Se puede perder pero así, no. Se pueden dejar deberes para la vuelta pero prácticamente entregar una semifinal en 45 minutos es bochornoso. Se puede tener un mal día pero hay que minimizar los daños. El Barça ni siquiera supo hacer eso en el peor partido de la era Flick, su noche más desnortada, el encuentro en el que quedó más retratado por un rival, en este caso un Atlético absolutamente superior. No siempre gana quien más lo desea pero desearlo con mayor intensidad suele ser el camino más corto hacia la victoria. El campeón vio cómo le pasaban por encima de manera cristalina. Por si no fuera bastante, cuando reaccionó le anularon un gol de Cubarsí tras una revisión de siete minutos y por un fuera de juego que hay que tener muchas ganas de pitarlo. La final de Sevilla es ahora una quimera para los blaugrana.
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