Julio Cao, el maestro que dejó todo para defender la soberanía nacional en 1982, es recordado a 43 años de la gesta de Malvinas.
A los 21 años, Julio Rubén Cao, docente de la Escuela N° 32 de Gregorio de Laferrere, tomó una decisión que marcaría su destino: alistarse voluntariamente para defender las Islas Malvinas. No había sido convocado para el conflicto bélico, pero su compromiso con la Patria lo llevó a presentarse en el Regimiento de Infantería Motorizada III General Belgrano de La Tablada y partir rumbo a Puerto Argentino.
Casado y esperando a su primera hija, dejó su vida en combate el 10 de junio de 1982, sin llegar a conocer a la pequeña Julia María, quien nació el 28 de agosto de ese año. Su sacrificio es recordado con respeto y admiración por los excombatientes de La Matanza.
«Para nosotros, Julio Cao fue un verdadero héroe de Malvinas», expresó Claudio Iglesias, presidente del Centro de Veteranos de Guerra local. «Dejó todo para defender la Patria, a diferencia de muchos de nosotros, que estábamos ahí por la colimba».
Su legado quedó marcado en la historia de La Matanza. «Matancero, maestro y héroe. Él entendió la magnitud del momento que estaba viviendo», rememoró Daniel Staffolarini, excombatiente.
Tras su muerte, su madre, Delmira Cao, se convirtió en un pilar de la Causa Malvinas. Fundadora de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur, acompañó a los veteranos hasta sus últimos días. «Ella dio su vida en la posguerra para mantener viva nuestra lucha», señaló Iglesias.
Las cartas enviadas por Cao a sus alumnos de la Escuela N° 32 aún conmueven. «Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña», escribió desde las Islas. Para honrar su memoria, la institución fue renombrada con su nombre, y su historia se preserva en el Centro de Veteranos de Guerra de La Matanza.