Ha aprendido el castellano –y lo habla perfectamente– leyendo a los colaboradores de Gaudí, a su primer biógrafo, Josep Francesc Ràfols; a Cèsar Martinell, a Joan Bergós o al escultor Joan Matamala. Cada vez ejerce menos de abogada y más de estudiosa del arquitecto, del que ya es una de las especialistas de referencia en Italia. “Difundir la figura de Gaudí, su obra, su fe… es para mi una misión, una vocación”, dice. Maria Elena Catelli ha hecho suya la cita que se atribuye a Gaudí: “Para hacer las cosas bien hace falta: primero, el amor a ellas; segundo, la técnica”.
Hace quince años cursó el máster Arquitectura, Arte Sacro y Liturgia en la Università Europea di Roma y las clases de Gaudí la cautivaron. Viajó a Barcelona –“la Sagrada Família me fascinó, no me esperaba una cosa tan grande”– y a partir de ahí, todo. Ha visitado y estudiado cada una de las obras de Gaudí y comprado todos los libros que ha podido. Luego conoció a Armand Puig y empezó a colaborar con él traduciendo sus artículos y libros. “En Italia no se conoce tanto la figura de Gaudí y hay mucho interés”, asegura. Piensa que las obras de arte no están desconectadas de sus creadores y en el caso de Gaudí, aún menos, “Ràfols decía que para conocer Gaudí hay que conocer en primer lugar su fe… Si no, puedes apreciar algo de su obra, que es maravillosa, pero no en toda su potencia…”.

A ella le fascina esa profundidad. En la Sagrada Família la encuentra en grado máximo, pero en todas y cada una de sus obras identifica genialidad. En la Casa Vicens, por ejemplo, de la que Catelli ha hecho un estudio que espera publicar muy pronto, ha identificado el jardín de Cristo herido. “La simbología siempre me ha gustado y al ver los motivos florales representados en la casa… eran los que había leído en un libro sobre la simbología de la Pasión de Cristo –explica–, todas las plantas, todas la flores y las aves que había en el libro… están ahí… la habitación principal está llena de la flor de la pasión”. Y lo más fascinante: la propietaria se llamaba Dolors (Dolors Giralt, esposa de Manel Vicens). Y hubo en la casa una vitrina con la virgen de los Dolores, documentada por la historiadora del arte Beli Artigas.
El Trencadís
La última biografía del arquitecto
El teólogo Armand Puig i Tàrrech (La Selva del Camp, 1953) firma la última biografía del arquitecto, Antoni Gaudí, vida i obra (Pòrtic/Arpa). La versión en italiano, traducida por Maria Elena Catelli, saldrá el 22 de abril. También en unas semanas llegará la versión ampliada del libro, con un completísimo apartado de referencias bibliográficas (la biografía incluye 327 notas que en la nueva versión alcanzarán el medio millar). Y es que Puig se ha ceñido a los aspectos comprobables de la vida del arquitecto recorriendo a documentos o fuentes que trataron directamente con Gaudí. La biografía es el tercer libro que Puig, que vive en el Vaticano y dirige Avepro, la agencia que impulsa la calidad en las universidades eclesiásticas, publica sobre Gaudí tras La Sagrada Família segons Gaudí (2010), junto con el arquitecto Jordi Bonet, y Arquitectura i símbol de la Sagrada Família (2013). Antes, publicó Jesús. Un perfil biogràfic (2004).
“En las casas particulares, Gaudí siempre hacía homenajes a las mujeres de la casa”, concluye. En la casa Milà, la propietaria era Rosario Segimon, de Reus, “y puso una Virgen del Roser”, apunta. En el Palau Güell se colocaron las pinturas de Isabel de Hungria, que era la patrona de la propietaria y su hija, ambas se llamaban Isabel…
Ninguna obra la ha decepcionado. “Todas las casas son diferentes, pero en cada una hay pequeños detalles que hablan de la fe de Gaudí, de su forma de ser y de tratar a las personas… también se preocupaba de los humildes”. Y cuanto más estudia, más cosas entiende.




