Para los que creen que las casualidades no existen el dato podría confirmar algunos de sus temores: el 27 de marzo de 2018, a meses del Mundial de Rusia, Argentina jugó un amistoso con España en Madrid (en el estadio del Atlético). Y fue una catástrofe.
El entonces equipo dirigido por Jorge Sampaoli perdió 6-1. “Se sabía que visitar a España, uno de los mejores equipos del mundo, sin Messi, era un riesgo tal vez innecesario. No quería hacerlo el técnico y es un error de la AFA. Una mala idea. Pero había que jugar y nadie imaginaba que el equipo se incendiaría entre su propias llamas y el fuego colectivo de Isco y sus amigos”, escribió entonces este enviado especial tras la pesadilla futbolística.
También, algo que a la luz de lo que pasó después en la Copa del Mundo pareció una premonición: “Es imposible adivinar hoy las consecuencias que puede tener la bofetada (por usar las palabras de Sampaoli) que recibió una frágil Selección Argentina por la mano contundente de una impiadosa España. Pero las va a tener, eso es indudable. Un 6-1 deja huellas y heridos. No va a ser igual la relación del plantel con el técnico y sobre todo no será idéntica la lista que tenía en la cabeza el entrenador para llevar al Mundial”.
En el fútbol, los fantasmas no suelen descansar y este recuerdo seguramente sobrevoló molesto en la intimidad de la Selección Argentina desde que se confirmó la fecha de la Finalissima. El contexto actual es muy diferente, claro, pero en aquel entonces Claudio Tapia ya era presidente de la AFA, Lionel Scaloni tenía un lugar (secundario) en el cuerpo técnico y Lionel Messi (que fue reservado por precaución y en el entretiempo bajó al vestuario para hablar con sus compañeros, algo poco común). Esa noche entre los titulares estuvieron Nicolás Otamendi (autor del gol argentino), Nicolás Tagliafico y Giovani Lo Celso, Marcos Acuña y Lautaro Martínez (fue su debut, luego quedó fuera de la lista) ingresaron en el segundo tiempo, mientras que Leandro Paredes y Ángel Correa lo vieron desde el banco de suplentes.
Lo extraño, además, es que en la concentración de aquella Selección se aseguraba que Sampaoli y Julen Lopetegui (DT de España) habían acordado jugar un amistoso liviano. No ocurrió. Ahora, y desde hace tiempo, en el entorno del campeón del mundo nadie ocultaba que esta Finalissima se veía al menos como incómoda, por la fecha, por los riesgos, tal vez por el recuerdo en forma de puñal de aquel otro 27 de marzo…
En Rusia, ambas selecciones cayeron en octavos de final (Argentina ante Francia, España ante el local), pero hoy están consideradas entre las principales candidatas a la consagración mundialista dentro de tres meses. El riesgo deportivo y la eventualidad de lesiones corren para los dos lados. Entonces, ante la prolongada novela de la sede indefinida la pregunta surge sola: ¿quieren jugar la Finalissima o prefieren esperar que sea el Mundial el que los convoque a medir fuerzas?

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