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«Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico»: los secretos y hallazgos de la docuserie de Netflix que volvió a ser tendencia y estremece al mundo

Desde el escándalo que parece no tener fin tras la desclasificación de los Archivos Epstein, el nombre del magnate financiero volvió a ocupar de forma masiva el centro de la escena. Escrollear, investigar e hipotetizar dentro de los millones de documentos del caso que dio a conocer el Departamento de Justicia de Estados Unidos ya no sólo es la obsesión de investigadores y periodistas, las redes sociales continúan alimentándose de las teorías conspirativas que los documentos invitan a hilar.

Desde por qué le interesaban a Jeffrey Epstein (1953-2019) los posibles «viajes en el tiempo» y su búsqueda de prolongar su vida gracias a la ciencia, hasta qué tan surreal es que hayan usado adrenocromo (un compuesto que se forma por la oxidación de la adrenalina) en rituales satánicos.

Ghislaine Maxwell, mano derecha de Epstein, junto a Melania y Donald Trump. Mientras ayer lunes se escudó en la Quinta Enmienda para evitar declarar, su abogado lo dijo clarito: estaría dispuesta a despejar «dudas» acerca del vínculo del presidente norteamericano y su otrora jefe si se le concede inmunidad.

En una era en la que es difícil dilucidar qué es verdadero y qué es fake, al parecer Epstein sembró el terreno para que se hable más de conspiranoias sin fundamento que acerca de las verdaderas investigaciones que iluminan la verdad de las víctimas. Recordemos que su impunidad le permitió intercambiar vía mail lo que pensaba en relación a las aberraciones con menores por las que lo inculpaban comparando sus delitos sexuales con «casos mucho más graves».

Para resaltar la supuesta falta de gravedad de sus actos, el financista comparó su situación con el «caso Harley», donde un hombre trataba a niñas como «esclavas sexuales» -un término que en realidad usaron sus propias denunciantes-, les daba teléfonos para estar «disponibles para el servicio» y las obligaba a tatuarse su nombre y sus «autos y caballos favoritos» como una forma de marcarlas como «su propiedad».

De lo que se habla poco: las víctimas y sobrevivientes. La docuserie les da un espacio central en la investigación.

De la impunidad que negocia Maxwell al rebote que el interés del caso tiene en Netflix

Mientras Ghislaine Maxwell intenta negociar impunidad a cambio de hablar (su abogado dijo que «tanto el presidente Trump como el presidente Clinton son inocentes de cualquier delito»), la elite mundial revisa los rastros que dejaron en el camino y continúa pendiente a las alertas de Google que puedan darles aviso de una noticia que los menciona.

En medio de todo esto y mientras Argentina aparece mencionada más de 850 veces en los correos electrónicos del financista y depredador sexual (desde una transferencia por 500 dólares a Roberto Giordano, a viejos intercambios con su equipo en el que analizan cómo en 2018 el país «estaba de fiesta» bajo la gestión de Macri y, además, se encontraba lleno de «chicas guapas» –tal como dice Epstein–), la magnitud del escándalo tuvo su rebote de interés en Netflix.

Asquerosamente rico, el documental de Lisa Bryant, explora el escándalo que involucró a figuras prominentes del mundo empresarial y del espectáculo, incluyendo a Donald Trump.

El documental que investigó y profundizó en el caso, hoy en medio del spotlight

En las últimas semanas, la docuserie de la plataforma de streaming Asquerosamente rico (Filthy Rich, 2020) reapareció en el mapa y volvió a escalar posiciones hasta consolidarse firmemente en el Top 10 de lo más visto en el país. La producción ofrece durante cuatro episodios una mirada documentada y profunda sobre el entramado de poder, dinero y abusos que operó bajo un manto de impunidad durante décadas.

El documental investiga el caso a fondo; de hecho arranca por la punta del ovillo: el intento de nota de Vicky Ward para Vanity Fair. El editor Graydon Carter le encargó escribir una historia sobre un magnate muy poderoso que era conocido por recibir a amigos como Bill Clinton, el príncipe Andrés y Kevin Spacey, alguien del que escuchaba mucho pero se sabía poco: Jeffrey Epstein.

Epstein inicialmente fue condenado en 2008 por delitos relacionados con prostitución de menores, con una pena leve de 13 meses, y luego arrestado por cargos de tráfico de menores en 2019. Poco después apareció ahorcado en su celda del Centro Correccional Metropolitano de Nueva York.

Cuando Ward empezó a averiguar, dio con la historia de las hermanas Maria y Annie Farmer, quienes en 2003 le contaron que habían sido víctimas de abuso sexual e intento de reclutamiento por parte de Epstein y Maxwell a fines de los años 90 y principios de los 2000. Sin embargo, según señaló Ward, «Epstein convenció al editor Carter de no incluir las denuncias de las hermanas».

