Hay sitios que parecen sacados de un sueño, y uno de ellos se esconde en Brasil. Aunque se le llama desierto, durante unos pocos meses al año el paisaje cambia por completo. Entre dunas inmaculadas brotan lagunas que reflejan el cielo, creando un escenario tan irreal como espectacular. Este rincón del planeta no solo fascina por su belleza, sino también por su fugacidad.
Un desierto que se inunda: El milagro de la lluvia en Maranhão

Ubicado en el estado de Maranhão, en el noreste de Brasil, el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses ofrece un espectáculo natural que no tiene comparación. A simple vista, parece un desierto de dunas blancas que se extiende hasta donde alcanza la vista. Pero entre los meses de enero y junio, las lluvias tropicales transforman el terreno árido en un paisaje surrealista.
El agua se acumula en las depresiones entre las dunas, formando lagunas naturales de color turquesa y esmeralda. Algunas pueden alcanzar hasta 100 metros de largo y varios metros de profundidad. Es en estos meses cuando el parque muestra su faceta más espectacular, atrayendo a viajeros de todo el mundo que quieren nadar en sus aguas y perderse entre arenas que parecen moverse con el viento.

El momento ideal para visitarlo es entre julio y septiembre, cuando las lluvias han cesado pero las lagunas siguen llenas, y el cielo despejado crea el contraste perfecto con las aguas cristalinas. Este fenómeno único ha convertido al parque en uno de los destinos naturales más sorprendentes del planeta.
Belleza frágil: Turismo, conservación y un ecosistema en riesgo

La fama creciente de los Lençóis Maranhenses ha traído consigo una oleada de turismo. Cada año, millones de personas llegan —principalmente a través de la ciudad de Barreirinhas— para recorrer el parque a pie o en vehículos todoterreno. Pero esta afluencia masiva también plantea riesgos importantes.
El ecosistema del parque depende estrictamente de las lluvias estacionales. Si las precipitaciones disminuyen por efecto del cambio climático, o si la actividad turística se vuelve invasiva, la magia del lugar podría desvanecerse.
Consciente de su importancia ecológica y cultural, la UNESCO ha incluido al parque en su Lista del Patrimonio Mundial, lo que refuerza la necesidad de protegerlo. Preservar este entorno exige no solo controles estrictos sobre el turismo, sino también una gestión ambiental que garantice su sostenibilidad a largo plazo.
El «desierto inundado» de Brasil es una joya natural, única en su tipo. Pero también es un recordatorio de que los paisajes más hermosos del planeta son, muchas veces, los más vulnerables. Y conservarlos depende de la mirada que el viajero elige llevar consigo.