A los 52 años y con una carrera que lo consagró como una de las grandes figuras de la danza argentina, Hernán Piquín vuelve al escenario porteño con un desafío tan personal como emotivo: un espectáculo inspirado en la música de Soda Stereo. Lejos de ser un simple homenaje, la obra propone contar una historia de amor atravesada por las canciones que marcaron a toda una generación, con el movimiento como único lenguaje y la emoción como motor principal.
“En 2024, finalizando la gira de un espectáculo de tanto por Uruguay, volvíamos en micro para Buenos Aires hablando con Jeremías Pita, que es el hijo de mi representante. Entonces me preguntó qué se me ocurría para el año que seguía. Le dije: «Mirá, la verdad que no tengo idea”… Y bueno, acá estamos”, comienza diciendo -mientras ríe- a Revista GENTE sobre Me veras volver, algunas historias comienzan con una canción.

-¿Y cómo surgió la idea específica de Soda Stereo?
-Empezamos a tirar nombres. El primero fue «Sandro es tango». Después, como ellos son cordobeses, empecé a hablar de la vida de Rodrigo. En un momento él me dice: «¿Y qué onda Soda Stereo?». Pronto me encantó la idea, porque es de mi época. Pero vinieron las dudas: ¿Qué podemos contar? ¿La vida de Cerati? ¿Cómo empezaron a tocar cuando ellos se juntaron? Terminamos la gira, me fui para España y en casa, cuando estaba tranquilo y solo, empecé a escribir y surgió esta historia. Una historia que puede ser la de cualquiera de nosotros que en un recital conoce a una chica y empieza a surgir el amor. Los amigos de ella con los amigos de él y hacen todo lo posible para que estos dos personajes se conozcan y se conecten. Pasan por momentos súper felices, después a ella le toca transcurrir un momento muy difícil y todo el grupo la acompaña. Ya siendo un amor de parejaella, en el final, le deja un regalo super importante que es la vida misma: le deja un hijo, y ahí termina la obra.

-La fe que le tendrás a la puesta, ¡que espoileaste todo la historia!
-(Lanza una carcajada) Muuuuuch fe.
¿Con qué Hernán Piquín se encontrará la gente en este espectáculo?
-Creo que con el mismo de siempre. Cada vez que hago un espectáculo intento todo de mí y busco a los mejores bailarines, para poder contar las historias y para que la gente se involucre con lo que estamos haciendo y lo entienda. Porque es difícil emocionar o contar una historia desde el movimiento sin la palabra. Siempre trato de rodearme de artistas que logren eso con el espectador. Hoy se encuentran con un Hernán Piquín más maduro, de 52 años. Imaginate que son 18 ó 19 canciones en las en 17 estoy todo el tiempo bailando, lo que me sorprende a mí mismo. Soy la misma persona de siempre, súper normal, común y corriente, pero con el privilegio de poder vivir de lo que amo hacer, que es bailar.
-Tu gira incluye ciudades y pueblos por fuera del circuito habitual. ¿Cómo es la recepción allí?
-Al no tener el acceso tan frecuente de ir al teatro, la gente, cuando llega un artista, está con ganas de conocerlo, de verlo, de tocarlo, de sacarse la foto y de hablar.

