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‘Flores particulares’: las memorias de Nora Eckert, mujer trans en el Berlín occidental de los años 70

Berlín de los años 70 es el escenario que hizo posible la vida de Nora Eckert, primero como un hombre gay que se convertía en mujer por las noches y más tarde como una mujer trans que pudo desarrollar una profesión como crítica cultural y trabajar en una editorial desde los 30 años hasta su jubilación.

Nora Eckert. Foto: gentileza.

Estos datos fundan una biografía excepcional en el universo de las personas trans. Berlín occidental era, en el año 1973, cuando Eckert llegó desde Nuremberg, una unidad política independiente, distinta a cualquier otra ciudad donde una persona como ella, intrépida y decidida, podía vivir sin reparos. En el relato que hace Eckert en el libro Flores particulares (traducido por Virginia Maza y editado por Tránsito), no parecen existir obstáculos al momento de pasar de un género al otro.

La autora alemana se ocupa en señalar que no se sintió discriminada por la sociedad de su tiempo. Tal vez hay en su discurso autobiográfico una voluntad de leer el pasado con indulgencia; de hecho, podemos identificar una serie de contradicciones en su texto. En 1975 decide ser hombre durante el día y mujer por las noches.

Los pormenores de sus visitas a las tiendas de ropa para comprarse los atuendos que la convirtieran en la mujer que deseaba ser implican algunas miradas desconfiadas y algunas preguntas sobre el destino de esas prendas, pero no más que eso. Eckert supo desarrollar el descaro y la rapidez al momento de responder a los comentarios insidiosos, un ejercicio propio de las mujeres trans para demoler cualquier intento de descalificar o cuestionar sus acciones.

Sin ningún rasgo masculino

Hay un dato importante al que accedemos gracias a las fotos de la edición realizada por Tránsito. Nora Eckert parecía una mujer sin ningún rasgo masculino y es muy probable que eso la haya ayudado para poder integrarse en la vida profesional y cultural de Berlín sin verse obligada a trabajar de prostituta, el destino de la mayoría de las personas trans durante décadas.

Ella asegura que cuando ingresó a la empresa donde trabajó hasta su jubilación se adaptó a la heterosexualidad y abandonó a sus amigas travestis, con las que había compartido las noches berlinesas cuando era una veinteañera.

Eckert era una persona no binaria antes de tiempo. No solo por esa dualidad de ser hombre de día y mujer de noche, que después se convirtió en mujer de tiempo completo, sino porque nunca quiso someterse a una operación de reasignación de sexo. Asume que no se considera ni hombre ni mujer y que su conversión femenina tenía mucho de fantasía, de personaje inventado para transitar las noches en una ciudad donde los bares gay eran frecuentados por toda clase de gente.

Eckert asegura que la mayoría de los hombres con los que se acostó eran heterosexuales; algo de esa mezcla, de esa apertura sexual de Berlín durante los 70 y 80, también permitía que las personas no se preocuparan por definir su orientación sexual. Se establecía claramente una división entre el asumirse gay y las prácticas, pero en el relato de Eckert no se lee tanto como una represión sino como el deseo de vivir una experiencia que no tiene por qué ser definitiva.

Esa seguridad que fue desarrollando en su andar y su impronta femenina es mostrada como un elemento clave para su adaptación. Eckert no pone mucho el enfoque en el afuera; siente que no fue la mirada de los otros lo que más la condicionó, a diferencia de cualquier otra persona trans o homosexual en cualquier otra ciudad por esa misma época.

Confiesa que nunca fue agredida, que nunca padeció un odio homofóbico; sus dolores fueron los de cualquier ruptura o desplante amoroso, pero no considera que estuvieran ligados a su identidad trans.

La cultura pop de los años 70 es un rasgo cultural que jugó a favor de las mujeres trans berlinesas, según su lectura de esa época. En 1978 ya era posible cambiarse el nombre en el documento y en 1981 se sancionó la ley de identidad de género, conocida como Ley relativa de cambio de nombre y pertenencia sexual en casos particulares. Pero antes de la aparición de esas leyes existió una sociedad que acompañaba los comportamientos y decisiones sexuales desde la práctica cotidiana.

Eckert considera que tener leyes específicas es una forma de discriminar, que la verdadera igualdad va a lograrse cuando las mismas leyes sirvan para todos; de hecho, ella siempre considera que el Estado fue el único que la reprimió, aunque no habla de golpes ni de redadas, algo que ya había terminado cuando ella se instaló en Berlín.

Ser deseada

Desde su condición de mujer siempre se preocupó por ser deseada, casi como una dimensión existencial (“me desean, luego existo” era su lema) y pudo entender que el vínculo con los hombres heterosexuales surge desde un origen desigual; por eso es tan problemático y debe ser replanteado y reconstruido permanentemente.

Nora Eckert saliendo del metro (U-Bahn) en la elegante avenida Kurfürstendamm de Berlín Occidental, alrededor de 1980.

La caracterización que Eckert hace de la mujer trans que es y fue resulta perturbadora para nuestra época. Su biografía no se sustenta en el sufrimiento ni la segregación; por el contrario, su vida está poblada de disfrute: siempre hizo lo que quiso y logró lo que se proponía.

A su vez, no tuvo necesidad de militar ni de reclamar sus derechos y prefirió manejarse estratégicamente y dejarse asimilar por el mundo heterosexual. Su mirada hacia los hombres heterosexuales no es crítica; los desea y los ama y por eso les perdona que sean despiadados, a veces insoportables.

Es una mujer llevada por el deseo que no se diferencia de cualquier otra mujer de su tiempo. Su relato es el de una adaptación exitosa gracias a la conjunción feliz con una ciudad que fue el territorio para que sus fantasías entraran en el realismo más concreto, pero, a su vez, toda su narrativa en primera persona es extremadamente individual: no se reconoce como parte de un colectivo sino como una particularidad sin pertenencia. Una individualidad que consiguió salirse con la suya.

Flores particulares, de Nora Eckert (Tránsito).

Redacción

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