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viernes, abril 4, 2025

El jugador: de “dealer” y vendedor de dólares falsos en Córdoba a apostador-lavador | Sucesos | La Voz del Interior

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En la ficticia localidad alemana de Ruletemburgo, Alekséi Ivánovich es el jugador. Está entregado al mundo de los juegos de azar y enamorado de Polina Aleksándrovna Praskovia, ambos reflejados en El jugador, la novela de Fiódor Dostoyevski.

Lejos de la ficción, otro jugador se arrojó afiebradamente a la clandestinidad lúdica, pero para lavar las ganancias de la venta de drogas en Bell Ville junto con su “Polina” vernácula.

El Tribunal Oral Federal N° 1 de Córdoba capital condenó en un juicio abreviado a Maximiliano Guillermo Agüero (a cuatro años y medio de prisión) y Johana Fátima del Lujan Gigena (cuatro años) por confabulación para el comercio de estupefacientes, lavado de activos y encubrimiento agravado.

Una tercera cómplice, Valeria Sofía Ortiz, recibió tres años por confabulación para el comercio de drogas y encubrimiento agravado por el ánimo de lucro.

Los mensajes anónimos

Casi como en una novela detectivesca, el 10 de septiembre de 2020 el secretario de la Fiscalía Federal de Bell Ville, Guillermo Ríus, llegó a la dependencia y encontró un texto anónimo depositado cerca de la alfombra del hall de ingreso.

Con lujo de detalles, el denunciante apuntó contra el padre de Agüero, empleado de un matadero, como quien manejaba importantes sumas de dinero y cheques de elevada cuantía que, en realidad, serían de su hijo, “Maxi”, apodado “Maní” o “Negro”, quien no trabajaba y residía con él.

Según la denuncia, “Maxi” decía dedicarse al negocio de las piletas de natación, sólo una fachada para ocultar el verdadero origen del dinero: el juego clandestino de dados, las bochas y la venta de drogas.

Para realizar su actividad, siempre de acuerdo con esta versión, “Maxi” contaba con protección policial y con la ayuda de un prestamista.

Más de un año después, el entonces fiscal José María Uriarte recibió una segunda denuncia anónima, de la misma persona. El denunciante apuntó ahora a la novia de Agüero hijo, Gigena, como su cómplice cercana.

El fiscal comenzó una investigación preliminar y solicitó al juez Sergio Pinto que ordenara una serie de intervenciones telefónicas. Uno de los diálogos captados permitió descubrir el trasfondo de la mecánica de la pareja, ya que aludió a “Negro Maní”, en clara referencia a Agüero, como dealer en Bell Ville.

Los investigadores determinaron también que el sospechoso residía, como sostenía la denuncia, con su novia e hijo en la casa paterna.

Sin ninguna actividad comercial definida, los pesquisas establecieron que “Maxi” en realidad adquiría personalmente la droga, que luego comercializaba en complicidad con su pareja. Ambos, como parte del plan delictivo, realizaban la distribución y recaudación de las ganancias no sólo en Bell Ville sino, además, en Justiniano Posse y en Monte Buey.

La tercera involucrada, Ortiz, cumplía la función esencial de guarda de las drogas en su casa de Bell Ville. También se encargaba de fraccionar las sustancias que le entregara la pareja y de acompañar a Gigena en la compraventa de los estupefacientes.

El jugador

Los negocios de Agüero y de Gigena eran diversos dentro del mundo delictivo. También se dedicaban al intercambio de cheques y a la compraventa de dólares falsos adquiridos a través de terceros (y que Ortiz atesoraba, en un intento por no quedar bajo sospecha ante un eventual operativo policial).

“Maxi” buscaba luego blanquear las ganancias de ambos negocios en juegos de azar clandestinos, para lo cual realizaba movimientos millonarios. Las colocaciones de los fondos por parte de Agüero no eran esporádicas; por el contrario, eran habituales en distintos sitios de Bell Ville y/o de localidades vecinas y hasta en Rosario. A pesar de las inyecciones de capital ilícito, las ganancias obtenidas del lavado no eran sustanciales.

“La mentada actividad lúdica se erigía como una pantalla para evitar que se conocieran las reales y verdaderas fuentes de ingresos de los sindicados, relacionadas, en efecto, con el tráfico de drogas”, sostuvo el entonces fiscal Uriarte. La acusación fue luego sostenida en el juicio por el fiscal general Carlos Casas Nóblega.

Con el dinero espurio, Agüero compró un Honda Civic EX-L, que registró a nombre de su padre (al igual que vehículos anteriores), pero que él y su novia manejaban. También contaban con una moto Honda XR y un Ford Ka.

Preocupados por cómo blanquear el dinero que continuaban recaudando de las drogas, pensaron incluso hasta en invertir grandes sumas en la compra de ganado. Cuando allanaron su casa, les encontraron $ 792 mil y tres cheques por $ 120 mil, $ 580 mil y $ 780 mil ($ 2.272.900 en total) a pesar de no tener ningún trabajo lícito.

En una de las escuchas, Gigena le dijo a una amiga que “Maxi” no trabajaba porque “estuvo mucho tiempo en la cag… y ahora vive de la timba y viaja todos los días a buscar plata a su manera…”. La mujer (habría realizado también actividades relacionadas con el cobro y/o pago de juegos de azar online) se mostró preocupada por no poder declarar bienes debido a que no contaba con un trabajo legal para justificar los fondos sucios.

Su amiga le sugirió pagarle a un contador para que “dibujara” los números, pero Gigena insistió en su temor: “Tenemos la XR adentro, tenemos el Civic, tenemos el mío que está afuera, todo puesto en la misma dirección, otra moto… Tenemos una casa grandísima y atrás tengo el departamento que se está edificando. Está la pileta. Uno tiene que salir a laburar”. A lo que su amiga le completó: “Y blanquear…”

Por su parte, a Ortiz le encontraron 600 dólares falsos y 28,1 gramos de cocaína que manejaba la pareja para la que ella “trabajaba”.

Fallo condenatorio

En el juicio abreviado, el juez Jaime Díaz Gavier –en uno de sus últimos fallos, ya que se jubiló a comienzos de este mes– condenó a los tres acusados. “Se ha demostrado que Agüero, Gigena y Ortiz se hallaban perfectamente coordinados y en permanente contacto para desarrollar su negocio ilícito”, indicó.

“Ello quedó evidenciado con las transcripciones de las escuchas telefónicas reseñadas: los diálogos mantenidos entre los nombrados denotan la existencia de dicho acuerdo de voluntad para la concreción del plan común que los unía”, afirmó.

“El conjunto de aspectos sintetizados da cuenta de actos exteriores unívocos e inequívocos que tornan tangible la determinación para el comienzo de ejecución de su propósito: la comercialización del material estupefaciente”, añadió.

Las ganancias de las drogas, sostuvo el magistrado, terminaron en “inversiones de juegos clandestinos”, la compraventa de dólares y la utilización del padre de Agüero para registrar los bienes y lavar los fondos.

Redacción

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