El 20 de marzo de 1974 la princesa Ana de Reino Unido, única hija de Isabel II y hermana de Carlos III, volvía en su Rolls-Royce conducido por su chofer al palacio de Buckingham.
Una nota del sitio Vanitatis cuenta que iban por The Mall, una larga calle que une Buckingham con Trafalgar Square, cuando otro vehículo bloqueó su paso.
Inmediatamente, el conductor de ese auto -que luego se supo su nombre: Ian Ball-, cuenta una nota de People, se subió al asiento delantero, ordenó a la princesa que se bajara, comenzó a disparar sin piedad e hirió al conductor, Alex Callender.
Viajaban también en el auto quien era su marido, el capitán Mark Phillips, su dama de compañía, Rowena Brassey, y el detective de Scotland Yard asignado a la princesa Jim Beaton, del equipo entrenado para defender a esa dinastía.
La princesa Ana de Inglaterra se defendió con mucho autocontrol del intento de secuestro Foto AFP.Antes, hasta llegar a la puerta del coche, siguiendo la nota de People, Ball había logrado traspasar con éxito a todo su equipo de seguridad. A tal punto que el revólver de uno de los guardias se trabó y entonces, el secuestrador pudo dispararle.
El secuestro frustrado
Vanitatis relata que el plan de Ball era secuestrar a Ana y pedir un rescate de dos millones de libras -2.700.000 dólares.
En una carta que fue encontrada en el auto, Ball especificaba que quería esa plata dividida en billetes de cinco libras, repartidos en 20 maletines y que deberían ser entregados en presencia de la propia reina Isabel II.
La princesa Ana es hermana del rey Carlos III de Reino Unido. Lo que no tuvo en cuenta es que Ana, quien entonces tenía 23 años y generaba gran atracción, sacaría a relucir el autocontrol frío y elegante asociado con los británicos. Con lo cual, cuando le pidió a punta de pistola que saliera del coche, ella contestó: «Not bloody likely».
Esta expresión de uso muy vulgar significa “Ni en broma” o “De ninguna manera”. La respuesta, al estar alejada a lo esperado para la realeza, permaneció oculta y recién se conoció 30 años después cuando fueron desclasificados los archivos del caso.
Finalmente, continúa la nota de People, un policía y un ex boxeador, Ron Russell que se había acercado al lugar pensando que se trataba de un accidente de tráfico logró reducir al delincuente. Gracias a su entrenamiento de alta competencia, golpeó y encaró al atacante y así logró frustrar el secuestro.
En 1984, la propia princesa Ana dijo en una entrevista en la televisión que había sido «escrupulosamente educada» con su atacante. Aunque, admitió que el único momento en el que perdió la compostura fue cuando, en medio del tumulto, su vestido se rasgó.
Un antes y después
Al desbaratar este intento de secuestro, hubo otras acciones positivas. La más resonante fue el cambio de vida que implicó para Russell.
La corona británica reconoció su accionar y valentía y decidió darle una jugosa recompensa que alcanzó para cancelar la hipoteca de su casa.
Ana de Reino Unido tuvo un momento de gran atracción para la prensa.Además, dice la nota de Vanitatis, junto al resto de hombres que intentaron evitar el plan de Ball, recibió la medalla de San Jorge, una condecoración civil que reconoce actos de valentía. Unos años más tarde decidió subastarla. Esto también resultó un alivio económico ya que recibió más de 50.000 euros.
Por otra parte, siguiendo con las fuentes citadas, a partir de ese momento se intensificó la seguridad de los miembros de la familia real. «No había ningún vehículo de respaldo. Eso fue un error. Pensábamos que no iba a pasar nada. Ahora están muy especializados y capacitados», admitió muchos años después el detective Beaton, quien intervino en el operativo.
Qué pasó con el atacante de la princesa Ana
Ian Ball fue detenido y procesado. Al presentar un diagnóstico de esquizofrenia, fue juzgado bajo la ley de salud mental inglesa y condenado a cadena perpetua en un hospital psiquiátrico. Pero fue liberado discretamente en 2019, según el Daily Mail. Luego, en una entrevista para ese medio aseguró ser inocente.

