¿Sabías que en 1920 Chubut era el territorio con más autos de la región? Un estudio de investigadores del CONICET revela cómo fueron esos primeros años donde el motor convivía con los caballos.
Un estudio realizado por los investigadores Marcos Sourrouille y Matías Chávez analiza el impacto de la llegada del automóvil a la Patagonia a principios del siglo XX. El análisis revela que, en sus inicios, el vehículo funcionó más como un símbolo de modernización y presencia estatal que como una herramienta de transporte plenamente eficaz.
Hacia 1920, Chubut se consolidó como el territorio de la Patagonia Central con mayor promedio de vehículos, registrando un automóvil cada 156 habitantes. Esta cifra superaba ampliamente a Río Negro, con uno cada 298, y a Neuquén, con uno cada 1752. Sin embargo, este crecimiento no significó un reemplazo inmediato de la tracción animal, sino que convivió con ella durante décadas debido a las difíciles condiciones del terreno, según explican los especialistas.
Durante la década de 1920, diversas instituciones comenzaron a incorporar vehículos mecánicos para optimizar tareas de control y registro. Según la investigación, la Policía, el Registro Civil y los inspectores de tierras utilizaron el automóvil para recorrer zonas rurales, aunque la transitabilidad dependía estrictamente de la ausencia de lluvias y el estado de las huellas vecinales.
Incluso instituciones religiosas, como las misiones salesianas, sumaron su primer vehículo en 1923, tras años de traslados exclusivos a caballo o mula. Pese a este impulso institucional que buscaba proyectar una imagen de vanguardia, el proceso de adopción fue lento y enfrentó múltiples obstáculos técnicos y económicos.
La investigación destaca que, para el sector privado, poseer un coche era una marca de estatus y prestigio. Aunque los vehículos resultaban poco eficaces frente a los frecuentes desperfectos y el alto costo de mantenimiento, los pobladores valoraban la innovación tecnológica por sobre la utilidad práctica en aquellos años.
En muchos casos, el automóvil no lograba superar los obstáculos del terreno sin ayuda externa. Crónicas de la época y estadísticas oficiales mencionadas por los investigadores indican que, incluso hasta la década de 1940, era común que los autos requirieran del apoyo de animales de tiro para salir de atascos o acceder a parajes remotos. De este modo, el transporte motorizado y el tradicional coexistieron en una transición prolongada en toda la región.



