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“El mural de Siqueiros no se vende”, dice la nueva directora del Museo de la Casa Rosada

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05/02/2024 13:13

El Museo de la Casa Rosada ya tiene directora. Virginia Fernanda González, ex directora concursada del Museo Nacional Sarmiento, acaba de renunciar a su cargo en esa institución para asumir como directora de Programas Públicos y Museo de la Casa Rosada. Tal es su nuevo y viejo nombre legal.

En diálogo con Clarín Cultura, la directora admite que escuchó la versión de una supuesta venta del mural “Ejercicio Plástico”, de David Alfaro Siqueiros, la única obra del artista mexicano en nuestro país y una de las dos obras suyas fuera de su país natal (la otra está en Chile).

“El mural está en muy buen estado de preservación y es un atractivo del Museo, aunque no es el único”, dice González defendiendo el perfil de una institución que nació para custodiar y preservar objetos, documentos y atributos de ex presidentes argentinos. Por ley, en el Museo de la Casa Rosada solo pueden exhibirse bienes de mandatarios hasta tres décadas atrás. Los más recientes deberían, en teoría, esperar 30 años para que sus objetos puedan exponerse.

Sin embargo, la llegada de Néstor y Cristina Kirchner puso la ley patas para arriba. Y, más allá de que la norma no fue derogada sino que tiene plena vigencia –según explicó la directora Virginia González a Cultura–, hay en la exposición actual un espacio especial para Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

¿Comodato, expropiación o qué?

En 2010, con motivo del bicentenario de la Argentina, durante su primera presidencia la entonces presidente firmó un acuerdo de comodato con Dencanor, la empresa que por entonces era dueña del mural de Siqueiros. A cambio, el Estado se hizo cargo de una restauración que estuvo en manos de cuarenta especialistas argentinos y mexicanos, bajo la dirección del maestro mexicano Manuel Serrano.

Sin embargo, la realidad es que el mural fue a la Casa Rosada en préstamo. Como dijo entonces el abogado de Dencanor, Luis Porcelli, “fue un comodato con promesa de devolución y, luego un permiso de exportación temporaria para que la obra viajara por el mundo. No pasó y se dictó la expropiación”.

El Congreso de la Nación aprobó por ley la expropiación de “Ejercicio Plástico”, lo que enturbió al ya cenagoso proceso judicial que envuelve la obra de Siqueiros desde que se extrajo de su locación original, en el sótano de la quinta Los Granados de Natalio Botana.

Ello condujo a Dencanor a pedir la inconstitucionalidad de la expropiación por la existencia del convenio previo. El pleito tuvo dos fallos a favor del Estado y ahora está en la Corte Suprema de Justicia.

Como ha dicho Porcelli, la empresa no quiere la expropiación, sino el mural. Pero si la Justicia decide que hay que expropiar, el Estado tiene que pagar. El monto se define en otro expediente ante un Tribunal de Tasación.

Pero volvamos al origen del entuerto: como contraprestación por la expropiación, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ofreció judicialmente 12 millones de pesos, depositados en un juzgado. A hoy, merced a la licuadora inflacionaria, es una suma irrisoria. Dencanor jamás aceptó la tasación y decidió ir contra la expropiación en una demanda por 200 millones de dólares.

En síntesis: según el abogado de Dencanor, el Estado dispuso de la obra artística sin pagar contraprestación. Lo que no es del todo cierto, pues se hizo cargo de la restauración y el emplazamiento actual, al tiempo que judicializó su oferta de 12 millones de pesos.

La directora González tranquiliza las aguas y nos dice, en una de las tardes más calientes de enero en Buenos Aires, que el Siqueiros se queda donde está: en el Museo de la Casa Rosada. Y agrega que se ha nombrado a un nuevo tasador para que se cotice de nuevo el valor de “Ejercicio plástico”, de David Alfaro Siqueiros, a fin de resolver definitivamente el problema.

Museo con dos nombres

El área de pertenencia del Museo de la Casa Rosada es la Dirección de Programas Públicos. Fue renombrado Museo del Bicentenario por Cristina Fernández de Kirchner en su primera presidencia, retomó el nombre original durante la gestión de Mauricio Macri, y volvió a ser del Bicentenario con Alberto Fernández. No es una boutade ni una decisión al azar. El nombre de una institución define también su impronta.

Destaca la directora González –cuya área depende de la secretaría general a cargo de Karina Milei– que si bien el mural de Siqueiros es una de las atracciones del público que lo visita, la gente llega también interesada en conocer los objetos personales que pertenecieron a presidentes constitucionales del país.

