Durante los 80s y 90s, Guadalupe Martínez Uría (51) fue un rostro infaltable en la televisión juvenil. Actuó en Clave de Sol, Pelito y ¡Grande, Pa!, entre otros éxitos adolescentes. En 1995 dio un paso al costado y se casó con Diego Bidner.
Veinte años después, la actriz sobrevuela una luminosa reinvención y, junto a una de sus tres hijos, la cantante Kala Bidner (20), a quien managerea con amor y admiración, protagonizan su primera nota en dúo.
En diálogo con GENTE, madre e hija comparten esta charla en dónde se cruzan pasados, se revelan contrastes y, sobre todo, se celebran los puntos de encuentro. Porque aunque una creció en sets de ficción –y los abandonó 25 años atrás, aunque planea un proyecto de regreso– y la otra lo hizo en estudios de grabación, el arte siempre las unirá como destino.

De la primera nota juntas a los consejos y desafíos
Aseguran que conforman una familia sin filtros. Y es cierto. No hay nada que no puedan decirse. Incluso cuando Guada filtra el backstage al elegir la ropa que iba a lucir en esta producción. «¿Podés creer que entre Kala y Ona –su otra hija mujer; además es madre de Máximo– me censuraron el vestuario?», lanza divertida la momanager. Se refiere específicamente a un vestido vaporoso y en colores pastel que sus hijas le vetaron vía chat, donde no dudaron en sentenciar despiadadas: «¡Parecés un muffin!».
–Esta es la primera vez que dan una entrevista juntas. ¿Qué significa compartir este momento?
Kala: –Para mí es muy especial porque, más allá de ser mi mamá, es una persona increíble con una historia impresionante. Compartir este momento es como unir dos mundos que, aunque parecen distintos, están conectados por el arte.
–Guada, ¿es cierto que preferías dar un paso al costado porque pensabas que era opacarla?
Guadalupe: –Yo siempre sentí que Kala tenía que hacer su camino sin que mi historia interfiriera. Nunca quise que se sintiera en una sombra, porque ella brilla sola. Pero ahora me doy cuenta de que compartir esto suma, no resta. Me emociona verla crecer y ser parte de su recorrido desde otro lugar.
–Guada, creciste en la televisión y hoy acompañás a Kala en la música. ¿Qué ves de tu historia en la de ella y qué diferencias sentís que marcan sus caminos?
Guadalupe: –Veo la pasión, la entrega y esa necesidad de hacer arte todo el tiempo. Pero la gran diferencia es el contexto: cuando yo empecé, la televisión era la única plataforma. Hoy, Kala tiene la posibilidad de construir su carrera con las redes, sin depender de grandes estructuras. Eso le da una libertad que mi generación no tenía.
–Kala, ¿cuál es el consejo de tu mamá que más atesorás en esta carrera? ¿Y en qué sentís que la desafiaste?
Kala: –El mejor consejo que me dio es: “No te creas todo lo bueno ni todo lo malo que digan de vos”. Me ayuda a mantenerme enfocada. Y profesionalmente, que uno tiene que ser responsable y cumplir con los compromisos que tenga.
Lo que más desafié fue su visión de la exposición pública. Ella siempre fue más reservada, mientras que yo, con las redes, tengo otra relación con la visibilidad.

Instintos, prejuicios y aprendizajes: “No te frustres, todo llega”
–Si pudieran viajar en el tiempo y cruzarse entre la Guadalupe de 20 años en el set de Clave de Sol y la Kala de 20 años en un estudio de grabación, ¿qué se dirían mutuamente?
Guadalupe: –A mi versión de 20 le diría que no tenga miedo de frenar un poco, de disfrutar más. Y a la Kala de hoy le diría que confíe en su instinto, que tiene un talento inmenso.
Kala: –A mi yo del futuro le diría: “No te frustres, todo llega”. Y a mi mamá de los 20 le diría: “¡Qué icónica que sos! Pero, por favor, filmá más backstage, que quiero ver todo”.
–¿Hay alguna canción que les recuerde a un momento especial entre ustedes? ¿Cuál sería el soundtrack de su relación?
Kala: –Tan Solo Tú, de Franco De Vita. Sonaba en casa desde que soy chica y siempre me transporta a esos momentos.
Guadalupe: –Si tuviera que pensar en un soundtrack, armaría una playlist con las canciones de Kala. Siento que cada una representa una etapa de su vida y, de alguna manera, también de la nuestra. De hecho, en mi cuenta de Spotify tengo una.

–Si tuvieran que definir su relación en tres palabras, ¿cuáles elegirían y por qué?
Kala: –Códigos, amor y risas. Porque nos entendemos sin hablar, nos queremos un montón y nos reímos de todo.
Guadalupe: –Compañerismo, aprendizaje y admiración.

Una sociedad artística con el arte como disparador: del juego del cambio de roles a anécdotas de backstage
–Las dos crecieron rodeadas de arte y escenarios. ¿Qué es lo que más disfrutan de compartir este universo? ¿Y en qué momento dejan la “sociedad artística” para volver a ser simplemente madre e hija?
Kala: –Lo mejor es que nos entendemos con solo una mirada. Pero cuando estamos en casa, seguimos siendo madre e hija… aunque a veces terminamos hablando de trabajo en la mesa.
Guadalupe: –En casa, sigo siendo la que le recuerda que coma bien y descanse, aunque esté en plena gira o grabación.
–¿Cuál fue el mayor aprendizaje que cada una le dio a la otra en este tiempo de trabajar juntas?
Kala: –Me enseñó a ver lo bueno y lo malo de la industria con ojos más claros.
Guadalupe: –Aprendí a entender cómo funciona el mundo de la música hoy y a soltar un poco el control.

–Si tuvieran que intercambiar roles por un día, Kala actuando en una novela juvenil y Guadalupe cantando en un show en vivo, ¿cómo creen que les iría?
Kala: –¡Me encantaría ese cambio de roles! Actuar en una novela juvenil sería un desafío, pero lo re disfrutaría. Y siento que a mi mamá le iría muy bien cantando, tiene una voz hermosa.
Guadalupe: –Sería divertidísimo. Yo me animaría a cantar, aunque con un poco de miedo. Y estoy segura de que Kala la rompería actuando, tiene carisma y presencia de sobra.

–¿Qué es lo más divertido o inesperado que les pasó trabajando juntas? Alguna anécdota de backstage que todavía recuerden y se rían.
Kala: –Una de las más graciosas fue cuando iba a cantar en el show de Cristian Castro en el Movistar Arena. Tenía un vestido divino, todo pensado… y justo cuando estoy por entrar al escenario, escucho un “crack” atrás.
Siento que algo se rompe, miro a mi mamá y ella me mira con cara de “¿Qué pasó?”. En segundos, sin decir nada, viene y me mete un gancho disimulado para que no se note. Apenas salí del escenario, nos cagamos de la risa.
Guadalupe: –Fue un momento de adrenalina total. Yo pensaba: “No puede ser, justo ahora”. Pero actué rápido, como si nada, y zafamos. Apenas terminó el show, nos miramos y estallamos.

Fotos: Diego García
Retoque fotográfico: Gustavo Ramírez
Video: Ramiro Palais