17.1 C
Buenos Aires
jueves, abril 3, 2025

“En casa”: Una guía para reconciliar la vida personal, profesional y familiar

Más Noticias

La escritora, traductora y editora Julia Napier, autora de En casa, acerca de habitarnos (El hilo de Ariadna), profundiza en su libro sobre las complejidades de criar lejos de la tierra natal, lejos de las raíces y el idioma materno. Durante la pandemia, su vida cotidiana se transformó en una experiencia de introspección que dio lugar a nuevas formas de entenderse como madre, mujer y creadora. Este viaje de autodescubrimiento es también una exploración de cómo las madres enfrentan los retos de la tecnología, las tensiones entre el trabajo doméstico y profesional, y el impacto de la sororidad en los procesos de crianza.

En diálogo con Clarín, Napier analiza cómo prácticas como el yoga, su conexión con la literatura y los modelos de maternidad que la influyeron han sido pilares fundamentales para navegar las complejidades de su vida. Con una perspectiva enriquecida por su experiencia como extranjera en la Argentina, la autora destaca la riqueza del bilingüismo en la dinámica familiar, el rol vital de las amigas en el sostenimiento emocional y la constante reinvención personal.

–¿Cómo nació la idea de hacer el libro?

–La pandemia fue un fuerte disparador. Después de años de estar muy inmersa en el juego entre mi vida doméstica/familiar y mi vida laboral (editorial, yoga), me encontré, como todos, de repente en casa. Todo el tiempo. He sido una madre muy dedicada, muy enamorada del proceso y a la vez bastante ambivalente: a veces en crisis con el desfasaje entre mis deseos como persona y mis deseos como madre. Claro que esta sensación es bastante común, pero no hay mucho diálogo social al respecto. Y al estar todo el tiempo en casa, cuando se cayeron las tentaciones y la parafernalia del mundo externo, de repente empecé a ver y a experimentar con más claridad ciertos aspectos de mi vida: el hogar como caldera creativa y también como el lugar donde sucede todo lo esencial, un lugar donde las mujeres desaparecen y brillan. Es muy fácil distraerse en la vida cotidiana “normal”, sobre todo para una madre que trabaja fuera de casa; no queda tiempo para la reflexión. Durante la pandemia mi casa (y la de todos) se volvió el mundo entero y encontré de todo allí adentro para retratar y explorar. Muchas de estas indagaciones pasaban por mi vida como mujer y madre, mi cuerpo, la casa común del planeta que compartimos todos.

–¿De qué manera ayuda el yoga a maternar?

–Durante años daba clases de yoga en un estudio y practicaba fuera de casa, pero cuando me volqué más a la edición y redacción de libros, mi vida como practicante pasó a ser puertas para dentro y se mezclaron el yoga y la vida familiar. Dejé de decir a mis hijos, “Chau, me voy a yoga”, una frase lamentable que sugiere que la práctica sucede en otro lado, y empecé a ver la confluencia entre mi práctica de yoga y mi práctica como madre (esposa, persona). La esencia del yoga, he llegado a creer, pasa por una suerte de paciencia amorosa con uno mismo, la capacidad de ver lo que hay en lugar de imponer una fórmula externa y apretar los dientes hasta conseguirla. Creo que una maternidad exitosa (aunque no pretendo ni por un segundo haberla logrado) se construye sobre esta misma base, como sugiere el psiquiatra DW Winnicott con su idea de “la madre suficientemente buena”, una madre que no invade y tampoco abandona. El Dr. Mark Epstein, un apasionado de Winnicott y gran practicante budista, me ha ayudado a explorarel vínculo entre la práctica contemplativa y la maternidad. Su libro reciente “El zen de la terapia” ahonda en este tema.

La escritora, traductora y editora Julia Napier, autora de En casa, acerca de habitarnos (El hilo de Ariadna). Foto: Instagram.
La escritora, traductora y editora Julia Napier, autora de En casa, acerca de habitarnos (El hilo de Ariadna). Foto: Instagram.

