El año no ha comenzado mal para el sector turístico en Barcelona. Las tres grandes ferias, ICE, ISE y Mobile han llenado hoteles y figuran en la agenda otros grandes eventos como el Seafood (abril) y el Vita-Foods (mayo) con una previsión de más de 30.000 asistentes cada uno. En junio, Primavera Sound, la visita de dos días del Papa y la F1 en Montmeló. Sin embargo, más allá del corto plazo, el sector alerta: duplicar el impuesto turístico resta competitividad a Barcelona, especialmente en el turismo de negocios, ferias y congresos, donde compiten todas las ciudades. Los efectos de la guerra de Iran, la anunciada subida de precios y la reacción del mercado americano, el que más viene y el que más gasta en Barcelona, añaden interrogantes al futuro de la actividad turística.
“El incremento de la tasa tiene que traducirse en una mejora de los servicios de la ciudad y en una apuesta real y verdadera para hacer de Barcelona un lugar atractivo donde volver, con una apuesta cultural fuerte… hay que planificar a medio y largo plazo y tener en cuenta esta actividad económica”, reclama Manel Casals, director general del Gremi d’Hotels de Barcelona. Se refiere a una gran exposición que sirva de reclamo mundial o a un equipamiento o propuesta que despierte interés fuera del circuito consolidado. El sector lamenta que, cuando se planifica a medio y largo plazo, por ejemplo ahora con el futuro barrio de la Sagrera, se haga sin tener en cuenta una actividad que supone el 13% del PIB de la ciudad, según el último estudio de la Cambra de Comerç.
Los efectos de la guerra en Irán suman interrogantes a las puertas de Semana Santa
Temen que el incremento de la tasa turística, cuyo importe ha aprobado doblar el Parlament y el Ayuntamiento de Barcelona –en 2025 el consistorio ingresó 148 millones por este concepto–, tenga más impacto en el turismo de negocios y reuniones, especialmente los de formato medio. Un impacto que sitúan a dos o tres años vista, puesto que la contratación de la mayoría de este tipo de eventos se hace con antelación.
“En este sector compiten muchas ciudades, como Málaga, Valencia o Madrid donde no aplican el recargo”, advierte Danny Mathias, de la Associación Corporativa de Agencias de Viajes Especializadas (Acave). “Hay que ver un traslado de este impuesto en, por ejemplo, la mejora de la seguridad… Barcelona está bien posicionada pero, viajo mucho y ya hace tiempo que cuando dices que eres de Barcelona te hacen comentarios sobre la inseguridad en el centro…”. En este sentido, el Gremi aplaude la nueva ordenanza de civismo de Barcelona e insta a su cumplimiento, al tiempo que lamenta que otras medidas aprobadas, como la que impide que grandes grupos se desplacen por Ciutat Vella, no se respete.
La recaudación: de 30 a 270 millones al año
En Barcelona, al impuesto sobre las estancias en establecimientos turísticos (IEET) que ingresa la Generalitat, se suma el recargo municipal. Hace dos semanas, el Parlament aprobó doblar ambas tarifas. Así, el importe del IEET pasará –para un hotel de cuatro estrellas– de 1,70 euros por persona y noche a 3,40 euros. A este importe hay que sumar el recargo municipal, que sube de los actuales 4 euros a 8. Sin embargo, esta parte se incrementará a razón de un euro al año. Así, un hotel de cuatro estrellas que cobraba 4,70 euros (1,70 del IEET + 4 del recargo municipal), a partir de abril cobrará 7,40 euros (3,40 + 5) y un euro más cada año hasta alcanzar los 11,40 euros en 2029, cuando el aumento esté totalmente aplicado. Por entonces, la tarifa de un hotel de cinco estrellas será de 15 euros la noche, la del resto de hoteles y pensiones, 10 euros y las viviendas de uso turístico, 12,50 euros. En 2029, los cruceristas que estén más de doce horas en el puerto pagarán 12 euros la noche y si están menos de doce horas, 14 euros. El Gremi d’Hotels de Barcelona ha calculado que el Ayuntamiento, que ingresaba por este impuesto unos 30 millones en 2015, ingresará en 2029 unos 270 millones. En el 2025, la fiscalidad turística pasó a ser el segundo principal ingreso municipal con 148 millones de euros, solo por detrás del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI).
Sobre el escenario bélico, la guerra, apunta el sector, afectará en la redistribución del turismo vacacional –lo que puede beneficiar a toda la costa española–, pero en los destinos urbanos preocupa la anunciada subida de precios y sus derivadas. Menos escapadas, menos gasto en destino y Semana Santa, a la vuelta de la esquina.
“Aunque el Mobile y los congresos funcionen, los hoteles tienen habitaciones cada día… y y si sube el petróleo y la factura energética también suben los costes para el sector; si además le añades la tasa turística…”, añade Eduard Moret, socio fundador de Hotels CMC. En su establecimiento de Girona, de la cadena norteamericana Best Western Hotels & Resorts, se han registrado del orden de cinco o seis cancelaciones diarias de clientes americanos e israelitas durante esta semana. Algunos hoteles de la ciudad, que trabajan principalmente con clientes de EUA prevén una caída de las reservas de entorno al 20%.
Otro de los frentes abiertos en el escenario turístico barcelonés es la supresión de las licencias de vivienda de uso turístico a partir de finales de 2028. La patronal del sector, Apartur, ha iniciado durante el MWC una campaña alertando a los congresistas de esta decisión municipal. No en vano, durante el Mobile, la ocupación en los pisos turísticos se ha situado en el 93%, dos puntos por encima de las previsiones.
“Turísticamente la ciudad va bien, otra cosa es la imagen que estamos proyectando”, mantiene su directora general, Marian Muro. En plena batalla sobre el futuro de este tipo de alojamiento, Muro lamenta que no hayan podido sentarse con la administración, “no se plantean negociar, y una ciudad que presume de grandes eventos, de centros de innovación e investigación… ¿dónde se alojará la gente? ¿Y a las familias?”, se pregunta.
El incremento de la tasa turística en este tipo de alojamiento, pasará de los actuales 6,25 euros por persona y noche (el impuesto turístico no se aplica a menores de 17 años) a los 12,50 euros. Esto es más de lo que pagará un crucerista (12 euros) y un cliente de hotel de cuatro estrellas (11,40 euros). “Si se eliminan las viviendas de uso turístico que hay actualmente, Barcelona dejará de ingresar mas de 60 millones de euros”, advierte Muro, al tiempo que exige que el Ayuntamiento destine el importe que recauda “a reducir externalidades de verdad, por ejemplo, mejorando el transporte público”. Muro lamenta que las administraciones hayan trasladado su responsabilidad en el problema de la falta de vivienda al sector turístico y mantiene que la supresión de licencias “no va solucionarlo”.




