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Córdoba

El espejo de Milei y el laberinto de Llaryora

Entre el pragmatismo zigzagueante y la necesidad de un marco ideológico nítido, el gobernador de Córdoba intenta reordenar su tropa propia y la gestión capitalina mientras las finanzas crujen y la relación con el Gobierno nacional se debate entre el voto condicionado y la falta de certezas.

Aunque suene extraño, el gobernador de Córdoba reúne varias cualidades similares a las de Javier Milei: el gusto por acelerar en momentos críticos, un liderazgo hiperpersonalista que opaca a su entorno y esa pulsión por jugar al «todo o nada» cuando las papas queman. Sin embargo, hay matices que los separan: Llaryora carece del estilo confrontativo del libertario, se mueve dentro de una estructura política heredada y todavía no logra articular esa narrativa potente y agresiva que el Presidente sacó a relucir —es un decir— el domingo por la noche.

Esa faceta discursiva es la que le permite a Milei consolidar un tercio intenso de la opinión pública pero, sobre todo, establecer un orden político que, aunque parezca caótico, sirve de guía para un entramado variado. Podrán tildarlo de improvisado, pero consiguió una mayoría legislativa inédita, alineó a varios gobernadores y cosecha adhesiones masivas en capas sociales que ni se tocan, ya sea por ingresos o nivel de instrucción.

“A Llaryora le falta un frame, un marco donde meter toda la retórica del espacio; algo que concentre discursivamente al PJ, al cordobesismo, al interior productivo y a los descamisados. Un molde más o menos fijo al que puedas recurrir para saber qué hay adentro y qué no”, comentaba un consultor que mira la jugada de lejos, pero conoce bien la cancha y al votante cordobés.

El estilo zigzagueante del gobernador revela sus bandazos: pasó del cordobesismo que buscaba sumar intendentes radicales a recostarse en los propios del PJ para renovar el aire de la gestión. Saltó del federalismo de Provincias Unidas a intentar evitar el desmembramiento público de un espacio que debutó dividido. De defender el trabajo y la producción en campaña, pasó a pelearse con los gremios y votar —a cambio de casi nada— la reforma laboral. De sostener el silencio prudente del schiarettismo, pasó a pasearse por todos los festivales y hasta por el cumpleaños de algún empresario.

“Ser de centro exige bancársela. No se puede ser un poco de cada cosa según la semana o lo que se trate en el Congreso. Claro que el contexto impone condiciones, pero Llaryora y Pullaro pagan el precio de no estar definidos de manera nítida”, sentencia un consultor porteño que mide seguido en la provincia.

En busca del orden perdido

El orden que el gobernador necesita asoma tras una lógica de campaña que conoce como pocos y le entusiasma diseñar. Muchos intendentes peronistas, incómodos con la estrategia de octubre, le abrieron los ojos sobre los riesgos de sumar por un lado y restar por el otro. El “Riesgo Natalia”, al que minimizan en El Panal, entra en la ecuación aunque lo nieguen.

La decisión de elevar a Marcos Torres (intendente de Alta Gracia) como Ministro de Desarrollo Social es un mensaje directo a la nueva guardia y tiene un antecedente con aroma a delasotismo: Daniel Passerini dejó Cruz Alta en 2004 para asumir la misma cartera. De la Sota también valoraba a los jefes comunales por su capacidad de gestión y resolución de problemas, desde lo macro hasta una pelea entre vecinos.

Ahora, Llaryora afronta el desafío de apuntalar la intendencia de la Capital, bastante deslucida por los ahogos financieros y un gabinete que le respondía a medias a Passerini. Si antes era el interior el que inclinaba la balanza para el peronismo, el gobernador cree que esta vez la ciudad será, nuevamente, la clave. En el Palacio 6 de Julio celebran los nuevos planes de bacheo, la bulevarización de San Juan y Ambrosio Olmos, y la digitalización de trámites. En pleno trance de «peronizar» para conducir mejor, cerca del intendente se muestran calmos: “Daniel no se movió nunca de su lugar; los que salían movidos en la foto eran otros”, ironiza un funcionario.

Votos en el Congreso a cambio de algo

Los variados posicionamientos de los legisladores cordobeses durante el debate por la reforma laboral dejaron la sensación de que algún acuerdo fue prometido por Santilli y que la firma está al caer. La posible duplicación de fondos para cubrir parte del déficit de la Caja sería la promesa que nadie quiere confirmar. Aunque se concrete, la cifra está lejos de lo necesario, pero ayudaría a descomprimir una caja de rentas generales cada vez más exigua por la caída de la coparticipación, la baja recaudación propia y el recorte impositivo aprobado con el presupuesto. La solución de fondo debería aportarla la Corte Suprema, pero nadie ve a los ministros muy dispuestos a desafiar a Milei por ahora.

La verdad sobre la salud de las finanzas provinciales saltará en la paritaria docente. Los aumentos por cláusula gatillo (IPC) tienen un asterisco: la recaudación manda si esta no supera a la inflación. La UEPC considera inadmisible la propuesta y los ánimos están tan caldeados que los discursos de los delegados —tradicionalmente moderados— sonaron más encendidos que los de la izquierda en la delegación Capital.

Redacción

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