En 1992 presenté en Washington DC un “paper”: “El Muro de Berlín cayó de ambos lados”. Era Profesor Invitado en Georgetown University y becario del “Woodrow Wilson Center”.
También acepté una invitación para visitar China durante 15 días, interesado en las reformas impulsadas por Deng Xiao Ping. Un año sabático en mi cátedra y actividad pública para reflexionar y ampliar perspectivas.
Las ideas del autor del “Fin de la Historia”, Francis Fukuyama, se expandían rápidamente y en general sin un análisis profundo. EEUU fortalecía su hegemonía global. Ideas y Realidad se realimentaban. Se necesitaba una lectura más integral de los motivos de la caída del muro de Berlín y del comunismo. No se analizaban suficientemente los cambios generados durante un siglo: desde la tecnología a las relaciones internacionales. Las diversas Democracias Occidentales fueron mas flexibles para adaptarse a los cambios, frente a la rigidez “ideologista” de la Unión Soviética.
La idea del Fin de la Historia tiene un error similar a “la culminación de la historia” con la llegada final a la “sociedad comunista”. Retomo este debate del Siglo XX con motivo de la presentación del Titular del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional del presidente Trump, Marco Rubio.
En la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich”, afirmó “que había que alejarse de la idea del Fin de la Historia, que era peligrosa para el nuevo siglo occidental”. Sorprendente reflexión casi 40 años después. Estimo que reiteran el error de Fukuyama y sus seguidores: ausencia de una visión integral de la historia de estas 4 décadas y del contexto actual.
Camila Perochena y Alberto Vergara analizan cómo el neoliberalismo de los 90s y la Nueva Derecha reinterpretan el pasado a favor de una específica narrativa. Los neoliberales, en ese clima del fin de la historia, propusieron un mercado universal que implicaba el fin de las especificidades históricas. Esta nueva derecha considera la política como campo de batalla cultural y restringe la noción de ciudadanía, es excluyente. Los neoliberales exaltaron el “mercado universal” como un espacio inclusivo, sin distinguir entre poder ser y no ser libres en él.
En los 90s se reescribía la historia para construir un mercado y una sociedad global sobre los fundamentos de una visión restringida del capitalismo occidental. La Nueva Derecha enfrenta el debilitamiento de las democracias republicanas de manera similar a los populismos de izquierda, con la idea del conflicto como única vía para el cambio, ignorando las ideas del poder democrático como articulador no dogmático del mismo.
Hoy estamos en el contexto de un Bipolarismo Conflictivo no Hegemónico entre EEUU y China. La potencia asiática, a partir de las reformas de Deng Xiaoping desde 1978, fue desarrollando capacidad industrial y comercial y desde esa base un complejo político, científico/ tecnológico, financiero, militar, nuclear y espacial. Simultáneamente desplegaron una exponencial presencia en el campo internacional y en los organismos multilaterales, con velocidad y diversificación, especialmente con la gestión desde 2013 del presidente Xi Jinping.
Este Bipolarismo no es Hegemónico. La interconexión de las dos economías es intensa y los esfuerzos que realizan para desacoplarse es complejo, crea dificultades a ambos y al comercio internacional. Grandes y medianos países no dejan de mantener relaciones con las dos. También entre ellos. Han crecido poderes fácticos no estatales globalizados, legales o del crimen organizado, que van construyendo una independencia relativa del poder de los Estados Nacionales.
EEUU definió, ya en gobiernos anteriores, que China era en esta época su principal adversario. La actual administración Trump inició una ruptura con el actual orden internacional que se gestó tras la Segunda Guerra Mundial y bajo el liderazgo del entonces poder dominante, los EEUU.
Mauricio Claver-Carone, muy cercano a Trump, sostiene que “un gran poder tiene que ser hegemónico en su región” y que EE. UU., para “ser grande otra vez”, debe desplegar un occidente americano que va desde Groenlandia hasta la Tierra del Fuego y sus proyecciones hacia el Ártico y la Antártida. La revalorización que la Administración Trump hace de nuestra región es, en buena medida, una consecuencia de la creciente presencia de China en América Latina.
En este contexto global hay que evitar alineamientos o confrontaciones automáticas. Es necesaria visión estratégica, valores, realismo y diplomacia, para un inteligente relacionamiento global y convergencia en la diversidad con los vecinos físicos e históricos.
Es un gran legado de nuestra democracia desde 1983 y fundamental para participar con relevancia a reconstruir un renovado y efectivo sistema multilateral. Los nuevos desafíos globales no pueden ser superados sólo a través de medidas domésticas. Los cambios históricos no pueden ser negados, pero si navegados a buen destino.
PD: Finalizado este artículo para editarlo, nuestro peor pronóstico se confirmó. Israel y EEUU atacaron Irán y países árabes donde estarían estacionadas fuerzas favorables al régimen. Irán reaccionó atacando Israel y varias bases militares norteamericanas ubicadas en naciones árabes del golfo. Esta escalada tiene objetivos más amplios y estratégicos que la anterior. En este instante no podemos evaluar el impacto en vidas, infraestructura y economía global. Puede significar un cambio cualitativo en la tensión entre transición y ruptura del Orden Mundial.

