El trasfondo de la actividad no podía ser más actual: ya son 171 días de incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario por parte del gobierno nacional, una ley conquistada con movilizaciones y votada seis veces en el Congreso, pero que el Ejecutivo de Milei sigue ignorando. El resultado es una universidad pública al borde del colapso, con salarios docentes y no docentes por debajo de la línea de indigencia y miles de estudiantes obligados a dejar sus estudios por falta de becas y oportunidades para sostener la cursada. Este Viernes hubo también clases públicas en Plaza de Mayo para visibilizar esta situación.
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Juicio público y alegatos: la voz de quienes sostienen la universidad
La intervención logró romper la normalidad impuesta por los aparatos estudiantiles y el decanato, que hacen campaña electoral sin buscar enfrentar la emergencia en la que está sumida la universidad. Evelyn Cano, estudiante y trabajadora migrante, fue la encargada del alegato principal: “Trabajo ocho horas por día. Viajo una hora y media para venir a cursar. Llego a la facultad cansada y vuelvo a mi casa de noche para al otro día volver a empezar. Y aun así, mi sueldo no me alcanza para llegar a fin de mes. Y sin embargo, sigo viniendo. Porque creo en la universidad pública. Porque sé lo que significa para alguien como yo —trabajadora, migrante— poder estar sentada en esta facultad”.
El juicio simbólico a Adorni no sólo apuntó al incumplimiento de la ley, sino que puso sobre la mesa los escándalos de corrupción que rodean al Jefe de Gabinete: propiedades imposibles de justificar con su salario, préstamos insólitos de jubiladas y viajes al exterior que no puede explicar. «La persona que hoy debería estar garantizando el cumplimiento de una ley —una ley que conquistamos en las calles— es la misma que está involucrada en hechos de corrupción, enriqueciéndose mientras a nosotros nos dicen que no hay recursos. Y eso no es una contradicción menor. Eso es lo que demuestra que no es que no hay plata: hay una decisión política sobre para quién hay plata y para quién no”, denunció Cano.
Un reclamo que interpela a toda la comunidad
La escena impactó en el clima universitario: decenas de estudiantes se paraban a escuchar, sacaban fotos, debatían espontáneamente y dejaban sus mensajes para Adorni. “Te juro que nunca ví algo así en esta facultad”, comentó un estudiante de tercer año, mientras subía una historia del simulacro a Instagram. “Por fin alguien habla de lo que nos pasa: los salarios de los profes, los compañeros que dejan de cursar porque no les da la guita, la falta de becas… Esto no se ve en las campañas de las otras agrupaciones”, agregó otra estudiante. “Esta universidad cada vez tiene menos espacios accesibles para les estudiantes que estudiamos acá, pero se la pasa organizando eventos privados para grandes empresas como Netflix y otras, un negocio redondo que no va a mejoras en nuestra cursada ni a salarios docentes” denució otro joven que también se quedó a participar del juicio.
Los estudiantes de Ceprodh (Centro de Profesionales por los Derechos Humanos) remarcaron que este tipo de acciones son clave para visibilizar la lucha docente y estudiantil, y para romper con la rutina que imponen los aparatos y los decanatos: “No alcanza con señalar al gobierno si quienes conducen nuestras organizaciones no están dispuestos a dar la pelea hasta el final. La Franja Morada que conduce nuestro centro no convoca a luchar. Y los centros conducidos por el peronismo como en FADU tampoco juegan un rol en enfrentar este ajuste. Mientras tanto, nosotros seguimos sosteniendo la universidad como podemos”, se escuchó en otro de los alegatos.
La docencia también tuvo su espacio: “Sin docentes no hay universidad pública. Pero nos quieren ad honorem y con salarios de indigencia. Esta pelea es de todos: estudiantes, docentes y trabajadores. Y solo organizados desde abajo vamos a poder defender lo que es nuestro”, expresó Agustina, la profesora ad honorem que ofició de jueza en el simulacro.
Corrupción, ajuste y la necesidad de organización
La denuncia no se quedó en el ajuste y la falta de presupuesto. También apuntó contra los privilegios de los funcionarios: mientras Adorni y los ministros de Milei se aumentan el sueldo un 123% (más de $8 millones al mes en mayo), los docentes y no docentes apenas sobreviven y el 70% de los asalariados cobra por debajo de la canasta básica. Todo esto, en medio de un escándalo de enriquecimiento ilícito que deja al gobierno cada vez más aislado y cuestionado por la opinión pública. «Lo que se tenía que decir se dijo» es el sentimiento que recorría a los estudiantes que simpatizaron con la actividad.
El simulacro de juicio a Adorni fue mucho más que una puesta en escena: fue una señal de que la universidad pública no está dispuesta a dejarse morir en silencio y que la organización y la lucha siguen vivas, a pesar del silencio cómplice de quienes deberían defenderla. “Si quienes tienen que garantizar nuestros derechos no lo hacen, si quienes gobiernan están más preocupados por sostener sus privilegios que por garantizar el acceso a la educación, entonces nosotros vamos a hacer lo que siempre hicimos: organizarnos, salir a la calle y defender lo que es nuestro”, cerró Cano entre aplausos.
En tiempos de ajuste brutal, falta de presupuesto y corrupción del gobierno, la acción de hoy en Derecho mostró que la universidad pública sigue siendo un terreno de disputa, y que no todo está perdido mientras haya quienes estén dispuestos a romper la normalidad para defenderla.



