Detrás de su aparente monotonía, el monte austral alberga un tesoro. En las áridas tierras del norte de la Patagonia tiene lugar una ecorregión sumamente diversa que se aprovecha del modo más sostenible.
Son pocas las actividades económicas que sacan provecho de un recurso natural sin menoscabarlo. Sin embargo, hay una práctica prehistórica que no ha perdido vigencia y que, por el contrario, favorece la supervivencia no solo de biomas específicos, sino también de toda forma de vida en la tierra.
Es que, pese a la intervención del ser humano en la actividad, la producción del bien en cuestión es llevada adelante por un animal. Y no hablamos de cualquier animal, sino del ser vivo más importante del mundo: las abejas.
La producción del bien en cuestión es llevada adelante por los seres vivos más importantes del mundo: las abejas.
La apicultura en el monte austral está muy ligada a la biodiversidad, ya que las abejas, al polinizar las plantas nativas, aseguran su regeneración y el equilibrio del ecosistema. Esta actividad no solo mantiene la flora local y beneficia a otras especies al incrementar la disponibilidad de frutos y semillas, sino que también representa una alternativa productiva sostenible, incentivando la conservación del monte en lugar de su degradación.
La miel obtenida reproduce el intenso y exquisito perfume de las flores autóctonas, convirtiéndose en un producto único y con un inequívoco sello patagónico. En Catriel, localidad al norte de Río Negro, Patricia Coronado y Oscar Ford vieron el potencial de la oferta florística de la región, y hoy exportan miel extraída cuidadosamente en su planta ubicada en el parque industrial de la ciudad. Con el nombre de la empresa y la marca, rinden tributo a este maravilloso ecosistema: se llama Monte Austral. A esta pareja no solo los une el amor mutuo, sino también la pasión por lo que hacen.
El maravilloso monte patagónico
En la Patagonia extraandina se distinguen dos ecosistemas: uno es la estepa patagónica y el otro es el monte austral, como se observa en el mapa adjunto. Estas ecorregiones ofrecen floras distintas, debido a diferencias climáticas. “En la estepa, la temperatura media anual es inferior a los 13°C, mientras que en el monte es mayor; ello está asociado a la altitud: el monte austral ocupa las zonas más bajas, ubicadas en el norte de la Patagonia”, explicó la bióloga Marcela Ferreyra, en diálogo con Diario RÍO NEGRO.

Estas mayores temperaturas, combinadas con la aridez característica de la Patagonia extraandina, hacen que la floración del monte austral tenga características propias. Inicia tempranamente, a comienzos de la primavera, y es de corta duración. Esto hace que una multiplicidad de plantas estén florecidas simultáneamente en octubre y noviembre de cada año.
Esto no solo cambia y embellece el paisaje, sino que tiene implicaciones relevantes para la apicultura. “Hay tanta oferta de flores que se da una superabundancia de polinizadores de todo tipo; no solo abejas, sino también mariposas, moscas, avispas, coleópteros y aves”, explicó Ferreyra, quien además destacó la gran cantidad de flores que producen las plantas. “Se juegan al todo o nada y se llenan de flores, es un espectáculo increíble”, resaltó.
«Llama la atención la cantidad de flores que produce cada planta, se juegan a todo o nada y se llenan de flores. Es un espectáculo increíble.»
Marcela Ferreyra, bióloga, sobre la flora del monte austral.
Pero la oferta florística de este ecosistema no solo es abundante, sino también sumamente variada. Pese a su aridez característica, el monte austral y la estepa patagónica poseen una biodiversidad asombrosa. “Allí viven 1.500 de las 2.500 especies que existen en la Patagonia”, ilustró la bióloga. Esta diversidad es, no obstante, difícil de apreciar a simple vista: la vegetación luce muy similar debido a su adaptación a los veranos calurosos y áridos.
La riqueza botánica del monte austral no solo sostiene su biodiversidad, sino que también se refleja en la miel que allí se produce. En diciembre pasado, Diario RÍO NEGRO visitó los campos y la planta de Monte Austral, empresa apícola emplazada en la ciudad rionegrina de Catriel. En ese entonces, se estaba iniciando la temporada, con la cosecha de las primeras alzas. La miel contenida en ellas fue producida por las abejas en la primavera, durante la floración de la vegetación autóctona del monte.