-Esos lugares incluyen Monte Maíz, así que imagino que vas a sentir de cerca el aroma de tus raíces. ¿Cómo es volver con tu show?
-Hace mucho fui a bailar a Monte Maíz y siempre que armo una gira quiero ir porque es mi hogar: mi vieja es de allí y tengo sangre cordobesa. Vamos a estar el 20 ó 21 de junio. Estoy feliz de volver y poder bailar para mis primos y tíos. Obviamente llevaré a mi vieja, que de paso se va encontrar con su hermana.
-¿Qué recuerdos se te vienen a la mente de la infancia allá?
-Mis viejos nos dejaban a mi hermano y a mí en el campo familiar para descansar de nosotros diez días. Yo tenía siete u ocho años y me iba solo a la heladería del pueblo en bicicleta, y nada pasaba. Volver me trae recuerdos de haber sido un niño adulto, porque podía hacer todo lo que hacían los adultos. Siempre lo recorro, voy a caminar, paso por el cine que había y voy a la heladería que sigue estando.
-Esa es una función familiar, ¡ahí jugás de local!
–Monte Maíz es todo de los Schmidt (el apellido de su madre). Yo iba cada año de vacaciones. A veces mis viejos se levantaban un fin de semana y decían de ir desde Buenos Aires hasta allá. Es a 467 kilómetros de acá, así que salíamos a las cinco de la mañana, almorzábamos y pegábamos la vuelta. El pueblo es hermoso, la gente me conoce y a mi vieja también. Son amigos de cuando éramos chicos para encontrarnos a jugar, y ahora que todos tenemos 50 años, vemos cómo nos pasó la vida.

-¿Y cómo te pasó la vida a vos?
-A mí me pasó feliz y me sigue pasando feliz porque hago lo que amo. No podría en ningún momento hablar de sacrificios ni de cosas feas porque soy un privilegiado de poder vivir de lo que amo hacer. Hoy en día hay mucha gente que estudia y termina haciendo cosas que no les gustan porque no tienen la posibilidad de encontrar laburo de lo que aman. A los cuatro años les dije a mis viejos que quería bailar. Hasta los diez luché, porque me mandaban a natación, tenis, patín y gimnasia deportiva para ver si era vocación o si había visto un programa de televisión. Un psicólogo les dijo: «Hernán tiene vocación. ¿Saben por qué? Porque lo que le pongan por delante lo mueve para enfocarse en el ballet». A los diez años entré al Teatro Colón y ahí fue mágico: conocí la felicidad.
-Qué bueno que te hayan acompañado, porque siempre existieron los prejuicios.
-Totalmente.
-Sin ir más lejos, la noticia de estos días giró en torno a lo que pasó con Valentín Fresno, el bailarín del Colón discriminado en el programa de radio de Beto Casella.
-Le escribí para darle mi apoyo porque es vergonzoso lo que sucedió. Es denigrante. Él estaba hablando de su carrera y de cómo era un día de un bailarín, no de su sexualidad. Es estúpido pensar que porque seas bailarín tenés que ser gay. Hay modelos, actores, camarógrafos… en cualquier ámbito. Me parece absurdo que para insultar o denigrar a una persona uses términos que ya atrasan. Los que tienen un micrófono tienen mucha responsabilidad y lo que hicieron no es responsable.

-En tu caso, ¿te pasó vivir alguna situación similar?
-Por supuesto. A los diez años, en la primaria, yo llegaba directamente del Colón porque los horarios no me daban para ir a casa. Me levantaba a las cinco de la mañana para tomar el tren y tener clase de 7:30 a 11. Salía corriendo para Retiro y llegaba al colegio en Villa de Mayo a las 13. Cuando tocaba el timbre del recreo y salía, al volver tenía mis mallas colgadas con insultos. Yo las descolgaba, las metía en el bolso y no decía nada. Al regresar a casa, mi mamá me preguntaba si era feliz con lo que hacía, y me decía que en eso me tenía que enfocar, que mientras fuera feliz no me tenía que importar lo que dijeran de mí. Eso me hizo fuerte. Yo ni loco quería dejar el Colón, me encantaba.
-Y valió la pena.
–Sí, obvio que valió la pena. De hecho, me encargué de juntar a todos mis compañeros de la primaria y secundaria y de vez en cuando nos encontramos para comer. Siempre sale el tema y me dicen: «Qué hijos de puta que éramos con vos, las cosas que te dijimos y mirá en lo que te transformaste… Mirá qué pelotudos éramos».
-Qué bueno que puedan tomar conciencia y quizás trasladar eso a sus hijos.
-Era otra época. Creo que nuestra generación fue la última que tomó conciencia de las cosas malas que hizo. Ahora ya no importa si lo hiciste mal, ni te piden perdón. Sobre esos comentarios estúpidos recientes en la radio de Beto Casella terminaron pidiendo perdón casi obligados. Disculpas que ni yo ni nadie creyó. No fueron sinceros: lo hicieron porque si no los echaban o nadie los iba a escuchar.
Una vida entre Argentina y España

