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El día que el deporte quedó ligado de por vida con la política en Argentina | Nota al Pie

Destacada. Creditos. Nota al Pie
El deporte argentino se vio marcado y manchado durante la dictadura por las atrocidades que sufrieron aquellos vinculados a las disciplinas que ostentaba un ideal político diferente al que regía en el país. Créditos: Nota al Pie

El pasado martes no fue un día más en la Argentina al cumplirse 50 años de la última dictadura cívico militar que duró desde 1976 hasta 1983. Bajo la influencia de Jorge Rafael Videla, se realizó un Golpe de Estado con el fin de encaminar un ‘proceso de reorganización nacional’. Durante ese oscuro período se contabilizaron cerca de 270 deportistas desaparecidos y se utilizó al Mundial de 1978 como propaganda política de ocultamiento por innumerables delitos.

Números que asustan

Si bien el deporte es considerado como un aspecto social, también posee una estructura formativa que en décadas pasadas sirvió para llevar el terrorismo a los más jóvenes. Las cifras finales de aquel lúgubre panorama argentino arrojaron 30.000 personas que sufrieron represión militar y jamás regresaron con sus seres queridos. Dentro de esa alarmante estadística, el rugby fue la actividad más afectada con un total de 152 desaparecidos.

A pesar de que hubo una disciplina con mayor cantidad de bajas, no fue la única que sumergieron en este calvario nacional. La lista contempla futbolistas, ajedrecistas, basquetbolistas, boxeadores, ciclistas, tenistas, atletas, voleibolistas y jugadores de hockey. Es un hecho de cada nombre merece una voz propia para contar su historia y no ser olvidado por la sociedad. Sin embargo, el caso más emblemático tiene como autor al fondista Miguel Sánchez.

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El tucumano desapareció el 8 de enero de 1978 con 37 años por un grupo de tareas en la ciudad de Berazategui. En tanto, su episodio provocó que sea homenajeado de manera anual en “La carrera de Miguel”, la cual tuvo su reciente edición el último domingo. Por su parte, otro suceso de gran alcance fue el de Daniel Schapira, quien representó al único tenista de la nómina y militaba en la Juventud Universitaria Peronista de la Facultad de Derecho.

La carrera del bonaerense brindó grandes emociones al formar parte del Top-10 del ranking nacional y jugar con el mítico Guillermo Vilas. No obstante, su luz de apagó cuando fue secuestrado en abril de 1977 con 26 años; mientras que, el día de su natalicio, 18 de octubre, se instauró el día nacional del profesor de tenis. Con respecto al fútbol, los números marcan que fueron 19 los desaparecidos con dos de ellos bajo el rol de profesionales.

Creditos. Tiempo de Belgrano
El pasado domingo se celebró en Núñez una nueva edición de la Carrera de Miguel, evento deportivo instaurado de manera anual para homenajear a Miguel Sánchez, una de las víctimas de la última dictadura. Créditos: Tiempo de Belgrano

Uno de los que dejó de lado el amateurismo fue el arquero Antonio Piovoso, quien disputó 3 encuentros en Gimnasia de La Plata y desapareció en diciembre de 1977. El otro nombre es el de Ernesto Rojas, quien jugó 11 cotejos en Gimnasia de Jujuy, salió campeón regional con Atlético Tucumán y fue secuestrado y acribillado en 1976. Asimismo, hay un caso de enorme popularidad con Claudio Tamburini como protagonista al ser secuestrado en 1977 y fugarse, el único en lograrlo, luego de 100 días de cautiverio para radicarse en Suecia.

Una estrategia sin efecto

A lo largo de los años que duró la dictadura, uno de los mayores epicentros estuvo en la Copa del Mundo de 1978 que se jugó en el país. Tanto la máxima justa internacional como el campeonato mundial juvenil en Japón de 1979, en el que Argentina se coronó, sirvieron para concretar campañas de poder político. La Junta Militar aprovechó los eventos deportivos para intentar mejorar su percepción nacional frente a las continuas denuncias por acciones ilegales.

Más allá que puertas adentro se oían gritos desgarradores de las víctimas de Estado, la careta que se mostraba al extranjero era de un país unido y apasionado. De manera opuesta, hubo sectores políticos locales como externos que aprovecharon el fervor del campeonato para revelar las diversas violaciones de los derechos humanos que la dictadura ejercía en la sociedad. Este fue uno de los métodos usados para enfrentar la situación crítica detrás de la pelota.

Los triunfos argentinos y su posterior consagración no cesaron las reiteradas denuncias por crímenes de lesa humanidad. De hecho, varios protagonistas europeos se negaron a participar del certamen; mientras que, otros decidieron hacerlo y acompañar a las víctimas para mantener una conciencia limpia. Esta inesperada respuesta humanitaria propició a que la dictadura catalogara dichas acciones como boicot o una ‘campaña anti-Argentina’.

Una gran muestra de esta infundida postura se generó de la mano de Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA). El organismo provincial elaboró un detallado informe sobre potables sabotajes durante el Mundial por pedido exclusivo de los bloques superiores. La información recolectada marcaba que existieron esas oposiciones en las obras de infraestructura, la previa de la actividad y las instancias finales con un grupo paramilitar acusado como el principal responsable.

