Cuando era chica, Soledad Álvarez Campos soñaba en secreto con convertirse en estrella de rock, artista visual o escritora. “Después la vida simplemente sucedió”, confiesa en el posteo de Instagram con el que dio a conocer el lanzamiento de Estrellada (Vinilo), su primer libro, que –en palabras de Leila Guerriero impresas en la contratapa– propone una memoria que “no es aquí un refugio nostálgico sino un lugar de trabajo. Observadora externa y extrema de su propia existencia, embiste y saquea los recuerdos usando una escritura criminal que toma todos los riesgos y triunfa siempre sobre sí misma, con el poder de las catástrofes y la belleza inaprensible de una estrella fugaz”.

Siguiendo la línea de la editorial, Álvarez Campos se inscribe en el género de la no ficción e hilvana recuerdos para contar una historia, la suya, a través de los hombres de su vida –incluido su padre–, el arte, la música y un accidente que la convirtió en una mujer “insonora”: “Se me fue la música del cuerpo. Nunca más voy a poder chasquear los dedos de la mano izquierda. Tampoco puedo aplaudir sin que me duela ni hacer sonar las articulaciones. Tocar la guitarra y el bajo quedó descartado”.
Tenía 30 años. Era octubre de 2015 cuando rodó por las escaleras. La taza que llevaba se partió en mil pedazos y uno de esos fragmentos le atravesó la mano izquierda, cortándole los nueve tendones flexores. La lesión le dejó una discapacidad leve pero permanente. “Desde ese día –escribe– nunca más pude abrocharme un botón ni ponerme un arito en la oreja sin mirarme al espejo, ni masturbar a alguien con esa mano”.
Uno de los mayores atractivos de Estrellada es el acercamiento que propone Álvarez Campos al mundo del arte, la música y la literatura. Un contacto directo que lleva al lector al departamento de Charly García, en el mítico séptimo piso de la avenida Coronel Díaz, para sentarse junto a ella y sus amigas en el borde de una cama de dos plazas. “De cerca, Charly da miedo –confiesa–. La boca con algunos dientes menos, los dedos más largos y deformes de lo que se ve en las revistas o en la tele. Las uñas con restos de esmalte, la última falange doblada hacia adentro”.
Personajes singulares
Siempre se sintió atraída e intrigada por las personas que viven bajo los reflectores y, por una u otra razón, la autora –nacida el 4 de enero de 1985– terminó vinculándose con muchos personajes singulares: “A veces fugazmente, otras no tanto”, como confiesa en el mismo posteo de Instagram en el que asegura: “Ya de adulta, me convertí en una chica del backstage”.
Álvarez Campos es historiadora del arte y trabaja como gestora cultural especializada en comunicación. Trabajó para la Fundación arteBA y para diversos artistas. Actualmente es jefa de Comunicación de la Fundación Malba.
Es el museo ubicado en la avenida Figueroa Alcorta el escenario donde la protagonista de Estrellada está cerca de cumplir un sueño: conocer al autor de la Trilogía de Nueva York. “Una de las grandes motivaciones que tuve cuando me ofrecieron trabajar en el Malba era un dato –a mi criterio, fáctico–: cuando el escritor Paul Auster volviera a la Argentina, iba a venir al museo y yo lo iba a conocer”.
Sin intención de adelantar demasiado, la ansiedad se apodera del momento de la mujer que está tan lejos y tan cerca de llegar a él, al hombre que considera una obsesión. “Mi email, desde los catorce años hasta que abrí una cuenta de Gmail, fue [email protected]. Cuando pienso lo que sentía por ese hombre, creo entender todo sobre el fanatismo”.
Varios son los personajes y situaciones que aparecen en las páginas de Estrellada, como el recorrido privado que le hizo a Ricky Martin por el museo y la emoción que despertaron en el artista boricua las obras de Tarsila do Amaral y Frida Kahlo.
Fue en enero de 2016, en José Ignacio, Uruguay, cuando Soledad vivió su momento de mayor exposición “cholula”. Detrás de unos médanos asomaron siete paparazzi que, con teleobjetivos, registraron a la pareja. “Aparezco unos días después en la tapa de Caras, ¡Hola!, Paparazzi y Pronto, con una bikini amarilla. La mano tiesa al costado del cuerpo”. El título: «Chano, en Punta con nueva novia».
“Es un lunes, tres años después. Me manda un mp4 con el borrador de una canción que se llama Soledad. Es un tema lento, muy lindo. Me dice: ‘La antigua reina de la que habla la canción sos vos’”.
Ella le responde que le recuerda a un poema muy corto de Alejandra Pizarnik y se lo envía. La canción sale en su disco de 2019, pero ya no se llama como ella: pasa a titularse Solo un nombre, como el poema. El mismo texto que Soledad elige como epígrafe del libro.
Solo un nombre. Soledad. “Solitude”, como le traduce a Richard Ford, el escritor al que le pidió que le firmara un ejemplar de Entre ellos. “¿Qué se siente llamarse así?”, le pregunta Ford. Soledad asegura que de niña se sentía condicionada, pero que ahora, de adulta, le gusta.
Experimento sociológico
¿Quién soy?, ¿quién quiero ser? Son las preguntas que recorren el texto, en un camino en el que conoce a los otros como si se tratara de un experimento sociológico. “Ver a los otros, a los que salieron al mundo con sus obras, trastabillar, me deja más tranquila”, confiesa la mujer que se mantiene al costado de esas personas que están expuestas, a veces de forma desmedida y condenatoria.

Sin intención de caer en moralejas y sin el pudor de mostrarse, escribe: “Lo cabalgué como si fuera una doncella de la realeza sobre un potro viejo venido a menos”, dice sobre su temprana relación con su profesor de pintura, el mismo que le robó su cuerpo “poco usado” en una foto donde ese cuerpo desnudo, expuesto a la vergüenza, permanece en el cajón del artista plástico que la penetró con deseo y nerviosismo.
Sin moldes y de manera caleidoscópica, Soledad Álvarez Campos narra los aciertos y los errores de la vida misma, enmarcada en elecciones y consecuencias, y en el lema que heredó de su padre: “El anonimato es nuestro bien más preciado”.
Estrellada, de Soledad Álvarez Campos (Vinilo).

