En un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, y en una fecha que también marca medio siglo del secuestro de María del Carmen «Coca» Maggi, la Universidad Nacional de Mar del Plata (Unmdp) impulsó una propuesta audiovisual que busca interpelar no sólo al pasado, sino también al presente. El largometraje “Apenas habrá sombras”, dirigido por Diego Ercolano y con guión e investigación de Federico Polleri, se inscribe en una línea de producción documental que apuesta a reconstruir historias atravesadas por la violencia política, pero también a reactivar preguntas en torno a la memoria colectiva.
Lejos de limitarse a un relato cronológico, la película propone una reconstrucción compleja del caso, apoyada en una investigación exhaustiva y en una decisión estética que combina elementos documentales con recursos de la ficción. En ese cruce, el cine aparece como una herramienta capaz de expandir los límites de lo que se recuerda y de cómo se recuerda.
La película es una producción de la Unmdp y de la Fundación Universidad, un dato especialmente significativo en el contexto actual. La etapa de postproducción contó con la participación de Estudios Churubusco (México), uno de los complejos cinematográficos más importantes de América Latina, con más de siete décadas de trayectoria.

Polleri, guionista y productor audiovisual, periodista, dramaturgo, director teatral y docente, explicó que “la intención es abrir conversaciones, permitir que la memoria esté activa dentro de la comunidad universitaria y de la comunidad en general”, explicó.
Investigar para reconstruir: entre archivos, testimonios y silencios
El punto de partida del largometraje no fue una historia en sí misma, sino una pregunta: cómo contarla. La experiencia previa del equipo con “La memoria que habitamos”, documental sobre el crimen de Silvia Filler, funcionó como antecedente y también como impulso para avanzar sobre un nuevo caso emblemático de la dictadura militar en la ciudad.
“El proyecto nació como parte de los objetivos que teníamos en la Dirección de Contenidos Audiovisuales. Ya desde la película anterior estaba la idea de encarar el caso de Coca Maggi”, señaló Polleri. Sin embargo, la magnitud simbólica e histórica del hecho exigía un trabajo previo riguroso: “Necesitábamos una investigación lo suficientemente sólida como para encarar una película con una carga muy importante en términos políticos e institucionales”.
Esa investigación se desplegó en múltiples dimensiones. Por un lado, el análisis de fuentes judiciales: expedientes, declaraciones, causas archivadas y reabiertas. Por otro, el relevamiento hemerográfico en archivos periodísticos, como los del Diario La Capital, que permitieron reconstruir el clima de época y contrastar versiones.

A ese entramado se sumaron testimonios clave: compañeros de militancia, colegas, familiares, actores y actrices. Entre ellos, la sobrina de Maggi, Guillermina Tonetti, quien aportó documentos personales, fotografías y materiales inéditos. “Nos permitió acceder a un costado más humano, más íntimo de Coca”, explicó Polleri.
Uno de los hallazgos más significativos fue, justamente, la aparición de poemas inéditos escritos por la propia Maggi. Ese material no sólo enriqueció la construcción narrativa del film, sino que también habilitó una nueva dimensión de lectura sobre su figura: la de una mujer cuya vida no puede reducirse a su condición de víctima.
Representar lo irrepresentable: decisiones estéticas y éticas
Si algo distingue a “Apenas habrá sombras” es su decisión de no limitarse al formato documental tradicional. En lugar de una sucesión de entrevistas, el film incorpora reconstrucciones, escenas performáticas y un trabajo detallado de dirección de arte que busca recrear espacios, objetos y atmósferas.
Esta elección no responde únicamente a una búsqueda estética, sino también a una necesidad narrativa. “No es un documental convencional. Tiene un juego más vinculado a lo performático y a la ficción, y eso exige trabajar con mucha precisión en la información”, señaló.
La reconstrucción de la casa de Coca Maggi es un ejemplo de ese nivel de detalle. El equipo accedió a planos originales, fotografías y descripciones que permitieron reproducir el espacio con fidelidad. Cada elemento, desde el empapelado hasta los objetos cotidianos, fue resultado de una investigación minuciosa.