Creditos. La Izquierda Diario
La Selección Argentina junto con Jorge Rafael Videla en la coronación por el título mundial, éxito que usó la Junta Militar como propaganda política para conservar el poder con una falsa imagen de un país unido. Créditos: La Izquierda Diario

Lo cierto es que se realizó una enorme inversión para conservar la localía mundialista cuando la economía se caía a pedazos y la violencia aumentaba. Incluso, el control absoluto del fútbol quedó con los militares al punto que se contrató a la empresa estadounidense Buson-Marstellar para un cambio de imagen. Más allá que los centros clandestinos operaban a metros de los estadios, el país mostró resistencia para que la mayoría de la población viera la verdad en 1979 con las primeras huelgas y movilizaciones.

El vínculo más fuerte

El fútbol fue la mayor apuesta de la dictadura con el ojo público puesto en el Mundial, competencia que provocó un masivo festejo en las calles durante la época más represiva del país. Pese a que la Junta Militar buscó colgarse de ese éxito para prosperar en el poder, su sueño quedó efímero al siguiente año con la crisis económica y el endeudamiento que derribaron su gran base del terror. Sin embargo, el rugby tuvo su propia historia fuera de los principales focos mediáticos.

La disciplina de la pelota ovoide sufrió su peor estadística en La Plata y Rosario, ciudades con un fuerte estatus universitario y compromiso político. Dentro de las instituciones con más bajas aparece La Plata Rugby Club que contabilizó 20 jugadores desaparecidos entre 1975 y 1978. A pesar de lo sucedido, el equipo continuó con sus presentaciones para usar ese espacio como forma de honrar las ausencias que diezmaron por completo sus vestuarios.

Una lista de 20 nombres no parece muy extensa pero en este contexto se siente eterna hasta la actualidad sin contar con una respuesta ante lo ocurrido. La misma comprende a Hernán Rocca, Pablo del Rivero, Hugo Lavalle, Abigail Attademo, Eduardo Navajas, Abel Vigo, Eduardo Merbilhaá, Marcelo Bettini, Mario Mercader y Jorge Moura como las primeras víctimas.

Para complementar también figuran Rodolfo Axat, Luis Munitis, Alejandro García Martegani, Otilio Pascua, Pablo Balut, Santiago Sánchez Viamonte, Enrique Sierra, Mariano Montequín, Julio Álvarez y Alfredo Reboredo. Cabe mencionar que la persona más chica tenía 20 años y el más grande 31 pero que todos compartían la pasión de la militancia al dividirse en diferentes agrupaciones para continuar con sus ideales.

El club se fundó en marzo de 1934 y recién en 1953 alcanzó la máxima categoría pero su crecimiento estuvo a la par de diversos Golpes de Estado. De hecho, sus jugadores no contemplaban el clásico estereotipo de clase alta o las derechas y en el norte del país era conocido como ‘escuela de guerrilleros’. La recuperación institucional nunca llegará pero para 1995 se tuvo un mimo al alma con el primer título deportivo; mientras que, en 2006 se conmemoró los 30 años de la dictadura con una plaqueta para sus jugadores.

En primera persona

Por si fuera poco, en 1982, sobre el final de la dictadura, se produjo la Guerra de Malvinas que duró desde abril hasta junio. Este conflicto internacional entre Argentina y Reino Unido por la soberanía de los fragmentos de tierra en el océano AtlánticoSur no contó con una declaración oficial. Asimismo, fue la última estrategia de la Junta Militar para mantenerse en el poder sin importarle la vida humana ni los grandes desembolsos económicos.

Más allá del trasfondo bélico, uno de los peores momentos de la historia argentina tiene un fuerte vínculo con el deporte que se rememora año tras año. El entrenador de fútbol Omar de Felippe es un ex combatiente que estuvo en los archipiélagos hasta el día de la rendición nacional. En 1981 realizó el Servicio Militar Obligatorio y en 1982, pocas horas antes de cumplir 20 años, vivió la toma de Puerto Argentino, el origen de su desembarco en el campo de batalla.

El DT siempre señaló que no sufrió heridas de gravedad pero que presenció la muerte cara a cara, una experiencia traumática de la que habló luego de 7 años. Su etapa como futbolista duró entre 1983 y 1994 con equipos de Argentina y Colombia pero recién se calzó el buzo de técnico en 2008 con Olimpo de Bahía Blanca tras ser ayudante. De hecho, su primer logro deportivo fue en la temporada 2009-2010 cuando ascendió con el Aurinegro como campeón de la Primera B Nacional.

La continuidad de su nuevo rol lo llevó a equipos como Quilmes, Independiente, Emelec de Ecuador, Vélez, Newell´s, Atlético Tucumán, Platense y Centra Córdoba. Dentro de su palmarés también se registra la Serie A de 2015 con los Eléctricos y la Copa Argentina de 2024 con el Ferroviario. Mientas que, consiguió un ascenso en 2011-2012 con el Cervecero y otro histórico en 2013-2014 con el Rey de Copas.

Lo destacable de su historia es que siempre habló de sus vivencias en Malvinas con los planteles argentinos como un método personal para que ese recuerdo colectivo no se olvide. En ese sentido, se enorgullece cada vez que puede de su mayor logro al ser veterano de guerra y en todo momento enfatiza que el fútbol le salvó la vida como un motivador constante tras regresar. Sin duda que su perspectiva cambió tanto con Malvinas como con el fútbol años más tarde.

Redacción

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