El pan blanco, las medialunas, las pastas y el arroz blanco son algunos de los alimentos que contienen harinas refinadas, convertidas en los últimos años en componentes con mala fama, sobre todo, para quienes desean una dieta más saludable.
Las harinas refinadas son el resultado de un proceso de molienda mediante el cual se elimina el salvado y el germen del grano del cereal y se deja solo el endospermo.
Este proceso industrial mejora la textura y prolonga la vida útil del producto elaborado con esas harinas, pero también reduce gran parte de la fibra, vitaminas y minerales presentes en el grano entero.
Por eso, los médicos recomiendan controlar el consumo de harinas refinadas y algunos estudios han determinado qué ocurre cuando se quitan de la dieta por completo.

El consumo excesivo de productos con harinas refinadas puede producir picos de azúcar en sangre, porque la ausencia de fibra provoca una rápida absorción de glucosa, afirma el portal especializado Diabesmart. Esto aumenta el riesgo de diabetes tipo 2.
Por otro lado, como las harinas refinadas son bajas en fibra y nutrientes, aportan muchas calorías con poco valor nutricional. Esto puede contribuir al aumento de peso y a la obesidad. La falta de fibra también puede provocar estreñimiento y otros problemas digestivos.
Algunas investigaciones científicas relacionan el elevado consumo de harinas refinadas con un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. A esa conclusión llegó, por caso, un reciente estudio realizado a 148.000 participantes y publicado en The british medical journal (BMJ). Para el mismo, se consideró una categoría más alta de consumo (350 g o más de estos alimentos) y una más baja en la que se ubicaron aquellos que consumían menos de 50 g diarios.
Otro trabajo, publicado en la revista Nutrición Hospitalaria, de Madrid, asegura que suprimir estas harinas hará sentir más saciedad y menos apetito.

Como alternativas más saludables, los expertos del sitio Cuidate Plus destacan las harinas integrales, que conservan todas las partes del grano. También, harinas de otros cereales y legumbres, como la harina de avena, la harina de trigo sarraceno o la harina de garbanzo, de mayor valor nutricional.
Por otra parte, en caso de tener altos los niveles de triglicéridos, al dejar de consumir harinas refinadas éstos disminuirán porque el hígado dejará de crear la grasa que se genera a partir del exceso de glucosa.
Las dietas con pocos carbohidratos parecen combatir los casos de hipertensión arterial, el síndrome metabólico o la diabetes. Todos estos trastornos aumentan el riesgo de padecer problemas cardiovasculares. La relación es más marcada cuando se trata de harinas refinadas y alimentos con un alto índice glucémico, advierten.
Además, quienes padecen síndrome de colon irritable se pueden ver beneficiadas al seguir la dieta denominada FODMAP, que reduce la presencia de harinas refinadas. En distintas investigaciones se observó la mejora del dolor abdominal, la frecuencia de deposiciones y la disminución de la hinchazón.