Las sospechas de abusos, violaciones y torturas ejercidas sobre menores aflora una y otra vez en el último paquete de tres millones de páginas que todos podemos consultar accediendo a la página del Ministerio de Justicia estadounidense. Ante esa cantidad de material nada estructurado, a todos nos invade cada vez más la convicción de que la sobrecarga informativa está destinada a confundir a la opinión pública y a fragmentar responsabilidades. Una estrategia que no es nueva: liberar ingentes cantidades de datos en bruto para que la saturación dificulte el análisis. Y mientras la catarata de informaciones nos mantiene subyugados, solo una persona en la cárcel: Ghislaine Maxwell.
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