
La historia de Leonardo Alassia conmueve, interpela y obliga a frenar un segundo. Tiene 22 años, vive en General Pico y carga sobre su cuerpo y su memoria una de las experiencias más extremas que puede atravesar una persona. Hace dos años intentó quitarse la vida arrojándose debajo de un tren, a la altura de la estación ferroviaria local. Hoy, contra todos los pronósticos, está vivo. Y no solo eso: sueña con convertirse en médico.

Leonardo dialogó con En Boca de Todos HD y reconstruyó, con palabras simples y una sinceridad desarmante, una historia marcada por el dolor, pero también por la lucha diaria y las ganas de salir adelante. Aquella madrugada, cerca de la una y media, se arrojó bajo el último vagón del tren. Recién a las cinco de la mañana fue encontrado por un efectivo de la Policía Federal, que volvió a salvarle la vida: Leo se estaba desangrando, había sufrido la amputación de una pierna y un brazo, y el tren, que realizaba maniobras, estuvo a punto de pasarle nuevamente por encima.
El joven permaneció nueve meses en coma en el Hospital Centeno. Cuando despertó, no recordaba nada. Apenas imágenes sueltas, la sangre, la ausencia de su pie y su mano, y luego la oscuridad total. “Se me apagó el tele”, describió. Desde ese momento, comenzó otro camino: el de aprender a vivir de nuevo.
Nacido en General Villegas, provincia de Buenos Aires, Leonardo llegó a Pico años atrás con la intención de estudiar. Hoy cursa el último año del secundario en la Escuela Nocturna y asegura que tiene ganas de “hacer algo en la vida”. Durante mucho tiempo buscó trabajo, pero la falta del título secundario fue una barrera constante.
Después de salir del coma, algo empezó a cambiar. “Ahí empecé a ver que la vida es buena, que hay que aprovecharla”, contó. El acompañamiento médico fue clave, pero también el sostén de su papá, Néstor Fabián Alassia, quien vive en Colonia Barón y sigue siendo su principal apoyo. La iglesia, la terapia psicológica y el contacto con otras personas que atravesaron situaciones similares también marcaron un antes y un después.
Uno de esos encuentros fue determinante. En el hospital conoció a un hombre que había perdido ambas piernas en un accidente y que, lejos de rendirse, hacía deporte, viajaba y seguía adelante. “Eso fue lo que más me motivó”, recordó Leonardo. Aun así, las secuelas emocionales persisten: todavía tiene pesadillas con el tren y revive mentalmente el momento del impacto. Para sobrellevarlo, se refugia en la música y en el sueño.
Hoy vive solo en un departamento que le presta la Municipalidad de General Pico por su condición de discapacidad. El lugar es precario y carece de elementos básicos. No tiene heladera, ventilador, cocina ni una cama de dos plazas. “No tengo nada”, dijo sin dramatizar, pero con crudeza. Con el calor, la situación se vuelve aún más difícil. Le prometieron ayuda que nunca llegó y eso lo llevó a sentirse descreído y cansado de esperar.
Sus ingresos son casi inexistentes. Tramita una pensión por discapacidad ante ANSES, pero le advirtieron que el proceso puede demorar entre seis meses y dos años. Mientras tanto, solo cuenta con la tarjeta alimentaria, un monto insuficiente para cubrir sus necesidades diarias. Aun así, limpia su casa solo y remarca que es su responsabilidad. Recibe la visita de un acompañante apenas dos horas por día; el resto del tiempo se las arregla solo.
Hace un año recibió su primera prótesis de pierna, fabricada en Santa Rosa. De a poco fue recuperando movilidad y hoy logra caminar algunos metros. Próximamente espera recibir el brazo ortopédico y someterse a una nueva cirugía. Cada pequeño avance es celebrado como una conquista.
A pesar de todo, Leonardo mira hacia adelante. Su objetivo es terminar el secundario y comenzar la carrera de Medicina, con la idea de especializarse como médico forense. Quiere estudiar en Santa Rosa cuando su situación física se lo permita. “Me gusta ayudar a la gente”, explicó. También sueña con acceder, en el futuro, a una vivienda del IPAV, trámite que ya inició.
Cuando se le pregunta qué lo mantiene en pie, la respuesta es clara: quiere ser alguien, tener un futuro, demostrar que pudo. “Salir a la calle y que me vean, y saber que sí pude lograr mis cosas”, dice. Hoy tiene novia, una persona que lo cuida, lo acompaña y le da fuerzas para seguir.
La historia de Leonardo Alassia no es solo el relato de una tragedia. Es el testimonio de una pelea cotidiana contra las ausencias, la burocracia y las secuelas físicas y emocionales. Pero también es la historia de un pibe que, después de tocar fondo, eligió vivir. Y que, aun con lo puesto, se anima a soñar en grande.
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