“Vivo un poco acá y un poco en España. Tengo la ciudadanía, tengo casa y tengo familia. Voy, me instalo allá, estoy un tiempito y descanso. Las giras son muy pesadas porque representa estar todos los días arriba de un autobús en distintos teatros durante seis meses, entonces uno termina medio agotado, y más cuando tenés cierta edad. Me voy a España dos o tres meses a descansar y a desconectar, y después vuelvo para Argentina a seguir la gira o para hacer otro espectáculo”, cuenta Piquín a Revista GENTE.

-¿Y cómo vivís la situación actual de Argentina, comparando con lo que ves afuera?
-España tampoco se encuentra tan bien: está complicada. El presidente de allá (Pedro Sánchez) también es bastante difícil. La gente está muy enojada, nada feliz. Si me preguntás si soy de algún partido político: del que veo que a la gente y al pueblo le hace bien. No me pongo la bandera de nadie, pero hoy en día acá en mi país estoy más del lado del de ahora (Javier Milei), del libertario, porque encuentro un poco mejor a la gente de Argentina. El país está mucho mejor. De afuera hoy en día nos tienen muy bien catalogados. Odio la corrupción, no me gusta para nada. Me gusta la verdad, y en Argentina han pasado tantas cosas que cuando un gobierno demuestra lo que hizo el anterior, duele. Decís: «Mirá qué loco todo lo que se robaron, todo el dinero». ¿Cómo puede ser que tengan tanto dinero cuando ni siquiera pasaron dos años en un cargo? Aunque es muy difícil todo, pero estoy de acuerdo con este gobierno.
-¿Hace cuánto volviste vos al país y cuánto tiempo habías pasado en España?
-Volví en abril del año pasado. En España estuve un año y pico más o menos.

-¿Con qué Argentina te encontraste después de ese tiempo? Más allá de lo político, ¿qué humor social se respira en la calle?
-Ha cambiado absolutamente. Veo a la gente más optimista, con la cabeza más abierta, sin fanatismo. Obviamente hay personas fanáticas, pero las veo como más sabias. Se ha demostrado tanto que la gente ha abierto un poco la cabeza. Me parece que hay un poco más de conciencia, de pensar por uno mismo y no dejarse lavar la cabeza.
Por qué Hernán Piquín apostó a la soltería

-¿Cómo está el corazón a nivel sentimental?
-Tranquilo, muy tranquilo. Estoy solo, soltero y sin ningún apuro. Me encuentro bien, contento y relajado. Tener una pareja a la distancia también es un problema porque si no hay voluntad de las dos partes en encontrarse, se va secando todo. Eso fue lo que pasó con la última: yo viajaba, él no quería volar para Argentina y las veces que vino se volvía rápido. Supongo que la pasaba mejor solo allá en España que conmigo (risas).
-Con tanta gira también es complicado, requiere voluntad.
-Es complicado, pero si las dos personas tienen voluntad, se quieren y se respetan, se puede. Yo creo en las relaciones a distancia. No es un impedimento. Obviamente tenés mucho tiempo solo y algo te puede mover, pero queda en uno dar ese espacio.

-¿Llevás bien la soledad?
-Muy bien. Igual es raro porque, si bien estoy solo de pareja, estoy todo el día rodeado de gente: mis bailarines, productores, mi familia. Además, la danza te hace ser un poco nómade. A los 16 me fui a Londres, a los 17 a París, estuve en San Francisco, en Italia, en España. Esta carrera te enseña a no encariñarte, aunque en cada lugar tengo mejores amigos. Y sí, la danza te hace ser un poco solitario.
Fotos: Gentileza prensa Hernán Piquín
Agradecemos a Pablo Tomaselli