–¿Qué modelos de maternidad tuviste y elegís?

–Yo fui criada por una mujer increíble que padeció los mandatos de dos generaciones opuestas: la mujer perfecta de los años cincuenta que vivía solo para su familia, sacrificando sus propios deseos, y luego la mujer feminista de los sesenta que quemaba el corpiño, gozaba de su cuerpo y liberaba su mente. Mi madre trabajó tiempo completo (como una profesional apasionada) y nos crió sin ayuda auxiliar (de madre, empleada doméstica, familia política) y con un marido muy dedicado a su propia carrera. Cocinó cada comida (elaborada), fue presidenta de la comisión directiva de mi escuela, fundó un colegio progresista y redactó los libros de mi papá. No sé cómo lo hizo, y a la vez, como estuve allí, la vi agotarse hasta enfurecerse. Yo busqué un camino más del medio en el que me exigí menos profesionalmente, me apoyé en el ayuda que pude conseguir (una empleada doméstica, al tampoco tener familia presente) y traté de establecer más paridad con mi marido en la crianza (cosa que no siempre logré). He tenido el privilegio inmenso de elegir de qué trabajar y cuánto, de poder estar en casa cuando volvían mis hijos del colegio, de priorizar un helado con ellos en lugar de una reunión laboral. Con el paso del tiempo, comprendo cada vez más el privilegio que representa esta libertad. Y mi creatividad como artista, a veces inhibida por la misma crianza, al final se ha nutrido por la superposición de la maternidad con mi vida “profesional”. La simple pregunta que uno hace a una madre acerca de su “trabajo” es toda una trampa. Siempre estamos trabajando.

–¿Cómo te ayudan las lecturas en ese sentido?

–La obra de Mark Epstein ha sido una fuente de inspiración para mí en muchos aspectos, pero principalmente en relación con la maternidad. Como discípulo de Winnicott y un practicante experimentado de la meditación, Epstein une dos áreas principales de mi vida (maternidad y práctica contemplativa), además de ser un gran escritor. Por otro lado, leer a otras mujeres (Sarah Ruhl, Angela Garbes, Virginia Woolf, las hermanas Brontë, Rebecca Solnit, Hilary Mantel) me ha dado el permiso fundamental de sincerarme con mis propias ideas. Me asombra el grado de represión que manejo con mi propio deseo y el miedo que aún tengo a veces de expresarme plenamente. Da vergüenza admitirlo, pero así es, y la sororidad que he cultivado con autoras diferentes (vivas y muertas), me cambió la vida. Por más excéntrico que suene, las siento como amigas o, al mínimo, como compañeras de ruta.

–¿Cómo es maternar, trabajar y vivir en este mundo tan atravesado por la tecnología?

–Una porquería. Siento que la generación de mis hijos fue carne de cañón para gente bastante malvada y que nosotros, como madres y padres, no supimos identificar los peligros a tiempo, o al menos yo no. He sido una madre lectora en todo ámbito (en casa, en el pediatra, de vacaciones, en aeropuertos y en toda sala de espera), pero ahora tengo dos adolescentes atravesados por la tecnología y lo único que puedo hacer es ayudarlos a manejarla ellos. Son chicos geniales y perspicaces, con inquietudes e intereses, pero si pudiera, quemaría todo hasta quedarnos con tabletas de piedra si fuera posible. Habiendo dicho eso, trato de no pelearme con la realidad, porque eso es peor. Busco compartir lo que consumen ellos para, al menos, entender el mundo que les toca. Escucho la música que le gusta a mi hija y sigo a los youtuberos que le interesan a mi hijo. Cuando miro a mis amigos con hijos pequeños, veo que entienden mejor cómo evitar ciertos desenlaces, pero lo nuestro fue todo ensayo y error. Cuando mis hijos eran chiquitos, yo siempre tenía un libro y un globo desinflado en la cartera, pero con adolescentes no funciona tan bien 😉

La escritora, traductora y editora Julia Napier, autora de En casa, acerca de habitarnos (El hilo de Ariadna). Foto: Instagram.La escritora, traductora y editora Julia Napier, autora de En casa, acerca de habitarnos (El hilo de Ariadna). Foto: Instagram.

