Diez años antes de la histórica escalada de Alex Honnold al rascacielos Taipei 101 que fue transmitida en Netflix, su cerebro fue estudiado para ver por qué parecía ser incapaz de reaccionar ante el miedo como el resto de las personas.
Honnold ya era una figura conocida en el mundo de la escalada en modalidad solo -es decir sin ataduras-; sorprendía al mundo, además de por sus ascensos, por su capacidad de asomarse a pendientes estrechísimas y no mostrar ningún signo de nerviosismo.
En 2016, la revista Nautilus compartió los resultados de un estudio que le hicieron a su cerebro en marzo de 2016, en la Universidad Médica de Carolina del Sur, en Charleston, y las cosas quedaron un poco más claras.
Honnold tiene un cerebro “interesante”
Aquella vez, Honnold ingresó en un escáner cerebral de resonancia magnética funcional (detecta la actividad en diferentes regiones del cerebro rastreando los flujos sanguíneos) y fue sometido a dos análisis principales: uno para saber cómo funcionaba su amígdala y otro para ver su respuesta ante la sensación de recompensa.
El primero, con el objetivo de entender si experimenta miedo como el resto; el segundo, para saber qué lo lleva a hacer lo que hace.
La amígdala es una pequeña parte del cerebro que funciona como centro de procesamiento de emociones, con el miedo como la principal. Cleveland Clinic explica que procesa lo que las personas ven o escuchan y utiliza esa información para identificar el peligro. Si alguien se encuentra con algo similar en el futuro, la amígdala provocará miedo o emociones similares.

El estudio fue llevado a cabo por la especialista Jane Joseph, una neurocientífica cognitiva que en 2005 supo ser una de las primeras personas en realizar ese tipo de análisis en personas con un alto nivel de búsqueda de sensaciones.
La hipótesis fue la siguiente: la amígdala de Honnold no funciona y el escalador busca experiencias en los límites del peligro pero es capaz de regular estrictamente las respuestas de la mente y el cuerpo a ellas.
Honnold fue sometido a ver una serie de 200 fotos específicamente puestas allí para hacerle sentir cosas. También fue invitado a jugar un juego por breves montos de dinero para analizar sus sensaciones ante la recompensa.
Al finalizar el análisis y ver los resultados de la resonancia, Joseph le dijo a Alex: “Tu cerebro está intacto. Y es bastante interesante”.
“Quizás su amígdala no esté funcionando”
“Quizás su amígdala no esté funcionando; no tiene reacciones internas a estos estímulos (…) Pero podría darse el caso de que tenga un sistema regulador tan desarrollado que pueda decir: ‘Ok, estoy sintiendo todo esto, mi amígdala se está activando’, pero su corteza frontal es tan potente que puede calmarlo”, reflexionó Joseph.
En comparación con la amígdala de otro escalador, que parecía «una luz de neón», la de Honnold se vio “gris, sin ninguna activación”. En ningún punto, con un umbral adecuado, se observó activación de la amígdala, confirmó Joseph.

Otro neurocientífico consultado, Joseph LeDoux, reaccionó con sorpresa cuando Joseph (su colega) le dijo que la amígdala se veía gris, como sin vida.
«Su cerebro probablemente esté predispuesto a ser menos reactivo a amenazas a las que otras personas responderían naturalmente, simplemente por las decisiones que ha tomado. Además, estas estrategias autoimpuestas que está usando lo hacen aún mejor, o más fuerte», comentó LeDoux.
Sobre la falta de activación de la mayor parte del cerebro de Honnold frente a la sensación de recompensa, Joseph dijo que le recordó a aquellas personas que buscan sensaciones y necesitan estímulos potentes para activar el circuito dopaminérgico que hace que una experiencia sea gratificante.

Honnold podría, en ese sentido, ser un «adicto a la escalada», agregó la neurocientífica. “Su afán de sensaciones podría llevarlo cada vez más cerca de sus límites como escalador libre. Al mismo tiempo, una cualidad definitoria de su escalada sin cuerda ha sido la meticulosidad y la premeditación que le imprime. El mayor riesgo para Honnold podría residir en la tensión entre esas compulsiones opuestas”.
Taipei 101: el día que Honnold hizo historia
Y esta última teoría puede que se haya demostrado el sábado, cuando Alex Honnold escaló el edificio Taipei 101, en Taiwán. En una hora y 31 minutos escaló 508 metros sin cuerdas. La hazaña fue transmitida en vivo en Netflix.
Antes de este logro, Honnold había trascendido más allá de su nicho del alpinismo por protagonizar Free Solo, un documental estrenado en 2018 que ganó el Oscar.
En Free Solo se puede apreciar la mayor hazaña del escalador estadounidense en un espacio natural. En ese caso, logró el primer ascenso en escalada en solitario libre de la ruta freerider El Capitán, (880 metros de altura) en el Parque nacional de Yosemite. Lo hizo en 3 horas y 56 minutos, el 3 de junio de 2017. Una tarea que, con el diario del lunes, mucho más compleja que la del fin de semana. ¿Y ahora qué sigue?

