Nos han querido vender la burra de que ser cocinero conlleva penitencia, sacrificio, horarios indecentes, puteo al personal, gritos, prisas, estrés, es cuatro, es cinco, y hasta seis. Exageraciones interesadas para justificar una serie de malas prácticas y abusos laborales que se perpetran de forma continuada en un sector de nuestra economía, donde lucimos músculo y repertorio, ya sea creando o echando mano de la tradición.
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