–¿Cuáles son los lugares físicos y emocionales que te hacen sentir en casa?

–Emocionalmente, por más trillado que suene, me siento más en casa con mi familia. Hace más de treinta años que estamos juntos con mi marido Juan Mora y Araujo y como pareja somos casa (¡aunque a veces quiero refaccionar todo!). En mi mat de yoga, siempre, que es otra forma de decir en mi propia respiración, en compañía de quien soy cuando dejo de pensar tantas huevadas. Bajo un árbol y con un libro en la mano, me animo a decir que estoy en un estado de dicha, especialmente si la perra está acostada al lado mío. En Argentina me siento en casa, a gusto, porque me habilitó otra forma de habitarme a mí misma y estaré agradecida para siempre a este país (loco) y su gente (tan generosa).

–¿Cómo es maternar en otro idioma diferente al de la lengua materna?

–Es un regalo, porque arrastro menos de lo heredado y soy más creativa, espontánea. La Argentina y el castellano me ofrecieron otras posibilidades (internas y externas) y ser madre acá (y en otro idioma) me salvó de algunas de mis peores instintos. Mis hijos, de hecho, son bilingües como yo, y por la educación que han tenido a veces expresan sus ideas más complejas en inglés, pero cuando se trata del corazón, del amor, del dolor, del humor, de la bronca, hablamos en español y nos libera. Como familia contamos con diferentes modalidades de expresión, que en sí conllevan pensamientos y tonos emocionales diferentes, pero la inmediatez del castellano nos da aire y vida.

–¿Y qué rol tienen las amigas en la maternidad?

–Sin ecua non. Me resulta imposible concebir una maternidad sin amigas. De hecho, el libro empieza con un capítulo sobre el cuerpo de mi madre y sigue con un ensayo sobre mis mejores amigas. Es como contemplar un paisaje fértil con sol y sombra, plantas y oxígeno o un planeta pelado sin aire. La maternidad nunca se llevó a cabo sin una red. Esa red sostiene, posibilita, amplia. ¿A quién más vas a llamar para evitar tirarlos a todos por la ventana? y que la otra persona te entienda, sin juzgarte, alguien que te ayuda a reír cuando estás en llamas o en el fondo del pozo. Mis amigas son mis mentoras, maestras, salvación, primeros auxilios. He criado a mis hijos con mi madre y hermana en otro hemisferio, pero sin amigas hubiera sido netamente imposible.

Julia Napier básico

  • Nació en los Estados Unidos, pero vive desde hace décadas en Argentina. Como escritora, traductora y editora, sus escritos se han publicado en Reino Unido, Sudáfrica, España y Argentina.
  • También es practicante e instructora de Ashtanga Yoga y da clases regulares de filosofía sobre las prácticas contemplativas. Es alumna de Richard Freeman y Mary Taylor, y estudia budismo tibetano con el Dr. Jules Levinson y el Dr. Robert Thurman.
  • En 2016, fundó la Colección Ananta en la editorial El hilo de Ariadna, uniendo su carrera literaria con sus estudios sobre las tradiciones contemplativas.

En casa, acerca de habitarnos, de Julia Napier (El hilo de Ariadna).


Sobre la firma

Recibí en tu email todas las noticias, coberturas, historias y análisis de la mano de nuestros periodistas especializados

QUIERO RECIBIRLO

Newsletter Clarin

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Te Puede Interesar...

Pese a la polémica y las denuncias, los libros para educación sexual se distribuyeron en las escuelas de la Provincia

Los libros cuestionados por su contenido sexual audaz, para algunos “pornográfico”, se enviraron a casi 2.800 escuelas de nivel...
- Advertisement -spot_img

Más artículos como éste...

- Advertisement -spot_img