La actual exposición, que incluye objetos y documentos de las presidencias de Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Mauricio Macri, Néstor y Cristina Kirchner, seguirá hasta noviembre, ocasión en que la directora espera tener definido el “relato curatorial, la visión y misión del Museo para poder generar un programa de actividades y una nueva exhibición”. Los bienes hoy expuestos serán puestos a resguardo hasta que la ley permita su exposición pública o se cambie la ley.

“Recién el año próximo podremos exponer objetos y documentos de Menem, pues su primera presidencia concluyó en 1995. La ley lo determinó así por una cuestión de distancia histórica y política”, dice la directora.

Un dato interesante: Virginia González se verá obligada a realizar un relevamiento de visu –con lo que ello conlleva en términos de responsabilidad penal y civil– pues la anterior directora, Andrea Rabollini (ex cuñada de Daniel Scioli y nombrada en el Museo por el ex secretario general Oscar Parrilli, en la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner), no dejó ni informe de gestión ni inventario histórico, que van por separado al inventario patrimonial que sí está.

Los desafíos que encarará en lo inmediato la flamante directora son: el ordenamiento patrimonial para adecuarlo a las normas internacionales, reactivar el fuerte que está en la parte posterior de la vieja Aduana Taylor (sede del Museo de la Casa Rosada) y trabajar el guión curatorial del Museo, que actualmente no tiene. Por otra parte, la funcionaria elaborará un programa de activación cultural para los próximos tres años, período para el cual fue designada.

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, será su bautismo a cargo de la institución, con una muestra sobre primeras damas de presidentes constitucionales hasta la gestión de Raúl Alfonsín. Por ley, Zulema y Zulemita Yoma deberán esperar hasta 2025 para ser homenajeadas.

–¿Cuál es el nombre legal del Museo?

–El Museo del Bicentenario que se crea en 2010, con motivo de los dos siglos de la Independencia, es anexo a este Museo de la Casa Rosada, creado por ley 5579, de 1957. Este es su nombre legal. Por una resolución del secretario general Oscar Parrilli, se lo denominó Museo del Bicentenario. Durante la presidencia de Mauricio Macri recobró el nombre legal y por un decreto de Alberto Fernández volvió a llamarse Museo del Bicentenario. Pero la unidad de pertenencia es la Dirección de Programas Públicos y dependo de la secretaría general Karina Milei y de la subsecretaria María Belén Agudiez, que me convocó para este cargo. Mi superior inmediata es Marité Verdasco.

–¿Qué la decidió a aceptar este desafío teniendo usted un cargo concursado en el Museo Nacional Sarmiento, prorrogado por tres años desde 2023?

–Me reuní con María Belén Agudiez, con Mariano Delorenzi (jefe de gabinete de Karina Milei) y con Marité Verdasco, además de la subsecretaria de administración, y me dieron toda la libertad de acción, mientras no quiera que le vaya mal al gobierno. Eso fue lo que me dijeron y lo que me decidió a venir. No tengo limitaciones en el discurso, mientras sea coherente y no lapidario, y no se contradiga con la gestión. No tengo problemas en las líneas que quiera plantear. Estamos trabajando con todas las áreas. Es gente que ama el Museo y no trabajan ideológicamente. No sé cuál es su línea política y no me parece importante. María Belén le propuso el cargo a Daniel Balmaceda, con quien tengo una amistad que comenzó cuando él investigaba para su libro sobre Sarmiento. Es un investigador muy intenso y vino durante toda la pandemia a consultar el archivo y así fue que trabamos una amistad. Dimos charlas juntos, y cuando Belén le propuso el cargo a Daniel, como él vive en Uruguay le sugirió mi nombre. Estuve cinco años en el Museo Sarmiento, cargo al que llegué por concurso en 2018.

–¿Se reunió con su antecesora, Andrea Rabollini?

–No, cuando llegué ella ya no ocupaba el cargo. Y no dejó el informe de gestión e inventario. Este museo es una particularidad. Los museos nacionales tienen disposiciones y normativas de funcionamiento que el Museo de la Casa Rosada no tiene. Por ello, el manejo y el ordenamiento es distinto. Ya sea que dependa del ministerio del Interior o del ministerio de Cultura, cada área tiene su museo. La normativa más ordenada es la de los museos nacionales, que hoy dependen de la Secretaría de Cultura de la Nación. Eso significa que cuando una gestión concluye está fijado que el funcionario ingresante recibe un informe de gestión y todos los inventarios, tanto patrimonial, como artístico, histórico, archivístico, bibliotecológico, todo firmado. Pero yo no tengo nada, me hago cargo del museo sin ese traspaso. Voy a tener que hacer es un diagnóstico de situación y tendré que hacer un inventario de visu (verificación de los bienes culturales patrimoniales), que es lo más peligroso porque una carga con una responsabilidad penal y es muy grande.