“Proviene de néctares de alpataco, de chañar, de chañar brea, piquillín, jarilla, molle y senecios, entre otras plantas”, explicó la licenciada Josefina Winter al tomar el primer contacto con la miel. La especialista lideró el Panel de Análisis Sensorial de la Miel del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y actualmente está a cargo de la Dirección Técnica Patagonia Norte del organismo.
Cada miel tiene un sello distintivo ligado a su origen botánico. La diversidad de colores, aromas y sabores responde a las especies florales de las que proviene el néctar. En la visita a la empresa catrielense, Winter degustó la miel recién cosechada y extraída y compartió sus apreciaciones. “En esta miel se notan aromas cálidos, que nos remiten al flan o a la vainilla, y este tipo de olores y estos colores claros los suelen dar el alpataco y la brea”, explicó la científica. En el laboratorio del INTI los aromas de las mieles están clasificados en familias como florales, frutadas, cálidas o incluso con notas animales.
«En esta miel se notan aromas cálidos, que nos remiten al flan o a la vainilla, y este tipo de olores y estos colores claros los suelen dar el alpataco y la brea.»
Josefina Winter, exlíder del Panel de Análisis Sensorial de la Miel del INTI, sobre la miel producida en el monte austral.
En cuanto a la textura, Winter explicó que la miel recién cosechada es líquida, pero que con el tiempo cristaliza, lo cual es un proceso natural. La velocidad de cristalización y el tamaño de los cristales dependen de la composición de la miel, en especial del tipo de azúcares que contiene, y varían según la flora de origen. A diferencia del azúcar refinado, la miel conserva nutrientes esenciales como minerales y vitaminas, además de compuestos antioxidantes que cada vez son más estudiados por sus beneficios para la salud.
Así, cada frasco de miel de Monte Austral encierra no solo el esfuerzo de miles de abejas y apicultores, sino también la esencia del monte patagónico.
Monte Austral: el proyecto detrás del ecosistema
Para que la miel llegue con toda su pureza a los consumidores, el invaluable trabajo de las abejas debe complementarse con buenas prácticas de manufactura. Patricia y Oscar, dueños de la empresa apícola Monte Austral, no solo tienen en claro esta idea, sino que además la aplican con rigurosidad en todos los eslabones de la cadena: cosecha, extracción, fraccionamiento y envasado.
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El proceso productivo de la empresa Monte Austral. Foto: Juan Thomes.
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El proceso productivo de la empresa Monte Austral. Foto: Juan Thomes.
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El proceso productivo de la empresa Monte Austral. Foto: Juan Thomes.
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El productor y el recurso. Foto: Juan Thomes.
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El proceso productivo de la empresa Monte Austral. Foto: Juan Thomes.
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La miel tiene una multiplicidad de usos culinarios. Foto: Juan Thomes.
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El proceso productivo de la empresa Monte Austral. Foto: Juan Thomes.
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El proceso productivo de la empresa Monte Austral. Foto: Juan Thomes.
La ubicación de las colmenas es la primera decisión clave en esa búsqueda de la excelencia. “En esta zona no hay monocultivos, no se utilizan agroquímicos, es zona de monte natural, por eso nuestra miel es 100% pura; y, como cuidamos tanto el proceso, el producto está libre de químicos y, además, certificado libre de gluten y con sello Kosher”, señaló Patricia.
Las buenas prácticas de manufactura comienzan en el campo, con el cuidado del eslabón fundamental de la actividad apícola: las abejas. “El operario debe trabajar con humo para que la mayor cantidad de abejas queden en el monte y no lleguen a la sala”, agregó la empresaria.
«Nuestras buenas prácticas de manufactura no solo son para cuidar la higiene, sino también para cuidar las abejas.»
Patricia Coronado, empresaria apícola.
Ya en la planta industrial, el foco está puesto en la higiene y la manipulación del producto. Por ello, se capacita al personal y está claramente delimitada la zona limpia del establecimiento. Las instalaciones, maquinarias y herramientas empleadas son de acero inoxidable, y la trazabilidad del proceso está bien definida.
El estricto seguimiento de normas les permitió crecer. Hoy la producción de Monte Austral ronda los 60.000 kilos anuales de miel, de los cuales la mitad se exporta. En el mercado interno, el producto llega en numerosas presentaciones a toda la Patagonia, La Pampa y Buenos Aires. “Me pone contento ver que en góndolas de Ushuaia y Río Grande haya miel producida y envasada en Catriel, tiene identidad rionegrina, patagónica”, marcó Oscar.
«Ojalá seamos espejo para gente que quiera iniciarse en una actividad vinculada, queremos que sepan que se puede».
Oscar Ford, empresario apícola.
Lo conseguido por esta pareja de apicultores es motivo de orgullo. Oscar recordó los inicios de la firma: “partimos nuestra casa al medio y la pusimos en condiciones para obtener las habilitaciones, y logramos todo esto, instalarnos en el parque industrial. Por ello, la definió como “la tradicional empresa de garaje”.
El puntapié inicial nació de la mera observación del lugar. Patricia, cuando comenzó la tecnicatura en producción y gestión apícola, notó la enorme oferta floral que existía en la zona. “Si bien ya había apicultores, vi que había potencial para desarrollarla en mayor escala. Después lo conocí a Oscar, porque él compraba miel y yo estaba produciendo, nos casamos y decidimos desarrollar a mayor escala este proyecto que tanto nos apasiona”, dijo.

Hoy los satisface no solo la evolución de la empresa. También es motivo de felicidad agregar valor a una producción primaria tan noble y tan distintiva de la provincia de Río Negro, generar mano de obra directa e indirecta y ser inspiración para muchas otras personas que desean incursionar en la actividad.
“Esto, con un poco de imaginación, no tiene techo. Me gustaría desarrollar la actividad en toda la Patagonia, y que lo que nosotros hicimos lo pueda hacer un montón de gente más. Queremos ser espejo para otros emprendedores”, cierra Oscar, siempre mirando a futuro, sin descuidar la excelencia del presente.