Por Sandeep Wasnik, International Business Consultant, LatAm Intersect Communications
La revolución fintech en América Latina está entrando en una etapa transformadora en 2026. Está cambiando la forma en que millones de personas interactúan con los servicios financieros, impulsando la inclusión y renovando los pagos transfronterizos. Durante mucho tiempo, la región se caracterizó por grandes poblaciones desatendidas, sistemas financieros fragmentados y altos costos de remesas. Hoy se posiciona como líder emergente en innovación financiera y conectividad digital, impulsada por avances tecnológicos, reformas regulatorias y nuevos modelos de negocio.
La digitalización acelerada, sostenida por la penetración móvil, el comercio electrónico y políticas gubernamentales activas, ha dinamizado el ecosistema fintech latinoamericano. La plataforma brasileña de pagos instantáneos Pix es un claro ejemplo. Más de 150 millones de usuarios realizan miles de millones de transferencias en tiempo real cada año, convirtiendo las transacciones sin fricción en una realidad cotidiana.
México, Argentina, Colombia y Chile también han visto un auge en la creación de startups y soluciones bancarias basadas en tecnología. En toda la región, el número de plataformas fintech se duplicó en tres años, alcanzando casi 2.500 en 2021, y este crecimiento continuará en el 2026.
Las inversiones siguen la misma tendencia. Capitales globales y regionales destinan cientos de millones a neobancos, procesadores de pago y startups de blockchain. Estas empresas, sin las limitaciones de infraestructura tradicional, implementan modelos como finanzas embebidas, personalización con IA y tecnología regulatoria, lo que mejora de manera notable la experiencia del usuario y la eficiencia operativa.
Durante décadas, la exclusión financiera frenó el desarrollo económico en la región. En 2025, sin embargo, las billeteras digitales y los bancos digitales ofrecen una vía directa para salir de la informalidad a grandes sectores de la población.

Un elemento clave en esta evolución es la creciente influencia de Asia y Medio Oriente, regiones que hoy actúan como motores estratégicos del ecosistema fintech latinoamericano. Gigantes asiáticos de tecnología y pagos han incrementado su presencia a través de inversiones directas en startups, socios regionales y plataformas de pagos. Casos como la expansión de empresas chinas e indias en servicios financieros o las apuestas recientes de Ant International muestran cómo Asia busca profundizar su vínculo con América Latina, aportando capital, infraestructura tecnológica y modelos de éxito probados en mercados masivos.
Al mismo tiempo, Medio Oriente, particularmente los países del Golfo, está fortaleciendo puentes económicos con la región, impulsando iniciativas de cooperación financiera y promoviendo soluciones digitales que facilitan comercio e inversión. Incluso los stablecoins y otras tecnologías de activos digitales se están convirtiendo en un canal práctico para conectar a Asia, el GCC y América Latina, acelerando pagos, remesas y operaciones transfronterizas de empresas.
Durante décadas, la exclusión financiera frenó el desarrollo económico en la región. En 2025, sin embargo, las billeteras digitales y los bancos digitales ofrecen una vía directa para salir de la informalidad a grandes sectores de la población.
Hoy, cerca del 77% de los latinoamericanos cuenta con una cuenta bancaria, un avance decisivo. Nubank, que atiende al 57% de los jóvenes adultos brasileños, y otros neobancos de la región brindan acceso por primera vez a crédito, ahorro y pagos digitales.
Los millennials representan el 26,2% de los usuarios de banca móvil y en línea, seguidos de cerca por la Generación Z con 24,9% y la Generación X con 22,7%. Con una base de 677,5 millones de suscriptores móviles y una tasa de penetración del 126%, la conectividad móvil es sólida en todas las generaciones, lo que impulsa esta transformación fintech incluso en zonas rurales antes desatendidas.
Las regulaciones han sido clave. La Ley Fintech de México (2018) y reformas posteriores en Colombia y Chile fomentan la innovación, la competencia y la confianza en los servicios digitales. Los sandboxes y las políticas de finanzas abiertas permiten probar soluciones embebidas para microemprendedores, trabajadores independientes y comunidades rurales. En Chile, la alta adopción de teléfonos inteligentes y la fuerte bancarización han hecho que los pagos digitales sean comunes, mientras que Colombia experimenta un rápido crecimiento en pagos sin contacto y billeteras móviles.
En 2025, los pagos transfronterizos, tradicionalmente lentos y costosos, se volvieron instantáneos, accesibles y transparentes. La iniciativa Nexus, basada en APIs, conecta sistemas de pago nacionales para facilitar transacciones internacionales rápidas y simples, beneficiando tanto a empresas como a familias. Hoy, el 60% del gasto se realiza a través de canales digitales como billeteras móviles, códigos QR y pagos instantáneos, un salto notable desde el dominio del efectivo hace apenas una década.
A pesar del progreso, persisten desafíos. La armonización regulatoria entre países aún está en proceso. La volatilidad macroeconómica afecta los ciclos de inversión y las brechas digitales siguen separando zonas urbanas y rurales. Aun así, la tendencia es clara.
Las fintech y los bancos deben centrarse en tres frentes de ejecución en 2026: integrar las finanzas en el comercio electrónico, la movilidad y las plataformas de trabajo temporal; aprovechar la IA para la calificación de riesgos y los productos personalizados; y crear «productos corredor» que hagan que las remesas entre América Latina, el Golfo y Asia sean más baratas, instantáneas y totalmente transparentes. Las alianzas con inversores del CCG y actores asiáticos del sector de los pagos serán fundamentales.
Las proyecciones del mercado sugieren que la industria fintech de América Latina seguirá creciendo a tasas de dos dígitos hasta 2026 y más allá, y que el tamaño total del mercado aumentará de unos 15.000 millones de dólares a unos 54.000 millones a comienzos de la década de 2030. Se prevé que los pagos en tiempo real, como Pix y sus extensiones regionales, se conviertan en el método de pago minorista dominante para 2026, mientras que proyectos como Nexus y los vínculos entre Pix y UPI permitirán que las transferencias transfronterizas se liquiden en segundos.
Para 2026, es probable que América Latina se erija no solo como un ejemplo de éxito en inclusión financiera, sino también como coartífice de nuevas infraestructuras de pago y remesas más multipolares que conectan al Sur Global.
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