, pintados en la década del 50, sintonizan con el Seoane de esos años. «Es un momento en que el artista ya contaba con un reconocimiento importante en el campo cultural argentino y también como figura del activismo galleguista; las relaciones visuales entre formas y colores propias del arte modernista se articulan en su obra con su imaginario sobre tipos populares que desarrolla a lo largo de toda su trayectoria”, explica Dolinko.

Ahí están las figuras femeninas del campo y, más allá, los hombres de campo o de mar. Están ahora, cuando los murales se están despidiendo de las enormes mesas de Tarea, en un primer piso de Barracas lleno de luz y de espacio. En breve, serán embalados para viajar hasta el barrio de Once y volver a ser colgados para ser mirados.

Desde arriba, los murales de Luis Seoane restaurados por el Centro TAREA UNSAM. Foto: Emmanuel Fernández.

Pero ahora, mientras el fotógrafo de Clarín Emmanuel Fernández encuentra el modo de capturar la energía de los colores y las figuras de Seoane desde un segundo piso que balconea sobre los azulejos, Dolinko reconstruye el proceso de recuperación de estas obras junto a la directora de Tarea, Damasia Gallegos, magíster en Historia del Arte Argentino y Latinoamericano y líder de un equipo conformado por una veintena de especialistas reconocidos internacionalmente por la calidad de su formación y trabajo de referencia.

Tarea nació en 1987, a partir de un acuerdo entre la Academia Nacional de Bellas Artes y la Fundación Antorchas para desarrollar un programa de restauración e investigación del arte colonial. Era una idea inédita en el país y, con el tiempo, se transformó en una institución de referencia en la región y en el mundo. Cuando la Fundación Antorchas se retiró en 1997, las instalaciones y equipamiento del centro quedaron a cargo de la Unsam, que ganó una compulsa para hacerse cargo.

Desde entonces, el centro amplió el alcance de sus intervenciones a la pintura mural y la escultura, además del patrimonio bibliográfico y archivístico. Todas disciplinas que confluyen en cada proyecto. Como en este, delante de una pila de cajas pobladas por azulejos coloridos.

La directora de Tarea, Damasia Gallegos. Foto: Emmanuel Fernández.

Numerados y guardados

«Al desmontar los murales, en 1997, cuando se vende el edificio de la avenida Belgrano al 1800, Juan Carlos, un trabajador del Centro Lucense, los numeró y ubicó ordenadamente en una serie de cajas de plástico. Este cuidado amoroso sobre las piezas facilitó mucho nuestra tarea«, reconstruye Dolinko.

Damasia Gallegos, por su parte, desanda esos primeros pasos cuando los azulejos pasaron de las cajas a las mesas de Tarea. «Lo primero fue limpiarlos, quitarles la mezcla que aparecía en el reverso y así recuperar la numeración que permitía formar las figuras. Luego, se documentó el estado de cada uno de los azulejos, los trozos que se habían dañado o los sectores que requerían algún tipo de intervención», puntualiza.

Mientras Damasia Gallegos explica, señala con la mano a los y las protagonistas de cada momento de este proceso de casi seis meses del que participaron, además, Pablo Fasce, que es secretario académico de la Escuela de Arte y Patrimonio; Fernando Marte, que es secretario de Investigación; y un grupo de investigadores, docentes y restauradores, que según su expertise singular y superespecífica, se sumaron a tareas puntuales.

Allí está la becaria doctoral que mapeó el estado general de cada pieza y elaboró sofisticados gráficos que permitieron organizar la labor de recuperación. Más lejos, otras investigadoras documentan los antecedentes y la materialidad de nuevas obras que esperan su turno, mientras otras, una estatua de la Legislatura Porteña y un cuadro del Museo Histórico, por caso, están listos para volver a casa como si el tiempo no los hubiera tocado.

Desde arriba, los murales de Luis Seoane restaurados por el Centro TAREA UNSAM. Foto: Emmanuel Fernández.

Cuando las piezas aisladas recobraron su lugar en la serie de murales, comenzaron a «hablar»: «Queríamos comprobar si Seoane había trabajado con plantillas, tal como hacían los artistas de la época. Desplegamos sobre los murales un material transparente y calcamos las figuras para encontrar la repetición de un azulejo al otro. Fue así como descubrimos que, aquí, cada figura es original. Seoane no usaba plantillas, a diferencia de la colección de José Gil de Castro, por ejemplo, que sí se servía de ese recurso, por caso, para las charreteras de los uniformes militares, entre otros detalles», puntualiza Damasia Gallegos.

