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El Silencio, un equipo de la Liga Platense en tiempos de dictadura

De 1975 a 1978 participaron en la B del fútbol oficial de nuestra ciudad. Si bien ninguno de sus jugadores tenía participación política, el nombre daba para diversas interpretaciones. Aquellos muchachos de pelo largo y barba recuerdan cómo se gestó el club, entre amigos, presentando Primera y Reserva

Se juntaba de noche y de día, especialmente en el ritual de los domingos corriendo una pelota, en una casa quinta, en una Villa Elisa aún poblada de terrenos baldíos y canchitas a fines de los años sesenta. Recién se iban casando, teniendo hijos algunos, y creciendo con las responsabilidades de la vida. De una vida nada fácil en medio del caos de un país en dictadura.
Sin embargo, pensaron la jugada que marcó la historia, cuando desde ese grupo de amigos lograron entrar al fútbol oficial organizado de un torneo de ascenso Liguista, la Divisional B. Allí se los vio en 1975 como El Silencio. Cinco décadas han pasado de una experiencia que reconocen muy feliz, por la amistad que sellaron a fuego a través de la pelota y los libros.

Gráfico que aparece en el libro especial

Las explicaciones del por qué eligieron ese nombre, en momentos donde pasaba la tenebrosa desaparición forzada de personas, tiene una serie de interpretaciones. Algunos dicen que le pusieron así porque los jugadores eran muy charlatanes y bulliciosos. Otros aseguran que se debe al poco aliento que tenían. Y hay una tercera lectura, vinculada a la palabra prohibida en tiempos de dictadura. Sin embargo, Sergnese juega su apreciación: “el nombre tiene que ver con un proverbio sufí que dice que la respuesta a un tonto es el silencio porque cualquier otra respuesta genera el mismo efecto. Nosotros usábamos barba y bigote y éramos considerados los raros de la liga. No era un ambiente para nosotros. Por ser estudiantes nos trataban mal y nos discriminaban”.

Todo tiene su inicio. Alguna vez, en una quinta ubicada en Villa Elisa, donde se fortaleció el grupo a fuerza de emociones saludables por la práctica de un deporte, “uno de esos muchachotes que iban camino a ser hombres tuvo la loca idea de participar en la Liga Amateur Platense de Fútbol«, y con ello, se repartieron las exigencias de ir a las reuniones, buscar al policía y hablar con la gente de El Cruce para reservar la cancha” explica Daniel Sergnese, alma mater de El Silencio y en esos días un estudiante de Diseño en Comunicación Visual en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Era de los adolescentes que se interesaba en averiguar dónde había partido y así fue parte de los famosos torneos interuniversitarios.

El grupo inicial, de a poco, fue incorporando a muchos de sus rivales, de distintas barriadas. Antes de la Liga, se presentaban en La Plata, y cada tanto sumaban a futbolistas consagrados, ya sean ex Pinchas o Triperos. “Nunca hubo una pelea por esto… La palabra respeto era, justamente, respetada», se enorgullecen ahora que la vida les achicó las dimensiones de la cancha y los recaudos de la salud. «En esos tiempos nos tocó de cerca la muerte de un muchacho que había llegado a jugar en la primera de Gimnasia y de Estudiantes, que no participaba en política, pero igual fue asesinado. Era arquero y se llamaba Antonio Piovoso, a quien habíamos visto por última vez en la cancha de Educación Física, en la calle 50 al fondo”, cuenta Sergnese.

Al fin, un día, la Liga que está afiliada al Consejo Federal de AFA aprueba la inscripción. En tiempos menos exigentes como las actuales, por citar un caso, no necesitaban presentar campo deportivo propio ni la cantidad de categorías que caracterizan el florido presente amateurista. En el ’75 solo era necesario en la B un representativo de primera y de reserva, agregándose la Cuarta solo en la A.
El Silencio fue local en la cancha de Centro de Fomento El Cruce, ubicada muy cerca del Distribuidor (donde hoy está el predio de Los Tilos). La dirección de ese verde rectángulo estaba entre las calles 19 a 21 y de 520 a 522. Años después el El Cruce lo perdería por razones políticas. “Recuerdo que Zenón Ruiz —presidente de El Cruce— nos facilitó todo”, agrega Sergnese.
Vestían una camiseta similar a la del Internazionale italiano, negra y azul a rayas verticales. El aspecto de los jugadores era bien despreocupado, con  barba, bigote y pelo largo, que en aquel entonces conllevaba más de una pregunta o sospecha policial. Casi ni entrenaban y uno de los jugadores hacía de director técnico. “Mientras a veces sonaban balas nosotros nos abrazábamos más y más y así nos hacíamos fuertes. Nunca fuimos goleados pero fue un año donde nos dimos cuenta que para participar allí debíamos tener más tiempo para organizarnos, que era complicado. Algunos dijeron que no podían seguir y así, de a poco, nos fuimos yendo de la Liga”.