Pero quizás el desafío más complejo fue la recreación del secuestro. “Teníamos que reconstruir cómo se había dado, con mucha exactitud, a partir de documentos judiciales y material de archivo”, explicó el guionista. En ese punto, la película se mueve en un terreno delicado: representar la violencia sin caer en su espectacularización.
La apuesta, en ese sentido, parece orientarse a generar una experiencia que interpela al espectador desde lo emocional, pero sin perder el anclaje en los hechos. Un equilibrio que no siempre resulta sencillo en el cine sobre memoria.
Memoria activa: del pasado al presente
Más allá de su valor como reconstrucción histórica, el largometraje se propone intervenir en el presente. La referencia a organizaciones como la CNU o la Triple A no aparece sólo como un dato del pasado, sino como parte de una reflexión más amplia sobre las formas de violencia estatal y paraestatal.
“Nos interesa que la película permita pensar ese pasado tan duro, pero también nuestro presente”, afirmó Polleri. Y agregó: “Para sostener el ‘Nunca Más’, necesitamos poder pensar lo que nos pasó como pueblo y lo que nos está pasando hoy”.

En ese sentido, el film dialoga con una preocupación central de las políticas de memoria en la Argentina: cómo transmitir estas historias a las nuevas generaciones. Cómo evitar que nombres como el de Coca Maggi queden reducidos a una placa, a un aula o a una efeméride.
“El cine tiene la posibilidad de alcanzar audiencias amplias y de mantener viva la memoria”, sostuvo el guionista. La afirmación adquiere un peso particular en un contexto donde los discursos negacionistas o relativistas vuelven a emerger en el espacio público.
Una producción colectiva desde la universidad pública
“Apenas habrá sombras” es también el resultado de un trabajo colectivo que involucra a un amplio equipo técnico y artístico, en su mayoría vinculado a la Unmdp. La dirección está a cargo de Diego Ercolano, mientras que el guión y la investigación fueron desarrollados por Federico Polleri junto a Fabián Eloy Monteagudo.
El proyecto demandó más de dos años de trabajo: comenzó a gestarse en 2023, se rodó en 2024 y completó su postproducción en 2025. Durante ese proceso, el film participó en instancias internacionales como el Festival de Guadalajara, donde obtuvo premios para su finalización.
El elenco incluye a Belén Manetta, José Luis Britos, Carla Rossi, Esteban Padín, Alejandro Arcuri, Pablo Guzzo, Antonio Mónaco, Silvia de Urquía y Sofía Costantino, entre otros, además de participaciones especiales de testigos y personas vinculadas a la historia.

Antes de su recorrido por festivales, el documental tendrá dos proyecciones especiales en Mar del Plata. La primera será el viernes 20 de marzo, en el marco del acto institucional por el aniversario del golpe, con una función en el Aula Magna Coca Maggi del complejo universitario. La segunda tendrá lugar el jueves 9 de abril en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium.
Ambas instancias funcionan como una antesala del recorrido que el film buscará en circuitos nacionales e internacionales. Pero, sobre todo, como una oportunidad para que la comunidad local pueda encontrarse con el relato.
Nombrar para no olvidar
En un país donde la memoria es una construcción en disputa, el cine aparece como un espacio privilegiado para volver a nombrar. Para reconstruir historias que fueron silenciadas, fragmentadas o distorsionadas. Para devolverles densidad, complejidad y humanidad.
«Apenas habrá sombras» no sólo recupera el caso de Coca Maggi: lo reinscribe en una trama más amplia, donde pasado y presente se entrelazan. Y donde la pregunta por lo que ocurrió se transforma, inevitablemente, en una pregunta por lo que puede volver a ocurrir.
Porque, como sugirió el propio Polleri, la memoria no es un ejercicio retrospectivo, sino una herramienta para pensar el presente. Y, en ese sentido, el cine, cuando se asume como práctica crítica, puede ser mucho más que un relato: puede ser un acto de memoria activa.
Fuente: Portal Universidad.