Otro de los aspectos que revelaron las piezas fue que las figuras no eran tan previsibles. «Seoane sigue en estas obras su línea iconográfica: campesinas, carros, figuras acostadas», describe Dolinko, aunque hubo algunas sorpresas.

La pista de unas líneas de pintura

La dirección del trazo de la pintura les mostró, cuando ya habían avanzado en el trabajo, que una de las composiciones no era la que habían creído: las figuras humanas no estaban de pie, como pensaban, sino acostadas. «Nos dimos cuenta por unas marcas de la pintura, que se habían chorreado un poco y eso nos dio la pista», comparte la directora de Tarea.

En ese sentido fue determinante el trabajo de documentación fotográfica realizado por Sergio Redondo, que, cámara en mano, registra toda la relación de Tarea con cada una de las obras «pacientes» que reciben. Para eso, desarrolló un carro formado por columnas y tirantes de metal que permite posicionar la cámara a la altura requerida para capturar imágenes panorámicas y en detalle de los murales una vez que están rearmados sobre las mesas. «El trabajo de Sergio representó un gran reto técnico, pero gracias a las fotos, descubrimos errores de posición por la dirección de las «chorreaduras» de la pintura», confirma Gallegos.

La restauración es acompañada por un profundo trabajo histórico para cada pieza. Foto: Emmanuel Fernández.

Todos los gastos del proceso de recuperación de los murales corren por cuenta del Centro Galicia: «Somos conscientes de que somos los responsables de la conservación y custodia del legado patrimonial de los centros provinciales de la colectividad gallega de Buenos Aires. La puesta en valor del patrimonio heredado es una importante referencia para reforzar nuestra identidad de cara a las nuevas generaciones de argentinos gallegos», puntualiza Alberto Vázquez, presidente de la comisión de Cultura de la institución, que contactó a Dolinko en 2024 para evaluar la posibilidad de recuperar esta obra.

En el Centro Galicia ya se exhiben el mural «Campesinos mallando», también de Seoane, y una colección de cerámicas originales del Laboratorio de Formas (luego Sargadelos), con diseños de Seoane y la maestría en cerámicas de su amigo y socio Isaac Díaz Pardo.

El trabajo de los profesionales de Tarea incluye una propuesta curatorial para su reinstalación: «Pensamos en conjunto con la institución en colocarlos en una zona del ingreso. Eso permitirá descubrirlos desde la vereda y hermanarlos con el circuito de murales del autor que se pueden ver en la Ciudad de Buenos Aires, haciendo honor a su búsqueda por construir un arte de carácter público», subraya Dolinko.

Detalle de uno de los murales de Luis Seoane restaurados por el Centro TAREA UNSAM. Foto: Emmanuel Fernández.

Otra labor emprendida por los profesionales de Tarea fue el diseño y construcción de un dispositivo de aluminio que permitirá desplazar las composiciones más pequeñas que forman parte del conjunto con la intención de que el Centro Galicia pueda prestar las obras tanto en el país como en Galicia, donde los deslumbrantes murales de Seoane son una verdadera rareza: su obra muralística se desarrolló sobre todo en la Argentina.

Marcos, mesas y rollos

Y mientras Damasia Gallegos explica el funcionamiento de esta serie de marcos de aluminio que «abrazan» los azulejos y los fijan con abrojos, otros integrantes del equipo prueban los materiales y su funcionamiento. No es esta la primera vez que desarrollan dispositivos ad hoc: «El récord de tamaño lo tenemos con el telón del teatro El Círculo de Rosario. Construimos un escenario de 12 metros por 30 y fabricamos unos rollos para desplazar la tela sobre una mesa«, recuerdan. Otro tanto sucedió cuando restauraron en 2022 el «Mapa del Cielo» de la Universidad Nacional de La Plata, diseñado en 1898 por el historiador español Antonio Torres Tirado y que mide dos metros por cuatro.

Silvia Dolinko, decana de la Escuela de Arte y Patrimonio de la Unsam; la directora de Tarea, Damasia Gallegos y parte del equipo del Centro Tarea. Foto: Emmanuel Fernández.

Hace cinco años, la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) comenzó un trabajo de catalogación y documentación de una treintena de murales y vitrales que Seoane sembró en distintas zonas de la ciudad de Buenos Aires. Del centro a Belgrano, un par de circuitos que se pueden hacer a pie, descubriendo, en un estacionamiento, en el palier de algunos edificios de viviendas, en una galería comercial o en el ingreso a un teatro, la obra de un artista emblemático del modernismo.

Ese mapa, aún en elaboración, sumará en pocas semanas una nueva estación, enriqueciendo un patrimonio artístico único en el mundo.

Redacción

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