Bajo consignas contra el ajuste y la violencia, una multitud se movilizó en Buenos Aires y las principales ciudades del país. «Ni un paso atrás», el grito que unificó a distintas generaciones en una jornada histórica.
Como cada 8 de marzo, las calles del centro porteño se transformaron en un escenario de reclamo, resistencia y encuentro. Miles de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries marcharon hacia la Plaza del Congreso en una de las convocatorias más potentes de los últimos años, marcada por un contexto de fuerte confrontación con las políticas del Ejecutivo nacional.
Un reclamo que trasciende la efeméride
La marcha de este 2026 no fue una más. A la histórica demanda por el fin de los femicidios y la brecha salarial, se sumó este año un eje central: el impacto del ajuste económico en los hogares liderados por mujeres y la defensa de las políticas públicas de género que han sido desmanteladas recientemente.
«No marchamos solo por nosotras, marchamos por las que ya no tienen voz y por las que hoy no pueden llegar a fin de mes», comentaba una de las manifestantes frente a las vallas que rodeaban el Palacio Legislativo. Los carteles, hechos a mano en cartón, reflejaban la urgencia: «La deuda es con nosotres», «Comer es un derecho» y el ya clásico «Ni Una Menos».
El color de la resistencia

La jornada comenzó temprano con concentraciones en diversos puntos de la Ciudad. Columnas de sindicatos, movimientos sociales, agrupaciones estudiantiles y miles de personas que asistieron de forma independiente confluyeron en una marea de pañuelos verdes y violetas.
A pesar del clima de tensión política tras los videos difundidos por la Casa Rosada, la movilización se desarrolló con un espíritu de cuidado colectivo. Hubo intervenciones artísticas, música en vivo y lecturas de documentos que denunciaron el aumento de la violencia simbólica y física hacia el colectivo LGTBIQ+.
Los puntos clave del documento final
En el cierre de la jornada, se leyó un documento consensuado que hizo hincapié en:
- La emergencia alimentaria: El rol fundamental de las mujeres en los comedores populares y la falta de presupuesto para sostenerlos.
- Defensa de los derechos conquistados: El rechazo absoluto a cualquier intento de retroceder en leyes como la de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) o la Educación Sexual Integral (ESI).
- Justicia por los crímenes de odio: El pedido de justicia por los recientes ataques a la comunidad travesti-trans que conmocionaron al país.
El pulso de Vive
Desde Vive, recorrimos las columnas para entender qué moviliza hoy a las nuevas generaciones. Vimos a adolescentes marchando junto a sus abuelas, unidas por un mismo hilo conductor: la certeza de que los derechos se conquistan en la calle y se defienden de la misma manera.
En un 8M donde la provocación oficial buscó dividir, la respuesta en las calles fue de unidad. El movimiento transfeminista demostró, una vez más, que es uno de los actores políticos más dinámicos y resilientes de la Argentina actual.