«Ghislaine Maxwell es posiblemente la mujer más odiada del mundo. Y yo la conocí”, dijo más tarde la periodista británica en su podcast. Allí precisó cómo Epstein la amenazó: «Tengo informes aquí sobre usted, su esposo; tengo todo lo bajo el sol que me enviaron personas que quieren ser útiles». ¿El título final de la historia? «El talentoso Sr. Epstein».

El «lavado» artículo que le publicaron a Ward terminó en un perfil benévolo que contaba cómo había sido su carrera financiera.

Durante los años siguientes comenzaron a salir a la luz los hechos sobre el abuso de menores por parte de Epstein. En 2011 y con el caso ya público, volvió a escribir acerca del magnate pero la edición metió la cola una vez más: «Omitieron el sexo extraño y se centraron en el intrigante misterio financiero».

Giuffre, la víctima que fue clave

En 2015, la saga de Epstein entró en una nueva fase. Una mujer llamada Virginia Roberts Giuffre presentó una demanda federal contra Epstein, alegando que había sido víctima de abuso sexual y tráfico de personas por parte de él, con la ayuda de Maxwell.

Giuffre aseguró que el príncipe Andrés se comportó como si tener relaciones sexuales con ella, entonces menor de 18 años, fuera un “derecho de nacimiento». Según relató, los encuentros ocurrieron en tres ocasiones distintas, incluyendo una noche en la casa londinense de la socia y exnovia de Epstein, y otra con el magnate y aproximadamente otras ocho jóvenes.

En la foto y bajo la atenta mirada de Ghislaine Maxwell, el príncipe Andrés abrazando a Virginia Giuffre.

El relato de Giuffre detalló la manipulación sistemática de Epstein y Maxwell: el príncipe supuestamente adivinó su edad en marzo de 2001, comentó que sus hijas eran un poco más jóvenes, y luego la acompañó al exclusivo club Tramp, donde “era un bailarín torpe y sudaba profusamente”, antes de regresar a la mansión de Maxwell.

“Él se mostraba bastante amigable, pero aún así sentía como si tener sexo conmigo era su derecho de nacimiento”, escribió Giuffre en sus memorias póstumas. Al día siguiente, Maxwell la felicitó: “Lo hiciste bien. El príncipe se divirtió”. La víctima se suicidó el 25 de abril de 2025 en Australia.

La red de facilitadores: más allá del nombre de Epstein

Si bien Epstein aparece como el eje operativo y financiero de «Lolita Express», la investigación profundiza en cómo creó una red de facilitadores que permitió que sus actividades se extendieran por décadas. Y claro que en ese entramado, la figura de Ghislaine Maxwell –hoy transitando una condena a 20 años en una prisión de Texas– cumplía el papel de facilitadora principal y pieza central en el reclutamiento de las víctimas.

La docuserie no se limita a señalar nombres, sino que utiliza material de archivo, grabaciones judiciales y declaraciones públicas para reconstruir el sistema de manipulación y coerción repetido sistemáticamente. Y documenta cómo el movimiento #MeToo y juicios posteriores permitieron que las sobrevivientes rompieran el silencio sobre una trama que involucró a figuras influyentes y culminó con la muerte de Epstein en 2019.

Epstein enfrentó a cargos de tráfico sexual antes de morir en la cárcel en 2019.

Secretos en el aire y en tierra firme: vuelos y mansiones

Entre los secretos que salen a la luz, se destacan los archivos de vuelos y registros de propiedad, que funcionan como pruebas paralelas a los desgarradores testimonios de las sobrevivientes. La producción explora cómo propiedades privadas, residencias de lujo y vuelos en aviones privados fueron utilizados como espacios para la comisión de los delitos denunciados.

Incluso se muestran grabaciones y archivos que habían sido poco difundidos previamente, lo que ofrece una imagen más que gráfica de los encuentros y relaciones públicas que antes resultaban ambiguas. Recordemos que la serie es de 2020, cinco años antes de la aprobación de la Ley de Transparencia de Archivos de Epstein que exigió la publicación de documentos no clasificados.

Vista aérea de la isla Little St. James, en el Caribe.

El testimonio de las víctimas: el corazón del relato

Asquerosamente rico pone en el centro a las sobrevivientes de abuso sexual y judicial y desnuda las prácticas de manipulación a las que fueron sometidas cientos de víctimas que se consideraron a sí mismas, tal como señaló Giuffre, «esclavas sexuales».

Captadas con la promesa de trabajo o de facilitarles el acceso a estudios, dentro de la red conocida como “Lolita Express” eran subidas a vuelos y, en medio de entornos soñados, descubrían que formaban parte de una suerte de harén a disposición de los deseos pedófilos del magnate. Y, por supuesto, pensaban que tampoco valía la pena hablar: que nadie iba a escucharlas.

El activismo de las sobrevivientes de Epstein fue clave para que, a mediados de noviembre pasado, el Senado de EE.UU. aprobara por unanimidad la Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein.

Redacción

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