El Mobile World Congress (MWC) es pura geopolítica. Convierte durante cuatro días a Barcelona en un escenario neutral en el que los altos directivos de multinacionales americanas y chinas comparten espacio, se reúnen y cierran acuerdos sin tener que ir al país del otro. Ese factor diferencial es el que ha permitido al salón convertirse en el referente internacional que sigue siendo para el sector veinte años después, dejando atrás la etapa en el que era un mero escaparate de nuevos teléfonos móviles.
La misma geopolítica que ha hecho grande el congreso es la que provoca que este vigésimo aniversario del MWC en Barcelona sea algo más deslucido de lo previsto. El cierre del espacio aéreo en Oriente Medio impide que todos los invitados hayan podido llegar a la fiesta que se celebra hasta el jueves. Centenares de profesionales y directivos se han quedado varados a medio camino, en Doha, Dubái, Abu Dabi… hasta en Karachi, donde se desviaron algunos vuelos este sábado.

En el recinto Gran Via de Fira de Barcelona, en l’Hospitalet, es evidente que hay menos gente que en años anteriores. La sensación era especialmente palpable este lunes a primera hora, sin las largas colas para registrar el primer acceso ni la marabunta habitual en los pasillos centrales de hombres con traje corriendo de un lado a otro como pollo sin cabeza. A medida que fue avanzando la jornada la cosa se animó, pero aún se podía comprar una ensalada o una hamburguesa –a precio de oro– en un restaurante sin tener que hacer media hora de cola como pasaba el año pasado, cuando se repitió el récord de 109.000 congresistas ya alcanzado en el 2019.
La organización y todas las administraciones implicadas tratan de quitarle hierro al asunto. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha definido las afectaciones como “muy restringidas”, en la misma línea que la GSMA, que habla de “un pequeño número”. Aunque el congreso ha demostrado ser lo suficientemente resiliente como para superar la crisis de la covid y huelgas de todo tipo, ante cualquier atisbo de conflicto, John Hoffman y su equipo siempre pecan de cautos y minimizan el impacto.
Fuentes del sector sitúan las bajas en una horquilla de entre 5.000 y 10.000 asistentes que se pueden haber visto afectados por los problemas en los vuelos, con un impacto especial en el pujante público de Oriente Medio y de Asia, ya que son los que hacen escala en los aeródromos de la zona más caliente del mundo ahora mismo. “Entre un 20 y un 30% de mis compañeros no han podido llegar”, reconoce un trabajador de Xiaomi que viene de la India. Algunos se han quedado a mitad de camino allí donde tenían que hacer escala, a otros directamente les han cancelado el vuelo.
Solo los que viajaron con más antelación están en Barcelona. La Vanguardia explicaba este fin de semana como las tendencias entre los congresistas están cambiando y cada vez vienen con el tiempo más justo para ir directos al gran congreso. Estos tendrán el problema para volver si hacían escala en alguno de los aeropuertos del Golfo Pérsico.
Además de los profesionales asistentes, la agenda institucional también se ha visto alterada. El Rey y el presidente del Gobierno han encabezado la comitiva inaugural, aunque han sido varios los altos cargos de la Unión Europea, como la vicepresidenta Teresa Ribera, que han cancelado su asistencia debido a la crisis derivada del ataque a Irán por parte de Estados Unidos e Israel.
Este último país es precisamente el que preocupaba más al Ayuntamiento de Barcelona y a la Generalitat hasta que Donald Trump ordenó que las bombas cayesen sobre Teherán. Varias decenas de empresas israelíes están presentes en el salón y un grupo de activistas lo dejó patente con unos visibles carteles de rechazo que mostraban a los congresistas en el acceso del metro a la entrada de la feria.
El negocio se acaba imponiendo a las tensiones políticas en el interior de la feria, con presencia de Israel
Pese a que en septiembre el ministro de Comunicaciones de Israel había llamado a boicotear al Mobile como respuesta a las críticas de Pedro Sánchez, el negocio se ha impuesto. El Israel Export Institute ocupa un destacado espacio en una zona central de un pabellón, con diversas empresas apoyadas por el gobierno de Netanyahu.

Bajo el mismo techo, en este ágora geopolítica que es el Mobile, en la zona de start-ups, el llamado 4 Years From Now (4YFN), se puede encontrar también una pequeña representación de empresas tecnológicas de Palestina, principalmente del ámbito de Cisjordania. Las que no están desde hace cuatro años son las empresas rusas, en virtud de las sanciones internacionales impuestas desde que empezó la guerra en Ucrania.
Sin noticias de Doha
Una de las sorpresas del anterior Mobile fue el anuncio de que se celebraría un MWC regional en Doha. La primera edición tuvo lugar el pasado mes de noviembre. A diferencia del de Barcelona, que aglutina a público de todo el mundo, en ese evento la GSMA reunió a profesionales de diferentes países de Oriente Medio. Sigue la estela de los pequeños eventos complementarios que ya se vienen haciendo en Shanghai (para Asia), Las Vegas (Norteamérica) y Kigali (África). La segunda edición está previsto celebrarla a finales de este año y John Hoffman quería aprovechar el Mobile para anunciar a bombo y platillo algunas vistosas novedades acompañado de diversas autoridades del Golfo Pérsico. La situación política ha obligado a replantear ese anuncio y dejarlo para otro momento más adelante.
Los estands más grandes y vistosos, en todo caso, son los de las grandes empresas chinas, que desde hace tiempo llevan la voz cantante en el Mobile. Huawei ocupa un pabellón entero y lo más importante no son los aparatos que hay exhibidos en un lateral, sino las salas de reuniones que se esconden tras la muralla transparente flanqueada por personal asiático. Nada que ver con el panorama que se vivía cuando el salón aterrizó todavía con un pequeño formato en Montjuïc. Por aquel entonces, los expositores más grandes eran europeos.
La economía digital casi se duplica en Catalunya en las dos décadas del congreso
Es uno de los cambios más palpables en estas dos décadas de historia que el MWC celebra en Barcelona. La transformación también se ha trasladado a ámbito económico local. Desde el aterrizaje del Mobile en el 2006, la economía digital casi se ha duplicado en Catalunya, un 86% más, según un estudio presentado por la fundación Mobile World Capital Barcelona.
Dicho informe también apunta que las compañías dedicadas puramente a tecnología y los departamentos relacionados con ella dentro del resto ya representa un 25% del PIB de Catalunya, 68.800 millones de euros anuales. En cuanto a trabajadores, se cuentan unos 130.000 profesionales en el sector en Barcelona, un 6% de la fuerza laboral de la capital catalana. En este caso se han doblado en menos de una década. “Hemos sabido catalizar la transformación”, celebra la secretaria de Políticas Digitales de la Generalitat, Maria Galindo, que destaca la “complicidad entre las diferentes administraciones y las empresas tecnológicas” como parte de la receta del éxito conseguido.

Redactor de La Vanguardia especializado en infraestructuras, movilidad y urbanismo. También escribe de ferias y congresos. Antes siguió la actualidad de l’Hospitalet y el Baix Llobregat, donde está ligado a proyectos de información local

Periodista. Corresponsal de La Vanguardia en el Baix Llobregat y l’Hospitalet desde el año 2016. Apasionado de la información local y del área metropolitana de Barcelona. Contacto: [email protected]



