La exposición prolongada a contaminantes podría generar efectos adversos como irritaciones, envejecimiento prematuro y, en algunos casos, un mayor riesgo de cáncer de piel.

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Paula Rodríguez, El Tiempo/GDA
La contaminación del aire es un riesgo ambiental para la salud que se ha vuelto cada vez más un tema de interés médico por los efectos que produce. Los niveles de polución en muchas ciudades del mundo alcanzan cifras alarmantes, afectando tanto la salud respiratoria como otros aspectos del bienestar físico.
Se estima que el 99 % de la población mundial vive en lugares donde no se respetan los límites de la calidad del aire estipulados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En algunas zonas de Bogotá, por ejemplo, los niveles de partículas contaminantes en el aire superan el doble de lo máximo recomendado.
Entre los contaminantes más peligrosos están las partículas suspendidas en el aire, que incluyen compuestos sólidos o líquidos capaces de permanecer durante largos períodos. Las partículas más pequeñas, como las PM2,5, son especialmente preocupantes debido a su capacidad para penetrar profundamente en los pulmones y el sistema cardiovascular, causando serios problemas de salud. Pero estos contaminantes no solo afectan el sistema respiratorio; también tienen un impacto directo en la piel, el órgano más grande de nuestro cuerpo.

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El material particulado, como el PM2,5 y el PM10, no solo ingresa al cuerpo por la respiración, sino que también puede ser absorbido a través de la piel. De hecho, según publicaciones de Oxford Academic, el ozono, el dióxido de nitrógeno y micropartículas de metales pesados pueden inducir daño celular en la piel. La exposición prolongada a estos contaminantes llegaría a generar efectos adversos como irritaciones, envejecimiento prematuro y, en algunos casos, un mayor riesgo de cáncer de piel.
El dermatólogo Miguel Mateo Cuervo, experto en salud de la piel, explica que “los contaminantes pueden inducir cambios en el ADN celular; esto es algo que no se ve de un día para otro, sino que si una persona se expone de forma crónica, por años, a estas condiciones, podría ver afectado ese órgano”.
Según Cuervo, la exposición constante a altos niveles de contaminación “puede predisponer las células de la piel a desarrollar cáncer”. Aunque la relación entre la contaminación y el cáncer de piel aún no está completamente comprobada, estudios recientes sugieren que las personas que viven en lugares con altos índices de contaminación, como India, presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollarlo.
El envejecimiento prematuro de la piel también se ve acelerado por los contaminantes en el aire. “La contaminación provoca la pérdida de colágeno y elastina en la piel, lo que resulta en una mayor aparición de arrugas, líneas de expresión y pérdida de firmeza”, señala Mateo Cuervo. Esto se debe a que las partículas contaminantes inducen estrés oxidativo, que daña las células de la epidermis.
A pesar de los riesgos que plantea la contaminación del aire, existen medidas que se pueden adoptar para proteger la piel:
- Realizar una limpieza facial profunda.
- Otras alternativas son los tratamientos de sueroterapia. Estas sesiones ayudan a manejar la inflamación crónica, tienen beneficios en la apariencia de la piel, el cabello y pueden aportar a que la persona sienta más energía.
- Personas con condiciones como melasma o piel sensible deberían usar protector diariamente para evitar manchas y daños, independientemente de la estación.
- Los antioxidantes presentes en alimentos como frutas, verduras y frutos secos ayudan a prevenir el deterioro de la piel.
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