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Don Osvaldo inauguró el año con un show intenso y político en Mar del Plata

Don Osvaldo volvió a subirse a un escenario en este inicio de año y eligió Mar del Plata como punto de partida. Con el Polideportivo Islas Malvinas repleto, la banda desplegó un show largo, potente y cargado de significado, en el que la música funcionó como vehículo de ideas, posicionamientos y memoria colectiva.

Desde el primer momento quedó claro que no se trataba solo de un repaso de canciones. La escena estuvo atravesada por símbolos y gestos políticos: pañuelos de distintas luchas colgados del micrófono de Patricio Santos Fontanet, referencias visibles a conflictos internacionales y una estética pensada para acompañar el mensaje. El comienzo marcó el clima de la noche, con letras que interpelan al poder, a los intereses económicos y a las consecuencias de las decisiones políticas a nivel global.

El recorrido por la lista de temas fue construyendo un relato sobre el presente argentino. Varias canciones apuntaron a la desigualdad, la corrupción y el rol de la dirigencia, mientras las pantallas reforzaron conceptos vinculados a la exclusión social y al debate por la criminalización de los sectores más vulnerables. Sin golpes bajos ni eufemismos, Don Osvaldo volvió a plantarse desde un lugar incómodo para el discurso dominante.

La memoria también ocupó un lugar central. A lo largo del show reaparecieron consignas y guiños ligados a la historia reciente del rock nacional y a una herida que sigue abierta como Cromañón. En ese tramo, el público acompañó con atención y respeto, entendiendo que el escenario no es solo un espacio de entretenimiento, sino también de construcción de sentido.

En el intercambio con la gente, Fontanet dejó definiciones claras. Habló de derechos laborales, del contexto económico y del valor del disfrute popular, especialmente en una ciudad como Mar del Plata, históricamente ligada al descanso de los trabajadores. El mensaje fue directo: aun en tiempos difíciles, la cultura y el encuentro colectivo siguen siendo una forma de resistencia.

Hacia el cierre, el recital mantuvo la intensidad con pasajes que invitaron a reflexionar sobre el rumbo del país, el avance de discursos autoritarios y la necesidad de no resignar convicciones. Don Osvaldo abrió el año reafirmando una identidad que incomoda, interpela y elige no correrse del conflicto, incluso cuando eso implica ir a contramano.

Redacción

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