Los pueblos con lagunas y arroyos
El calor de enero invita a buscar refugio cerca del agua, y la provincia de Buenos Aires esconde tesoros naturales a menos de tres horas de la capital. Estos pueblos con lagunas y arroyos se han consolidado como la opción predilecta para quienes priorizan el descanso, los deportes náuticos y la gastronomía regional sin las complicaciones de los grandes centros turísticos.
Chascomús y San Miguel del Monte: Clásicos que nunca fallan
A la hora de elegir pueblos con lagunas y arroyos, Chascomús encabeza la lista por su infraestructura y cercanía (120 km). Su espejo de agua, el más grande del sistema de encadenadas, ofrece más de 30 kilómetros de costanera para caminar o andar en bicicleta. Además de ser el paraíso del kayak y el windsurf, el pueblo seduce con su casco histórico y la emblemática «Casa de Casco».
Apenas un poco más cerca, a 110 km, San Miguel del Monte despliega una laguna de 720 hectáreas abrazada por frondosas arboledas. Es el sitio predilecto para los amantes de la pesca deportiva y los paseos en lancha. Su encanto reside en la combinación de historia —con el rancho de Rosas como hito— y una oferta gastronómica frente al agua que es obligatoria para cualquier visitante de fin de semana.

Lobos: Naturaleza y mística rural en los pueblos con lagunas y arroyos
A solo 100 km de la Capital Federal, Lobos se presenta como uno de los pueblos con lagunas y arroyos con mayor identidad. Su laguna de 800 hectáreas es famosa por la pesca de pejerrey, pero también por ser un centro de avistaje de aves y deportes a vela.
Lo que distingue a Lobos es su capacidad de mezclar la frescura del agua con el turismo histórico, permitiendo visitar la casa natal de Juan Domingo Perón o disfrutar de una tarde de campo en estancias de lujo. En verano, su ribera se transforma en un centro cultural al aire libre con espectáculos y ferias de artesanos.

General Belgrano y Las Flores: El encanto del río y la paz absoluta
Para quienes buscan una experiencia diferente dentro de los pueblos con lagunas y arroyos, General Belgrano ofrece la frescura del Arroyo Salado. A diferencia de las lagunas cerradas, el arroyo brinda zonas de baño naturales y un parque costanero ideal para el mate bajo la sombra. Además, es el único destino de la lista que permite combinar el agua dulce con un complejo de termas de última generación.

Finalmente, a 180 km, Las Flores aparece como el destino «anti-estrés». Su Laguna del Difunto Manuel es un espejo de agua cristalina rodeado de senderos para trekking y cicloturismo. Es, posiblemente, el pueblo que mejor conserva esa paz pueblerina donde el tiempo parece detenerse, ideal para familias que buscan seguridad y contacto directo con la naturaleza más virgen.