–¿Cuál es el acervo actual del Museo?

Tiene actualmente 13.000 piezas y no está inventariada en su totalidad. Hubo un sistema de gestión online creado en la presidencia de Macri, pero no se terminó. Hay 4000 piezas ingresadas en esa base, lo que implica decir que falta ingresar a ese sistema 9000 piezas. Eso no significa que falten. Esas piezas están y el museo tiene un equipo sólido de 30 personas en este trabajo. Cada objeto tiene un legajo, como si fuera un archivo médico, con las fotos, la ficha y toda la información de la pieza. Pero falta hacer un barrido de la colección, fundamental para empezar a pensar un catálogo, o una exposición o un proyecto de investigación. Pero sí hay un inventario patrimonial.Todos los museos tienen dos líneas. Una es el inventario patrimonial donde figuran todos los bienes del Estado que tienen que ser registrados. Y luego están los históricos, artísticos, etc. que son aparte. La existencia del inventario patrimonial nos permite buscar las piezas que están depositadas y resguardadas.

–Además de estas piezas, usted va a gestionar una obra artística en litigio judicial: el mural “Ejercicio Plástico” de Siqueiros.

–(Se ríe) Ah sí, es un tema. Esa obra no tiene que ver con la misión del Museo. Lo estamos custodiando, pero es un problema porque no tiene que ver con la función del Museo de la Casa Rosada, que es un museo de presidentes. Más allá de que es muy valioso y con todos los problemas judiciales que ha tenido, nosotros solo lo custodiamos. El Museo abre de miércoles a domingos de 11 a 18. Antes se abría tres días, pero decidimos extender horario y días. Recibimos entre mil y 1500 personas por día. La gente no solo viene a ver el Siqueiros, aunque sí es una de las piezas que más atrae.

–¿Es cierto el rumor de que están pensando en cobrar entrada?

–Lo que se comenta en la red de museos es que podría comenzarse con una prueba piloto, que encararía el Museo Nacional de Bellas Artes, para cobrar entrada a turistas extranjeros. En Europa si sos extranjero te cobran en todos los museos. Para el Estado, los museos son un gasto enorme. Si se cobrara a turistas extranjeros un museo podría hacerse sostenible.

–¿Cuál es la pieza más valiosa de este Museo?

–Hay muchas. Para mí, el secreter de Sarmiento o la mecedora que se trajo de Estados Unidos; pero porque vengo de gestionar ese Museo. El Escudo de la Confederación también es muy importante.

–Comentaba usted antes que la expo de objetos de presidentes posteriores a los últimos 30 años no se ajustan a la ley. Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner.

–Hay una sección de ellos. Pero para adecuar el Museo a la ley no estarán incluidos en el relato que vamos a producir. Como tampoco lo estarán las piezas de los presidentes Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y Mauricio Macri. Recién incorporaremos documentos y objetos de Menem el año próximo, cuando se cumplan 30 años de su primera presidencia. Tenemos expuestos objetos personales de Néstor y Cristina Kirchner pero no es una sección grande. Pero hasta que no tengamos la visión y misión del museo no podemos modificar la exposición actual.

–¿Hacia donde quiere apuntar con su gestión?

–La idea es hablar de los procesos democráticos y no democráticos, de las presidencias que fueron parte de la historia de este país, nombrándolos como corresponde, pero también cuáles han sido las implicancias sociales, económicas, de esos procesos. El Museo hoy no tiene un relato. Es una exposición de objetos de presidentes. Para tener un relato hay que tomar una posición. Todo relato es político, más allá de quien gobierne. Mi misión es que desde la museología crítica y de-colonial, nos podamos parar y ampliar el abanico de líneas discursivas. Se puede hablar de pueblos indígenas y explicar por qué estamos hablando de comunidades –mujeres, afrodescendientes, indígenas– en este Museo. Calculo que la exposición principal estará para noviembre. A mi gusto este Museo tiene un bache, los gobiernos de facto. Es importante contar qué pasó sobre todo para generaciones jóvenes. Yo soy hija de militantes de izquierda y mi madre fue violada por militares. Mis hijos no conocen este proceso. Hay que nombrarlo y saber lo que pasó.

–Todo lo vinculado con la dictadura en los últimos 20 años ha tenido continuidad en el cine, el teatro, la literatura y la cultura. Aun así la historia sigue incompleta.

–Hay que tomar una decisión de cómo contarlo. No quiero ser radical en el discurso. Me caracterizo por ser moderada.

–¿Habrá alguna activación antes?

–Para el 8 de marzo haremos una exposición sobre primeras damas que llegará hasta la esposa de Alfonsín.

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