No existen demasiadas fotos de aquellos tiempos que no volverán… Pero sí están vivas las curiosidades y los recuerdos: “Los otros equipos tenían jugadores más físicos y entrenaban, algo que nosotros no hacíamos, porque la prioridad nuestra era la Facultad”, expresa “Pinky” Marino, hoy con 76 abriles, atesorando amistades y un breve reportaje en una radio de Magdalena la tarde en que metió un gol para el triunfo 3 a 2 sobre el local Villa Garibaldi.

El torneo del año 75 dio a un ascendido y fue berissense, Trabajadores de la Carne. Otro de los nuevos conjuntos afiliados era Unidos de Olmos. Para el ’76 ya no continuaron. Las fuerzas no eran las mismas y el dinero fue otra clave, ya que no era gratis formar parte del ámbito liguista (con gastos de cancha, referí, policía, etcétera), poniendo siempre los mismos jugadores, que figuraban como socios de la institución. Una razón más fue el grado de agresión de los jugadores rivales.
Así, abandonaron el gran compromiso pero no rifarían la plaza como afiliados. Acordaron con otro grupo de jugadores de barrio que tomaron la posta, y oficialmente la Liga los anotó en sus libros como Colegiales La Plata, que en algunos casos ya venían jugando para la reserva de El Silencio. En la nueva experiencia obtuvieron un tercer puesto, siendo seguidos en algunos partidos por el equipo original. Sergnese en el ’76, junto a su compañero ya había pasado a Sportivo de Veinticinco de Mayo, por una gestión del exquisito y recordado delantero Juanchi Taverna —se inició en Estudiantes y luego cruzó de vereda—.

Las anécdotas se renuevan en cada asado. “Uno de nuestros amigos era contador y su esposa le hacía escándalos si osaba dejarla sola por irse a perder tiempo jugando al fútbol. Se las ingenió y pasó varias tareas que en la semana no podía llevar adelante para la calma de un domingo, donde no tenía mejor idea que terminar con un balance a su estudio, pero llevaba en el maletín o attaché la ropa deportiva en lugar de los odiosos papeles”.

Hoy, algunos ya no están y de los que están, el pelo largo se transformó en calvicie, y en las reuniones que siguen siendo numerosas, en noviembre de 2018 presentaron el libro “El Silencio es… FÚTBOL”, en el Centro Cultural Islas Malvinas. Quien tomó “la delantera” para escribirlo fue Raúl Fortín, quien fue un extraordinario ilustrador de la mítica revista Humor, el medio gráfico que se animó a enfrentar al gobierno de facto.

“Un grupo solidario, siempre atento a la necesidad de cualquiera y que lejos de pensar en el final del partido, sigue pensando en el próximo domingo para juntarse, darse un abrazo y sobre todo…seguir pegándole a la redonda”, sintetiza en párrafos finales esa edición.

Aquella hermosa juventud mantuvo viva la llama de la amistad con los viajes a Jujuy, Salta, ya en la adultez, compartiendo familia, realizando fiesta de disfraces y hasta acciones solidarias.

La pelota sigue rodando en Lomas de City Bell, ocho contra ocho, nueve contra nueve, un zurdito de 83 años, y Sergnese, ya con 75, contestó todo lo que podía decirse de aquel lado deportivo, y del otro, el oscuro… Cuando La Plata era una escenografía del terror y la cancha y los clubes un oasis donde refugiarse del medio ambiente latente. El toque de queda, el estado de sitio, la triple A, y cientos de aberraciones, que cambiaron por abrazos de gol.

Redacción

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