En pleno corazón tropical de América Latina, un fenómeno silencioso y devastador se ha concretado: Venezuela ya no tiene glaciares. La desaparición del glaciar Humboldt, confirmada por la NASA y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), convierte al país en el segundo del mundo en perder todos sus glaciares. Este hecho no solo representa una pérdida ambiental, sino también un punto de inflexión para la región ante los efectos acelerados del cambio climático.
Un adiós anunciado: El declive del glaciar Humboldt

Ubicado en la Sierra Nevada de Mérida, el glaciar Humboldt había resistido durante décadas gracias a su altitud y ubicación estratégica en una ladera cercana al Pico Bolívar, el punto más alto del país. Aunque cercano al ecuador, su ubicación permitió que resistiera más tiempo que otros glaciares tropicales. En 1910 ocupaba 3 kilómetros cuadrados. En 2015 se redujo a 0,1 km², y para 2024 las imágenes satelitales revelaron apenas 0,01 km²: su extinción era irreversible.
La NASA comparó imágenes tomadas por los satélites Landsat en 2015 y 2024, confirmando que ya no queda una masa glaciar activa. Según la OMM, Venezuela, junto con Eslovenia, es ahora parte del escueto grupo de naciones sin glaciares. Las consecuencias van más allá del simbolismo: millones de personas en los Andes dependen del agua proveniente del deshielo, un recurso que desaparece junto con estos relictos de hielo.
Controversia y silencio: ¿Se pudo haber evitado?
A finales de 2023, el gobierno venezolano lanzó un plan de emergencia: cubrir el glaciar con mantas geotextiles para intentar frenar su deshielo. Esta técnica, usada ocasionalmente en Europa, jamás se había aplicado en una región tropical. Investigadores de la Universidad de Los Andes expresaron su preocupación: no hubo estudios de impacto ambiental, ni consulta pública, ni evidencia de que esta medida funcionara a largo plazo. La ONG Espacio Público también alertó sobre la opacidad del proceso.
Aunque el uso de mantas térmicas puede ayudar a conservar hielo por unos meses, los científicos advierten que es una solución costosa, ambientalmente riesgosa y, en este caso, ineficaz. En palabras de la NASA, la desaparición del Humboldt es “el golpe final a los glaciares tropicales de nuestro planeta”.

La pérdida del glaciar Humboldt no es solo un hecho geográfico. Es una advertencia para toda América Latina: el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad presente. Venezuela, ahora sin glaciares, se convierte en símbolo de una nueva etapa para la región. Una etapa que exige acción climática seria, políticas públicas basadas en ciencia y mayor transparencia frente a una crisis que afecta a todos.